29 de octubre de 2012

"NUNCA MAS", HAY QUE CAER DEMASIADO BAJO PARA ROBARLES A LOS MUERTOS

 Esos curiosos personajes que por mala suerte, necesidad o vocación les tocó trabajar en los cementerios, ofrecen una imagen casi tenebrosa aunque por lo general son de trato correcto que desdibuja esa primera impresión de espanto y rechazo que provocan. Uno de ellos, precisamente, supo comentarme tiempo atrás que de las lacras más despreciables que suelen visitar las tumbas y los panteones al amparo de la noche, los más infames, rastreros y miserables son los que les roban a los muertos. Desde dientes de oro hasta las ropas, para ellos lo vital es quitarles a esos despojos lo poco que se haya salvado de los gusanos.
   Más o menos lo mismo, es quitarle la comprometida estatura intelectual a un ciudadano como Ernesto Sábato, histórico propulsor del enjuiciamiento a los genocidas de la dictadura militar argentina, a través del libro "Nunca más", elaborado por la CONADEP, Comisión Nacional sobre la desaparición de Personas que presidía el escritor, cuando en una reciente reedición de Eudeba (editorial de la Universidad de Buenos Aires) fue borrada su firma y al sobrevenir el escándalo, la editorial difundió una explicación infantil.
   La indefensión de los muertos, vilmente aprovechada, ha servido para intentar el absurdo de negar la realidad y apropiarse indignamente y con execrable ruindad de un valioso testimonio que ya era, y lo sigue siendo pese a lo abyecto del despojo, una parte crucial en la historia reciente de los argentinos, cuando esa misma historia certifica que los autores del acto vandálico ni por asomo asumieron la lucha protagonizada por el escritor Ernesto Sábato en tiempos que las Fuerzas Armadas conservaban su poder militar y su capacidad de daño. Porque una vez desarticuladas y reducidas casi a la vida administrativa y burocrática, es como pegarle al caido.
   Aquella autoritaria consigna del "vamos por más" ahora devenida en "vamos por todo" es una ofensa a la memoria y un absurdo desde el momento que los resabios de los '70 pregonan el respeto al pasado en su exigencia de justicia y en su rechazo al olvido.
   Excluir del "Nunca más" al fallecido escritor y pretender que las nuevas generaciones abreven de la historia parcial que es una forma de mentira, es una imperdonable afrenta que descalifica la intención, ya en marcha, de erigirse en los únicos dueños de la defensa de los derechos humanos en nuestro país.
   Sería oportuno preguntarles a cada uno de estos jóvenes y actuales militantes, "románticos luchadores", patéticos tocadores de oido, donde estaban; cuál era su puesto de lucha cuando Sábato debía enfrentar presiones y jugarse por sus convicciones que fueron el camino por donde se llegó a la verdad.
   El único dueño de la defensa de los derechos humanos es el Pueblo, es la gente, son las actitudes, es la memoria y no el resurgimiento de los violentos que en el fondo tienen el mismo sentido autoritario que los militares genocidas y las mismas ansias de eternizarse en el poder.
   Lo unico que falta es que ahora se metan con San Martín o con cualquiera de los heroes, civiles y militares, que forjaron nuestra Patria.
   Aunque Sábato, con su grandeza moral, hubiera perdonado como no lo hizo Perón, a los estúpidos imberbes.

Gonio Ferrari