16 de abril de 2014

LA CRUCIFIXION EN LUNFARDO







   Para esta Pascua de Resurrección, la cristiandad celebra con toda la pompa después del clásico recogimiento, aquel milagroso acontecimiento emergente del sacrificio de Jesús.
   Rondan por el mundo mil expresiones distintas de abordar el drama de la crucifixión, pero ninguno -y esta es una apreciación netamente personal- tan fuerte y tierno como su versión lunfarda, más aún por tratarse de la creación de un cordobés no tan conocido como pudiera suponerse.
   Dimas, el buen ladrón, crucificado a la derecha de Jesús, era galileo y dueño de una posada.
   Asaltaba a los ricos para favorecer a los pobres y aún siendo ladrón, se parecía a Tobías, pues solía dar sepultura a los muertos, saqueaba a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era sacerdotisa del santuario, y sustrajo el depósito secreto colocado por Salomón.
   Gestas, el mal ladrón, a la izquierda de Jesús, solía con su espada matar a  viajeros, y a otros los dejaba desnudos y colgaba a las mujeres de los tobillos cabeza abajo para cortarles después los pechos, y tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles; nunca conoció a Dios; no obedecía a las leyes y venía ejecutando tales acciones, violento como era, desde el principio de su vida.
   Ya en nuestros tiempos, Enrique Otero Pizarro fue abogado, juez, educador, ministro y también pintor, poeta y boxeador.
   Su obra literaria no es abundante. Escribió cuentos, teatro y poesía. En Buenos Aires, en 1967, se estrenó su drama “El proceso de Don Juan”.
    Enrique Otero Pizarro, que había nacido en Córdoba allá por 1915, fue un atildado sonetista, parafraseó a Lope de Vega y abordó temas tan delicados y hondos como el de ciertos pasajes bíblicos que se refieren a Jesucristo, cuya desacralización no resulta para nada irreverente, aunque sí grotesca por la conjunción de gracia y patetismo que alcanza especialmente con la utilización del lunfardo.
   Acostumbraba a firmar sus sonetos, que quedaron inéditos, con el seudónimo de Lope de Boedo.
   Precisamente de la brillante antología que elaborara Luis Alposte, es para recordar esta magnífica pieza de Otero Pizarro que don Edmundo Rivero me regaló de su puño y letra, en ocasión de una nota que décadas atrás le realizara para La Voz del Interior en una de sus visitas a Córdoba.

DOS LADRONES

Hay tres cruces y tres crucificados.
En la más alta, al diome, el Nazareno.
En la de un guin lloraba el chorro bueno
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo, dientes apretados
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio y destilaba su veneno
con el rechifle de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? ¡¡Dale!! ¡¡Bajate!!
¿Sos el rey de los moishes? ¡¡Arranyate!!
¿Por qué no te bajás? ¡¡Dale, che guiso !!

Jesus ni se mosquió. ¡ Minga de bola !
y le dijo al buen chorro estate piola
que hoy zarparás conmigo al Paraiso.

   Como se advierte, de ninguna manera se puede tomar como una expresión ofensiva la utilización de un lenguaje marginal para un tema de tamaña sacralidad en la historia del cristianismo, sino más bien que es una manifestación del decir popular abordada con el debido respeto.
   Es preferible, siempre, recordar la veracidad de la historia en una reivindicación de la memoria, sin que mucho importe la manera de hacerlo porque en definitiva se hace.
   No hay peor y más cruel desmemoria que el olvido.
Gonio Ferrari


 

  

15 de abril de 2014

UNA PROVINCIA ENDEUDADA, LOS COMPROMISOS Y ESA ENFERMIZA DESESPERACION POR RECAUDAR


Desde tiempo atrás, casi remontándonos al primer gobierno provincial del PJ luego de la recuperación de la democracia, ha sido ímproba la tarea de la oposición y de otros sectores de la sociedad alejados de la política, por conocer cifras honestas acerca del endeudamiento del Estado cordobés.
Imposible saber actualmente los números de lo que se debe y no es cuestión de andar averiguando con demasiada profundidad porque nos encontraríamos con cientos de situaciones que a lo mejor son legales, pero demuestran de qué desaprensiva manera se dilapidan los dineros que mediante tributos, tasas, impuestos o como les quieran llamar, aporta la sociedad.
Una sociedad que está harta de reclamar por servicios que se cobran y no se prestan, por una seguridad que se paga pero no existe, por una salud comunitaria plagada de falencias, por una educación que no llega nunca a cumplir con el calendario escolar, con caminos que no se tienden, con viviendas que cuando se construyen al poco tiempo se caen a pedazos, con una justicia pachorrienta por falta de equipamiento tecnológico … y es posible seguir hasta casi el infinito.
Pero Córdoba se endeuda con obras y gastos tan inoportunos como innecesarios, verdaderas ofensas al ausente sentido de las prioridades que luce la mayoría de los más encumbrados funcionarios.
Tenemos un faro sin mar, puentes sin ríos, carnavales que pretendieron inyectarnos una alegría de utilería, la penosa e inhumana postergación del pago de jubilaciones, una vergüenza nacional con lo que se pretende esconder el estallido financiero de la Caja y los desmanejos partidistas que la llevaron a tal estado de calamidad; las elevadas cifras que se erogan en innecesaria publicidad mediática que solo persigue instalar al gobernador en una delirante aventura presidencialista, como si pudiera arreglar el país dejando a Córdoba en su actual estado de postración.
Es más simple, barato y demagógico echarle la culpa a la Nación que pensar con inteligencia y ponerse a trabajar para ver cómo ahorrar o no malgastar.
Entonces cuando llega la tormenta del reclamo social que es imposible responder con obras y gestión, se apela a todo lo que pueda servir para recaudar, en lugar de racionalizar el gasto, dejarse de meter gente para que no haga nada pagando favores, y seguir diciendo que son los mejores, declamaciones que surgen desde el pantano del propio fracaso.
Remitir al policíaco Veraz casi 100 mil multas de la policía Caminera -muchas dudosas e inventadas- es una coacción sin precedentes, porque supone el barato escrache contra quienes son sancionados por la ley, virtualmente sin posibilidades de defenderse, por parte de un gobierno que necesita con desesperación equilibrar sus números.
Promediando el alevoso costo de las multas y haciendo un promedio de 3.000 pesos, recaudarían más de 300 millones para achicar los miles de millones que se deben y se me hace que se trata de una experiencia piloto para “ir por más” con otros tributos.
No se dan cuenta quienes gobiernan que el pueblo ya cansado de promesas y de ver que en casi 15 años de justicialismo vamos para atrás, es remiso a tributar porque advierte que esos dineros que para muchas familias significa un sacrificio aportar, no se ven en lo que debieran recibir por parte del Estado.
Es una callada y no estructural rebelión fiscal, nacida de la desesperación y la carencia frente al prepotente atropello de las políticas recaudatorias apoyadas en la extorsión, a las que ni siquiera apelaban los desgobiernos de facto.
Las inhabilitaciones comerciales y de otras operaciones, emergentes de la inclusión de deudores fiscales en el Veraz, le pueden resultar demasiado caras a la Provincia no tan solo por las derivaciones judiciales que pudieran tener, sino por el estilo patoteril -en lo administrativo- de cobrarle a la gente por beneficios que no recibe.
Parte de los temores del delasotismo y de la mala dirigencia del PJ en general, está en la posibilidad de un cambio en el signo político que gobierna a Córdoba.
Cualquier otro que llegue y si no hay trenzas mediante que consagren la impunidad, naturalmente lo primero que hará será investigar.
Y Bouwer resultará insuficiente.

Gonio Ferrari

13 de abril de 2014

SLB-130414-METAMORFOSIS DE MOYANO-SE ACABÓ LA SATURACIÓN- ABAJO EL PUCHO Y ARRIBA EL PORRO- LA MEGACAUSA- ESTADO CONFISCADOR- BACHEO Y LUCES- EL RESPETO EN LAS REDES SOCIALES-etc



Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del domingo 13-04-14 por AM580 Radio Universidad de Córdoba.




LA METAMORFOSIS DE MOYANO 
   El poder y su elenco estable de aplaudidores se lanzaron a descalificar y minimizar el análisis del paro que este último jueves mostrara elevada adhesión, aunque eso se atribuya a la falta generalizada de transporte, lo que en cierta medida es verdad.
   Lo que es una incoherencia, que ese mismo poder ahora con la sartén por el mango, cuestione una modalidad que la columna vertebral del justicialismo, que es el movimiento obrero, utilizara en muchos casos con salvajismo en tiempos de ser oposición.
   También el mismo poder, atacado de selectiva amnesia, olvida que los mismos personajes que lo enfrentaron con esta medida de fuerza, eran los que al ser solapada parte del gobierno, bloqueaban puertas de fábricas, impedían la salida de diarios y caotizaban el derecho constitucional de la libre circulación tanto de vehículos como de ciudadanos a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional.
   Eran aquellos tiempos en que apareciera el milagro de ver al camionero como rubio de ojos claros, baluarte de la oposición a las “corpo”, la Sociedad Rural, el campo, los caceroleros, la concentración mediática y toda aquella manifestación que no comulgara con los postulados del modelo nacional y popular.
   Moyano se arriesgó a programar la paralización en un día jueves, porque hacerlo el viernes lo transformaría en “paro matero” y comienzo de un largo, atractivo y tentador fin de semana.
   El bueno de Capitanich, que pese a su autobombo de sostener que gobernó su provincia con más del 60 por ciento de adhesión popular, no pudo o no supo superar las condiciones infrazoológicas de los famélicos del Chaco.
   Fue ese ministro fanático de la muletilla “en ese contexto”  quien descargó en la debilidad y el ganado desprestigio de Barrionuevo, el peso mayor de la convocatoria a dejar de trabajar por un día.
   Fue también este superministro quien lanzó la imaginativa calificación que el paro general fue solo un gran piquete, desoyendo la señal color anaranjado de alarma, pacífico grito de la sociedad que está harta de inflación, despojo a los trabajadores con el impuesto a las ganancias, inseguridad, corrupción, inacción, justicia caprichosa, devaluación del haber jubilatorio, ajustes por doquier y crecimiento de la desocupación, entre todos los tantos males que afligen al país y a su gente.
   Pocos son los que salen a la calle para agradecer, reconocer y valorar los aciertos cuando los hay.
    Y cuando Moyano pasó a ser oposición, se transformó de buenas a primeras -dejando de lado esa maravilla de la “inclusión”- en un peyorativo y discriminatorio “negro protestón” que solo persigue fines políticos, como si la conducción sindical argentina en los últimos tiempos no utilizara la defensa de los derechos laborales como plataforma para sus apetencias personales.
   Es probable, si evaluamos la situación con sinceridad y sin falsas pasiones, que la incidencia de la falta de transporte haya sido determinante en el ausentismo.
    Si no pasamos por alto que los piquetes que actuaron lo hicieron en nombre y bajo las banderas de una izquierda que no sintoniza la frecuencia ideológica del gobierno, caemos en cuenta que además, no hubo convocatoria a concentraciones masivas que terminan, siempre, siempre, con un gastado discurso de barricada que los dirigentes tienen incorporado en el alma con el papel corbónico de su reiteración.
   Si se me permite apelar a la súper síntesis, este paro general fue algo así como un silencioso cacerolazo sin ollas.


 


¿SE ACABÓ LA SATURACIÓN?

   El malestar social y las estadísticas convencieron finalmente a las autoridades provinciales que la seguridad continuaba en un pronunciado tobogán, y no por culpa de los medios que difunden los hechos, sino por la falta de prevención que alimenta su reiteración.
   Y con rapidez de reflejos -una rapidez mentirosa porque fue pos mortem- lanzaron la policía a las calles, se hicieron ver en los puentes y se apostaron en puntos críticos con despliegues de vehículos y balizas.
   Lo de los puentes, por una lógica puramente numérica, duró dos o tres días, hasta que colmaron los corralones y otros depósitos, con motocicletas flojas de papeles.
   Pero la cantidad y gravedad de hechos delictivos no ha disminuido, o al menos que algo se note en la actitud de la gente, que sigue siendo temerosa de andar por la calle no tan solo en donde la policía dice que son zonas rojas, sino en cualquier punto de la ciudad.
   Poco se ha sabido de procedimientos antidroga, o al menos a los medios no llegaron noticias, cuando la droga es la madre de por lo menos la mitad de los hechos delictivos que se siguen perpetrando como si la policía no existiera, al punto que se registran hechos a pocos metros de asentamientos policiales.
   Por unos días hubo exceso de policías y ahora es como si hubieran regresado a guardarse en sus destinos.
   Esta no es una expresión del clásico gataflorismo nacional, sino el reflejo de una realidad que nos sigue provocando angustias y pesares.
   La policía tiene la obligación de estar siempre, siempre en las calles, casi como parte del mobiliario urbano porque es la presencia lo que aleja a los delincuentes, a diferencia de la política actual de saltar de un sitio a otro pretendiendo ganar por sorpresa, a un hampa que tiene demasiado tiempo para cuidarse hacia adentro.
   La policía operativa enclaustrada en las comisarías no sirve, como tampoco sirven los patrulleros quietos.
   Ya vimos lo que es la saturación, en la que la mayoría se transforma en sospechosa.
   La policía ya tiene todo: personal, patrulleros, armas, balas, nafta, comunicaciones, sueldos dignos y toda la tecnología necesaria, como para dejarse de perder tiempo en marketing y anuncios.
   Porque el tiempo que ellos pierden, se transforma en la vida o en la muerte de la gente.
 
ABAJO EL PUCHO Y ARRIBA EL PORRO

   El Indec ha dado a conocer cifras elocuentes con relación al consumo de tabaco y de marihuana en el país, con cifras que mueven a reflexiones y análisis más allá de las especulaciones políticas que se puedan elaborar.
   En los últimos años se ha reducido la cantidad de fumadores y estadísticamente ha trepado sensiblemente el consumo de marihuana, hasta el punto que hoy casi un 25 por ciento de chicos secundarios han fumado un porro, contra el 16 por ciento que lo hacía en el año 2007.
   Algunos atribuyen esta realidad a las campañas contra el cigarrillo y la nueva percepción existente en la sociedad con relación al cannabis.
   Los técnicos tienen mil argumentos para intentar una explicación con respecto al tema, pero se me ocurre que mucho tienen que ver en esto los controles que se instrumentan para hacer cumplir las prohibiciones existentes.
   El tabaco está cercado publicitariamente al igual, pero en menor medida, que el alcohol cuando entra en el campo de las prohibiciones.
   La droga en general no, porque indirectamente la está publicitando la llamativa ausencia de lucha contra su consumo, que se hace de manera selectiva como si protegiera a algunos con la desgracia de otros, y en esto me refiero a los narcotraficantes.
   No es poca la impunidad impuesta por el terror, el dinero y el propio vicio, que beneficia a los comerciantes del terror que se dan el costoso lujo de codearse con las corruptas autoridades y la Justicia comprometida en su negocio.
   Antes que nada, sería prudente y aconsejable limpiar por completo y sin ocultamientos, amiguismos ni relaciones, a los malos policías, a los deshonestos del campo judicial y a los distribuidores, porque bien sabemos que en estos tres niveles la información acerca de sus identidades no es poca.
   Apresando a los responsables del menudeo o a esas víctimas que son al fin los consumidores, nada serio se conseguirá.
   No todo está perdido, en la confianza que en esta lucha sórdida y tremenda, el triunfo será de la honestidad y del sentido común.
   Porque ninguna sociedad es tan imbécil como para caminar a sabiendas que tiene un destino de precipicio.

LA MEGACAUSA NO TERMINÓ

   El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación determinando que una persona no puede estar en prisión preventiva sin condena previa y firme, no hizo más que ratificar lo que nuestra Constitución y los Tratados Internacionales establecen como norma a seguir, representando un llamado de atención a la postura judicial cordobesa acerca de esta delicada cuestión.
   El fallo provocó cierta conmoción en el partido oficialista, que en tiempo récord salió a proponer un proyecto para ser rápidamente debatido en la Unicameral, por el cual se modificaría el Código Procesal Penal de la Provincia con vistas a incorporar nuevas causales para la detención preventiva, manifestando el presidente del bloque estar convencido de la conveniencia del proyecto.
   Destacados penalistas se han pronunciado por la inconstitucionalidad de lo propuesto, que viola la Declaración Interamericana de Derechos Humanos y va en contra de la obligación de los magistrados de responder a la ley y a la Constitución.
   El presidente del Colegio de Abogados de Córdoba expresó que no debería existir una modificación en un código de la materia, sin que tengan participación los Colegios de Abogados y las facultades de Derecho.
   Una investigación realizada en  2012 por el INECIP sobre el manejo de la prisión preventiva en distintas provincias, destacó lo inexplicable que resulta en Córdoba el hecho de que el acusador, que es el fiscal, sea quien también dicta la prisión preventiva, y sólo frente a la oposición de la defensa, un juez intervenga para verificar si la decisión es acertada, llamando a esto un equívoco de la norma procesal.
   También aclaró que existen muchas medidas alternativas para asegurar los fines del proceso, siendo la prisión preventiva la última y más grave.
   En este apurado y "acomodado" proyecto no se propone debatir sobre otras medidas que puedan garantizar los derechos de todos, sobre los tiempos de las investigaciones o sobre un plazo razonable para la prisión preventiva, que, en el caso de la causa Registro, se extendió por casi tres años sin juicio en la mayoría de los casos.
   Es claro que una discusión tan importante no puede consumarse con apuros ni entre gallos y medianoche, porque debe realizarse dentro del marco de la ley y en el seno de las instituciones idóneas para ello, como única manera de garantizar que los beneficiados sean realmente los ciudadanos.
   Y que el fin no sean el lucro político ni el partidista.

HAY QUE IR AL SUPERMERCADO

   El imaginario popular, tan variado como certero, suele proponerse lo ideal que sería el manejo de la economía nacional por parte de una simple y llana ama de casa, cabal conocedora de la realidad cotidiana y hábil manejadora de los números hogareños.
   Pero la política y las malas costumbres imponen otro estilo y los gobiernos se inclinan por los tecnócratas, sabihondos a veces graduados en importantes universidades extranjeras, que con el correr del tiempo vienen a recalar por estas pampas ávidas de conducción hacia la grandeza, aunque esos técnicos por lo general nos han llevado a indeseados abismos.
   Martinez de Hoz, Cavallo, Rodrigo y tantos otros sabían una enormidad según se decía, pero con ellos y con todos los demás, en general nos fue como el tugget y así estamos, sobremuriendo en esta ridícula certeza de contabilizar tantos pobres y decaída clase media en un país inmensamente rico.
   Ahora, los vientos modernosos que soplan los setentosos optaron por una conducción K-marxista de nuestra economía, a lo mejor por eso que suponían el conocimiento de la realidad no por estudios sino por calle, por asfalto, por experiencias vivenciales más que por las aulas y las bibliotecas.
   Nuestra actualidad económica no es floreciente, la desocupación se oculta ahora como hasta hace poco la inflación hasta que reventó, la desindustrialización es patente, las automotrices han empezado a suspender gente, Fadea -por ejemplo- es un monstruo que fue laborioso modelo y ahora no fabrica ni un tornillo, la demanda bajó a niveles alarmantes, la inflación ya le viene mordiendo el traste a las paritarias y otros asuntitos poco gratos que conforman nuestra sufrida cotidianeidad nacional.
   De las cosas buenas que se hicieron, aunque no sean tantas, no hay que hablar porque el gobierno tiene la obligación de hacerlas sin esperar que lo aplaudan, porque para eso lo votaron.
   Pero si el manejo de la economía, desde la postura macro hasta la micro-hogareña está manejada por quien dice haber comprado a buen precio una docena de tomates, estamos en el horno y por eso no extrañaría que pidiera cotización de los huevos por kilo y los tallarines por metro.
   Más allá de lo risueño y casi tierno de la anécdota, subyace lo patético e impresentable de alguien que diciéndose técnico, ha perdido el rumbo y ni siquiera sabe a qué destino nos va a conducir.
   Y para quienes se enojen por esto, recuerden otra vez a Perón: “La única verdad es la realidad”.

EL ESTADO CONFISCADOR

   Entre aportes jubilatorios, obra social y gravamen a las ganancias si cobra más del mínimo no imponible, el empleado debe resignar pagando tributos, más del 40 por ciento de su sueldo.
   Parece cosa de locos, pero no son pocos los trabajadores que están rogando no superar el límite para tributar ganancias, porque esa obligación les costará más de lo que se consiga penosamente en paritarias.
   Rezan para que no les aumenten, pero de todas maneras tampoco ansían con una buena jubilación, porque en este reino del ridículo, a los ya retirados les confiscan el impuesto a las ganancias, como si lo que cobran fuera tal.
   El día en que se sinceren de manera integral las grises relaciones entre el Estado y sus dependientes, puede que podamos crecer en seriedad y en honestidad.
   Pero mientras el Estado busca aplausos por haber aumentado los sueldos, se queja cuando lo acusan por su voracidad fiscal que no siempre es un retorno en servicios y otras obligaciones existentes con la ciudadanía.
   Es para suponer que de ninguna manera esto tiene algo que ver con la acusación judicial que pesa sobre el titular de la Afip, don Ricardo Echegaray.
   Dicen que por lo fulminante y vertiginoso crecimiento de su patrimonio, debe responder en Tribunales por supuesto enriquecimiento ilícito.
   Al ser solo un empleado estatal, ¿será para tanto?

EL BACHEO Y MAS LUCES

   Cualquier señora demasiado maltratada por el rigor de                                                                               los almanaques, y últimamente muchos señores también, recurren al bisturí quienes pueden, al maquillaje los menos afortunados y a la resignación la enorme mayoría.
   Y como los cordobeses para nada somos resignados, nosotros y ellas, todos, venimos optando por las otras dos alternativas y en mínima medida a la última.
   La cirugía mayor es con las cloacas que se hacen aunque no se vean y otras obras que van bajo tierra y el maquillaje son las flores y los canteros en las plazas, el borrado de paredes ensuciadas, la pintura de señales en las calles y otras obras que pueden considerarse menores aunque necesarias.
   Dentro de ellas, asimismo, debemos ubicar el bacheo que siempre es culpa de las lluvias aunque haya otros factores que deterioran el piso, y la iluminación que es como cuando las mujeres se pintan los ojos para seducir.
   Los únicos que prefieren seducir con las tinieblas son los ladrones, porque incluso los románticos preferimos la media luz, el foquito único en la cuadra o la complicidad de los apagones de la EPEC.
   Casi olvidaba a los otros, los resignados.
   Los que esperan que mejore en serio el transporte con los últimos cambios, los que claman por ver que los empleados municipales están para servir por encima de sus caprichos, los que quieren volver a sentir que el Hospital de Urgencias es ejemplo a seguir, los que padecen el caos irremediable del tránsito y la ilegal ocupación de la peatonal.
   Tomada en serio la situación, si lo que vemos con el bacheo y las cloacas es un comienzo, bien vale el aplauso aunque sería preferible, cuando todo se logre si se logra, la más estruendosa ovación.

RESPETO EN LAS REDES SOCIALES

   Las redes sociales son un formidable mecanismo para relacionarse, conocerse, pelearse, debatir, enamorarse, reencontrarse o alejarse.
   Pero cuando es vehículo de insultos y descalificaciones, deja de ser útil para transformarse en un elemento cercano al ejercicio del masoquismo.
   Las redes sociales no son el reino del anonimato aunque algunos vivillos fabrican identidades a través de las cuales atacan, disocian, insultan y ofenden de mil maneras.
   Para eso existe el mecanismo del bloqueo, cuando alguno de sus integrantes cree que puede impunemente insultar, ser torpe y grosero, pretendiendo disfrazar esas bajas actitudes en el democrático ejercicio de la crítica.
   Como no es así, es bueno en casos como estos bloquear a quien ofende, sin explicaciones porque quien ofende ya lo sabe, esperando un formal pedido de disculpas quew amerite el retomar la relación.
   Mientras no exista la hombría y la humildad de reconocer errores, quien ofende no merece, ni por asomo, una segunda oportunidad de usar tu muro para expresarse cuando en el de él no lo lee nadie.
   De estos casos, por lo que conozco, hay cientos.
   Y si pretendemos que nuestra sociedad crezca y madure con respeto, es una estupidez que esto siga ocurriendo.



11 de abril de 2014

Moyano, el camionero ------ DE RUBIO OJOS AZULES A “NEGRO PROTESTÓN”


La metamorfosis desde ser funcional al poder,
a una posición combativa, firme y contestataria.


El poder y su elenco estable de aplaudidores se han lanzado a descalificar y minimizar el análisis del paro que este último jueves mostrara elevada adhesión, aunque eso se atribuya a la falta generalizada de transporte, lo que en cierta medida es verdad.
Lo que es una incoherencia, que ese mismo poder ahora con la sartén por el mango, cuestione una modalidad que la columna vertebral del justicialismo, que es el movimiento obrero, utilizara en muchos casos con salvajismo en tiempos de ser oposición.
También el mismo poder, atacado de selectiva amnesia, olvida que los mismos personajes que lo enfrentaron con esta medida de fuerza, eran los que al ser solapada parte del gobierno, bloqueaban puertas de fábricas, impedían la salida de diarios y caotizaban el derecho constitucional de la libre circulación tanto de vehículos como de ciudadanos a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional.
Eran aquellos tiempos en que apareciera el milagro de ver al camionero como rubio de ojos claros, baluarte de la oposición a las “corpo”, la Sociedad Rural, el campo, los caceroleros, la concentración mediática y toda aquella manifestación que no comulgara con los postulados del modelo nacional y popular.
Moyano se arriesgó a programar la paralización en un día jueves, porque hacerlo el viernes lo transformaría en “paro matero” y comienzo de un largo, atractivo y tentador fin de semana.
El bueno de Capitanich, que pese a su autobombo de sostener que gobernó su provincia con más del 60 por ciento de adhesión popular, no pudo o no supo superar las condiciones infrazoológicas de los famélicos del Chaco.
Fue ese ministro fanático de la muletilla “en ese contexto” quien descargó en la debilidad y el ganado desprestigio de Barrionuevo, el peso mayor de la convocatoria a dejar de trabajar por un día.
Fue también este superministro quien lanzó la imaginativa calificación que el paro general fue solo un gran piquete, desoyendo la señal color anaranjado de alarma, pacífico grito de la sociedad que está harta de inflación, despojo a los trabajadores con el impuesto a las ganancias, inseguridad, corrupción, inacción, justicia caprichosa, aumento de la desocupación, devaluación del haber jubilatorio, ajustes por doquier y crecimiento de la desocupación, entre todos los tantos males que afligen al país y a su gente.
Pocos son los que salen a la calle para agradecer, reconocer y valorar los aciertos cuando los hay.
Y cuando Moyano pasó a ser oposición, se transformó de buenas a primeras -dejando de lado esa maravilla de la “inclusión”- en un peyorativo y discriminatorio “negro protestón” que solo persigue fines políticos, como si la conducción sindical argentina en los últimos tiempos no utilizara la defensa de los derechos laborales como plataforma para sus apetencias personales.
Es probable, si evaluamos la situación con sinceridad y sin falsas pasiones, que la incidencia de la falta de transporte haya sido determinante en el ausentismo.
Si no pasamos por alto que los piquetes que actuaron lo hicieron en nombre y bajo las banderas de una izquierda que no sintoniza la frecuencia ideológica del gobierno, caemos en cuenta que además, no hubo convocatoria a concentraciones masivas que terminan, siempre, siempre, con un gastado discurso de barricada que los dirigentes tienen incorporado en el alma con el papel corbónico de su reiteración.
Si se me permite apelar a la súper síntesis, este paro general fue algo así como un silencioso cacerolazo sin ollas.

Gonio Ferrari