3 de octubre de 2012

LAS CULPAS SON SIEMPRE AJENAS

Un vacilante, nervioso y tartamudo superministro pretendió explicar durante una mal llamada "conferencia de prensa", que la culpa de lo acontecido con Prefectura Naval y con Gendarmería Nacional (por ahora) no era de su órbita sino debido a problemas administrativos, seguramente atribuibles a la cartera de Economía, "que se investigarían".
   Entonces alguien debiera avisarle a la silenciosa ministra de ¿in? Seguridad, que la están "puenteando" y sin que ella se entere, hay traviesos que firman decretos en su nombre, le recomendarán que no suscriba papeles en blanco y le aconsejarán tibiamente que renuncie porque su principio de autoridad ha caido a un abismo sin retorno. La responsabilidad y la transparencia son eso: cristales que se quiebran una sola vez y no hay ni siquiera un poder divino que los reconponga.
   El impensado brote de rebeldía tiene connotaciones más que severas, porque una paralización de tareas en ambas fuerzas supone la desprotección total de las fronteras y las puertas abiertas para todos (o todo) lo que quiera ingresar o egresar ilegalmente del país. Porque no veo a la Sra. Garré con agallas propias ni prestadas, para requerir -por ejemplo- el apoyo de la Policía Aeronáutica o de fuerzas similares que le garanticen la cobertura de objetivos tan sensibles.
   Cuando un gobierno pontifica y aconseja al sector privado regularizar los salarios evitando su pago en negro, e incurre en la misma deleznable práctica, está demostrando escasa inteligencia y excesiva angurria recaudatoria. Por otra parte, es un alarmante síntoma de iliquidez lo que se confirma por las ansias de recomponer su caja.
   El mismo autoritarismo de siempre con los medios periodísticos: dar la cara, por así decirlo, inclinarse por el tenso monólogo y negarse a responder preguntas, cuando bien hubieran apelado al "comunicado oficial" y en este caso sí, justificadamente, a la cadena nacional. Pero a través de ese mecanismo, el mensaje a la ciudadanía hubiera mostrado el real grado de desesperación imperante en el gabinete, frente a la ausencia de la Sra. Presidenta.
   Los gendarmes y prefectos que ganaron las calles porteñas y las rutas del interior no se mostraron felices ni triunfantes ante el apresurado e improvisado anuncio, porque no están convencidos del cumplimiento de lo que ahora es solo una promesa más de las tantas que han venido recibiendo.
   La cuestión ahora no es dramatizar, ni pensar en el quiebre de las instituciones ni en nada parecido que pueden llegar a alentar los trasnochados de siempre, de una vereda y de la otra. Pero es preciso tomar en cuenta como un severo llamado de atención esta actitud y no como actuaron frente a la sorpresa de los cacerolazos, que fue y sigue siendo negar la realidad, Y debieran recordar y respetar a Perón, de que la única verdad es la realidad.
   Sin dudas, en las próximas horas se conocerán algunas renuncias.
   Siempre y cuando, como es costumbre, el hilo no se corte por lo más delgado.

Gonio Ferrari