10 de septiembre de 2012

Síganme los buenos. Comentarios 09 09 12-MAESTROS, AUDIENCIA POR UNA DEUDA,etc

Desgrabación de comentarios difundidos por el periodista Gonio Ferrari en la emisión de “Síganme los buenos” por AM580 Radio Universidad de Córdoba, el domingo 09/09/12

EL DIA DEL MAESTRO

Cuando activo la neurona que me maneja la memoria y viajo hacia mi escuela primaria, llego a una especie de bloqueo porque a una de las que fui, ahora es un Shopping y la otra, el Pio Décimo de los salesianos, es como si se me hubiera traspapelado en la bruma de los almanaques.
Soy de los tiempos en que la maestra, hasta segundo grado, era en verdad nuestra segunda mamá.
De tercero a quinto grado era la persona que más sabía de la vida y sobre todo la que no perdonaba los horrores de ortografía, mi desequilibrio matemático o los equivocados tiempos de los verbos.
Ya en sexto grado, dejaba de ser la segunda mamá, la peor de nuestras censoras, la que nos convencía que el Everest era más alto que el Cerro de las Rosas, y que San Martín había cruzado los Andes, para transformarse frente a nuestra explosión hormonal en un precoz objeto de deseo.
Así es como no olvido mis primeros viajes imaginarios a los más recónditos rincones del planeta, la importancia del Pi 3,1416 o aquella fantasía de las frases que según la historia, habían pronunciado nuestros próceres al morir.
Pero tampoco olvido las torneadas piernas de Marta Ceballos, los ojazos y la ternura de Gloria Perla Grimaut de Milich que debe andar por noventa y tantos años, siempre lúcida, madre de La Larva que es mi amigo y de Cristina.
Debo confesar que también me resulta inolvidable el fervor etílico de un par de maestros que tenía en los salesianos.
Son parte de mis nostalgias como ejemplos docentes, la Mima, Rosalba y Lucy Scanferlatto.
Ahora, desde la tarima que implacablemente me dan los años, es que valoro mucho más el sacrificio y el compromiso de la vocación por enseñar, al menos en aquellos tiempos que la maestra era ejemplo y no compinche para sus alumnos.
Que solo educaba y se llevaba tareas a su casa.
Que era el modelo a seguir porque nos instruía para el aula y para la vida, a diferencia de la actualidad que son cocineras, confidentes, enfermeras, asesoras en materia de sexo y administradoras.
Antes si el niño tenía malas notas, el culpable era el niño, como nunca debió ser de otra manera.
Ahora si el niño no pasa de grado, la culpa es de la maestra, muchas veces obligada a soportar agresiones del grupo familiar de algún descarriado.
Por eso mi homenaje, no tan solo a quienes tuvieron la dura tarea de intentar desburrarme, sino a las que me marcaron un camino de decencia, de honestidad, de respeto y de compromiso con el prójimo.
Aquellas maestras, mis maestras, siguen siendo iguales a las maestras de hoy, con los cambios lógicos que sobrevinieron con la llegada del progreso en las comunicaciones, la televisión, la cibernética, Internet y otras evoluciones.
Porque si hablamos de vocación, cada maestra sabe cuál es la cuota de entrega que ha puesto al servicio de sus alumnos.
Mi admiración, mi respeto y mi cariño por ellas.
Por las de ahora y por las otras, las que quedaron allá lejos pero muy dentro de mí, atesoradas en un rincón de mi alma de niño.

AUDIENCIA CRUCIAL POR UNA DEUDA

Es probable que mañana a mediodía, ya tengamos alguna noticia con relación a la audiencia convocada por la Corte Suprema de Justicia, para dirimir la situación planteada con la deuda que Córdoba le reclama a la Nación, que supera los mil millones de pesos.
Suele ser una excepción entre los argentinos, que alguien reconozca deber algo.
Pero este asunto, se me ocurre que tiene un componente complicado, que es la política.
Y por otra parte, me viene a la cabeza, y al medio del alma, una sensación como de sentirme rehén y estar pagando una culpa que no es mía.
Muchas veces el cumplimiento de compromisos, queda atado a una especie de obediencia debida y en ese sentido Córdoba estaría en una evidente posición de desacato.
El salvataje integral de la Caja de Jubilaciones, maltratada por la cantidad de beneficios repartidos sin el apoyo lógico de aportes previos, depende precisamente de lo que resuelva el máximo tribunal nacional.
Por eso fue que De la Sota claudicó en su costumbre de rebajar impuestos y se vio obligado a crear uno, para conseguir que los combustibles aquí sean los más caros del país.
La Nación nos tiene en penitencia y no sabemos si es por desobedecer alguna orden, algún capricho, o por no haber votado aquí como ellos esperaban.
La provincia, nos tiene en penitencia porque siempre hay un predecesor a quien se asigna la culpa y jamás se reconocen las propias.
La Municipalidad nos tiene en penitencia, porque es muy poco lo que hace en beneficio de los vecinos.
A todo esto, los cordobeses debemos remar a lo bestia, para subsanar los errores y los excesos cometidos por los que nos gobernaron antes.
Mañana es un día crucial para Córdoba pero también lo será para la conducción nacional, porque no han sido pocos los dirigentes que han advertido sobre el peligro de contagio de la postura cordobesa.
Porque si la Nación se empeña en restar recursos que han sido comprometidos en acuerdos oportunamente suscriptos, caeremos a un pozo de inseguridad jurídica, que hará tambalear al federalismo que se pregona.
Nación y provincia debieran dejarse de pelear y ponerse a trabajar por la gente.
Si bien la situación de la Caja es comprometida, existen otros problemas como el crecimiento del narcotráfico, la violencia en todas sus formas y la inseguridad reinante, que es preciso atender.
Y allá, más arriba, que se preocupen por crear trabajo genuino y dejarse de pregonar acerca de un aumento en la ocupación, tomando como trabajadores a los beneficiarios de planes y de subsidios.
Por último, miedo podían llegar a inspirar los tiranos y los autoritarios.
Y no es por el miedo que nos vamos a salvar.

VIOLENCIA DE GENERO

Es alarmante la creciente cantidad de casos de violencia doméstica que terminan con víctimas fatales.
A la vez, resulta atendible que desde el poder, se sostenga que no es posible poner un cancerbero a cada persona a quien se le decretó exclusión y que no puede ni acercarse a determinados lugares o personas.
No han sido pocos los casos en que, de acuerdo con lo que se pretende explicar como justificación, se registraron denuncias policiales y judiciales previas que al no ser tomadas en cuenta, tuvieron trágico epílogo.
La violencia de género más que un signo de la época y de la crisis, es la cobardía del ataque a quienes en la mayoría de los casos no tienen posibilidades de defensa.
Violencia de género no es tan solo golpear o lastimar, sino presionar, intimidar, obligar o impedir alguna acción que puede ser desde un viaje con los hijos o una tarde en la peluquería.
La cuestión es que en el país, pese a que hay una ley, promulgada tres años atrás que impone elaborar estadísticas sobre el tema, esto no se cumple.
Hay números telefónicos accesibles para denunciar casos de violencia de género, pero nadie informa acerca de las ventajas de ese sistema ni de los resultados obtenidos.
También está pendiente otro de los detalles a los que obliga esa ley, que es la inclusión de la temática de violencia sexista en las currículas educativas.
En pocas palabras, una ley que de poco sirve.
Mientras tanto la violencia de género se multiplica llegando a niveles alarmantes, e incontrolables por las autoridades.
Estas, lógicamente, reaccionan con vehemencia mediática cuando aparecen los casos irremediables y ese ímpetu adelgaza cuando se apaga el escándalo.
En la violencia de género, ni siquiera existen las soluciones pos mortem.
Y eso, es gravísimo.

LA ESCRITURA CURSIVA PIERDE TERRENO

Debo antes que nada agradecer a la licenciada Ana Scheines el material que me enviara, sobre un trabajo del educador y ensayista Guillermo Jaim Etcheverry, referido a la tendencia que lleva a dejar la práctica de la escritura manual y el uso de la escritura cursiva.
En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía.
En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros.
Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar. En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel.
Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras.
Por su parte, el escribir en letra de imprenta implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.
Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros.
Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable.
Los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas.
Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo.
Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta.
Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere.
En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva.
Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo.
Un artículo reciente en la revista Time titulado: Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible.
Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia.
La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer".
Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano.
Por poco tiempo...