27 de septiembre de 2012

UNA SOCIEDAD SIN DEBATE

  Siendo los argentinos tan "discutidores" y amantes de la contienda verbal y la polémica, corremos el riesgo de transformarnos en un país penosamente silencioso.
   Desde el poder consideran en general que el debate es un fantasma de discordias eternas en lugar de plantearlo como la modalidad con mayor sabor a democracia.
   Es complicado incentivar en las jóvenes generaciones, conductas que no vienen por la vía del ejemplo.
   Es nocivo para la sociedad escuchar el discurso unico, enceguecido y soberbio, porque no deja de ser una patética demostración de autoritarismo. El ruido de las cacerolas no fue un invento de las señoras conchetas ni de los sojeros. Hagamos un poco de honesta memoria. Porque si era lícito y oportuno escrachar a los militares genocidas y a los que colaboraron con ellos desde el sector civil, no hay que escandalizarse al ver que los descontentos adoptan la misma modalidad cuando quieren hacerse escuchar, en su búsqueda de las vacunas contra la prepotencia, la injusticia y el maltrato.
   Se han cerrado las puertas a las importaciones, pero resulta que ahora desde el más alto nivel nos damos el lujo de exportar falsedades, como las diarias conversaciones con el periodismo o la negación de la inflación. Porque no es lo mismo hablar DE los periodistas como ahora ocurre. Y el obstinado ocultamiento de la realidad económica, es privilegio de quienes no pisan un supermercado, no viajan en bondi, no compran remedios o no pagan servicios, y sin embargo atesoran suculentos ahorros.
   Como estaremos de anestesiados, porque si es por la apreciación presidencial, el país ¿ha estallado? y no nos damos cuenta.

Gonio Ferrari