25 de julio de 2012

LA MEMORIA DEL ESPANTO - Golfo 91 (Nostalgia)

   Suele ser menos doloroso haber perdido algo que extrañarlo; que saberlo remoto e inalcanzable por aquella rigurosa lejanía que imponen las distancias.
   Ahora, en medio de la nada inhumana y un todo sangriento, abominable y ominoso, busco que los recuerdos sean el remedio para esta intromisión del espanto que me horroriza a cada instante; con cada muerto, con cada sufriente, con cada llanto silencioso de los que no pueden gritar.
 También quiero gritar, pero no puedo.
   Me gustaría llorar, pero el tiempo y las llamas son más vertiginosos que las lágrimas.
   El miedo viene a la memoria sin que lo llame.
   No es necesario convocarlo.
   Viene solo, a paso firme, multiplicándose en cada duna.
   Por allí, se llega a pensar que la hombría quedó también revolcada en un ayer cercano.  
   Lo de extrañar el tango, el himno o el dulce de leche, son solo imágenes que elaboran los insensibles, los huecos, los simplistas.
   El cerebro y el corazón, esas máquinas que sirven para enamorarse y también para odiar, se estrujan de añoranzas y ausencias cuando la memoria nos mete olores, rincones y afectos en el centro del pecho.
   Se extraña a los que amamos y a los que nos aman.
   Extraño los abrazos.
   Extraño las palabras.
   Extraño las risas y la música.
   Es tanta la desesperación, que llegamos a extrañar a los que nos odian, porque es una manera de estar cerca de ellos y por una cuestión geográfica, lejos de este horror.
   El resto es literatura y presunciones idealizadas.
   Nadie, en el mundo,  podrá enseñarme jamás lo que es la nostalgia.
   En pocas palabras, es una copa hecha añicos que te está desgarrando el alma.

                                       Gonio Ferrari / Periodista argentino
(Frontera entre Irak y Kuwait, Guerra del Golfo, feb.1991)