15 de octubre de 2012

SLB-141012 LOS SUBSIDIOS INNECESARIOS,etc.doc

Desgrabación de los comentarios emitidos por el periodista Gonio Ferrari en el programa Síganme los buenos del domingo 14/10/12 por AM580 Radio Universidad de Córdoba.

LOS SUBSIDIOS INNECESARIOS

Días pasados estuvo en Córdoba un meditador y santón proveniente de India, que reunió en el campus de la universidad Siglo XXI a una respetable cantidad de seguidores y curiosos.
Lo llamativo del caso es que el Gobierno de la Provincia aportó una considerable suma de dinero, se hablaba de más o menos 200.000 pesos, para subsidiar esa presentación, a una empresa privada como lo es esa Universidad que cobra un dineral mensual a sus alumnos.
Bueno sería dejar que esa empresa, la Siglo XXI, siga amasando fortunas y deje que el Estado cordobés invierta mi dinero que cobra por impuestos, en trabajos de investigación científica o en atender los numerosos y acuciantes problemas presupuestarios que afronta la provincia.
¿Quién es el ilustre visitante, que tanto dinero demanda para hacer el bien?
¿Es un predicador, un enviado del cielo, o un vendedor de humo o de grasa de serpiente?
Porque, hablando primariamente, si su virtud es arreglar todo a través de la meditación, tengo una sugerencia para hacerle, o para que la próxima vez se la hagan los responsables de la Siglo XXI, siempre amigos del poder.
Que vaya a su país, la India, y les enseñe a los famélicos de qué manera es posible alimentarse con la meditación.
Sería la mejor manera de iniciar su camino hacia la santidad.

EL BOTON ANTI PANICO

Dicen que para antes de finalizar este año, el gobierno provincial instrumentará un sistema de botón antipánico, para aplicar en los casos que ameriten proteger a víctimas de maltratos.
Como ya se sabe, el dispositivo consiste en una alarma que la persona afectada o amenazada lo accionará, la señal llegará a la policía, y de inmediato un patrullero llegará hasta el lugar indicado y evitará males mayores.
Hasta allí, la casi fantasiosa enunciación de intenciones como para descomprimir esa angustia colectiva que surge de tantos casos de femicidios en los últimos meses.
Y como a los anuncios que luego se diluyen, los argentinos estamos ya cansados, y si no recordemos los viajes interespaciales con base en Córdoba, el tren bala, la carrera de Fórmula 1 y otros casos, corriendo el riesgo de ser acusado de pesimista, tengo ciertas y fundadas dudas con relación al dichoso botón antipánico.
Y la principal, es la ejecución de la ayuda.
Si los patrulleros demoran en llegar a los asaltos, si a veces desoyen los llamados de los vecinos, si la ciudad es un incontrolable nido de delincuentes, narcotraficantes, etc. no veo posibilidades que se pueda cumplir con lo anunciado.
Si por lo general no tienen combustible, o faltan efectivos, o los coches están en reparaciones, la idea no va a prosperar, más allá del estrépito de su anuncio.
Es como en muchas situaciones similares: proyectamos las vías sin tener el tren, o tendemos puentes donde no hay ríos.
Un viejo deporte nacional.

RESPETAR AL ADN

La verdad y para que lo entiendan quienes no me conocen, no soy defensor de Clarín porque supongo que ellos tienen sus abogados, aparte no soy ni llegaré a ser abogado y odio tanto los monopolios privados como los estatales.
Deploro que alguien pretenda obligarme a pensar de manera distinta a la propia o que me impongan cepos ideológicos.
No quiero extenderme en esta cuestión de la validez científica del ADN para la identificación de patrones genéticos.
Lo único, ruego que así como sirviera para establecer la identidad de tantas víctimas de las atrocidades de la dictadura militar, se respete su rigor científico cuando se trata de aventar maledicencias y denuncias infundadas.
Que sea un capítulo que se cierra, con victoria para unos y derrota para otros, como en cualquier contienda.
Una contienda que plantearon desde un sector, como mecanismo de presión y de estigmatización contra quien, para bien o para mal, le tocó tener a su cargo uno de los diarios más importantes del habla hispana.

MAS ACERCA DE LA MEGACAUSA

María Angélica Gelli, Abogada especialista en Sociología Jurídica, Profesora de Derecho Constitucional, entre otros antecedentes, publicó en la revista La Ley el 30 de agosto último un artículo muy interesante y revelador.
Comenta una sentencia de la Corte Suprema de Justicia en la que se debatió el plazo legítimo y razonable de una prisión preventiva.
Dice Gelli  que la prisión preventiva pone  en entredicho el principio de inocencia y el derecho a permanecer en libertad durante el proceso,  hasta  que una sentencia firme declare al procesado culpable del delito que se le imputa.
La prisión preventiva limita este derecho y deben existir buenas razones que salgan airosas de un examen estricto del interés público, en que se sostenga esa prisión. 
La prolongación de la prisión preventiva sin término, a más de poner en evidencia la ineficiencia de la justicia para dictar sentencia en tiempo útil, puede convertirse, en el mejor de los casos, en una verdadera pena anticipada o en una pena sin causa en la hipótesis de que el procesado resulte exculpado de las imputaciones.
Pero lo más interesante es éste párrafo en el cual la Corte Suprema de Justicia de la Nación establece en qué delitos correspondería aplicar esa medida excepcional.
"El principio republicano de gobierno impone entender que la voluntad de la ley, cuando permite exceder el plazo ordinario, no es la de abarcar cualquier delito, sino los delitos graves y complejos de investigar, o sea en particular, aquellos contra la vida y la integridad física de las personas cuya protección penal debe privilegiarse y cuya impunidad acarrea gran alarma social y desprestigia en máxima medida la función tutelar del estado.
A la magnitud de la excepción corresponde una pareja delimitación por gravedad y complejidad de los hechos bajo juzgamiento, pues lo contrario implicaría anular virtualmente el carácter excepcional de la norma,  y aún en estos casos de gravedad se deben juzgar los delitos en un plazo razonable para no incurrir en negligencia lesiva del principio de inocencia"
La Corte en un fallo muy reciente avala lo que ya está escrito y remarcó el Dr. Jiménez la semana pasada en este programa: el carácter de excepcionalidad de la prisión preventiva y su limitación a casos de delitos graves, y aún en esos casos insiste en la celeridad judicial para no lesionar el principio de inocencia.
Por allí suena como demasiado, pedirle a la justicia cordobesa, salvo aislados casos, que despierte de su pachorra y alguna vez pise el acelerador.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos en respuesta a denuncias recibidas contra el estado argentino por el abuso en la aplicación de la prisión preventiva, establece una serie de consideraciones: Además de decir que debe existir una razonable sospecha como condición "sine qua non"; que se debe tener en cuenta la seriedad del delito, que aún así el riesgo de fuga debe probarse, y otros valiosos argumentos.
En otra parte de su informe dice textualmente: "La Comisión considera que no es legítimo invocar las "necesidades de la investigación" de manera general y abstracta para justificar la prisión preventiva"
Sin embargo en esta megacausa del Registro de la Propiedad no se trata de sospecha de delitos graves, no hay riesgo de fuga probado y no hay riesgos para la investigación, que en muchos casos está cerrada al elevarse la causa a juicio.
Existe jurisprudencia nacional e internacional que avala esta postura.
Entonces, ¿qué es lo que permite que continúe tanta impunidad por parte del  Poder Judicial?
¿Cómo no pensar que con un proceder tan curioso, se esconde algo -o a alguien- muy poderoso?

JOHANNA, EL PPP Y EL QUIJOTE

Realmente era para enternecerse mirarla a Johanna, viviendo debajo de un puente, como ejemplo de estudiante con escasísimos recursos económicos, pero con una envidiable voluntad de progresar en la vida pese a las adversidades.
Corría el año 2006 y la pequeña, por entonces de 12 años llegó a ser escolta de bandera en una escuela de Barrio Müller.
Ese mismo año, el gobernador De la Sota les asignó a la familia de la niña una vivienda.
Por avatarea de la vida, los padres vendieron después esa casa y perdieron la patria potestad sobre Johanna quien pasó a un hogar sustituto donde es una más del grupo familiar.
Se inscribió en el Plan Primer Paso y comenzó a trabajar, con 17 años, en el bar El Quijote, de Av. Vélez Sársfield 21.
Revistó allí más de un mes y medio hasta que por problemas de comunicación, según dicen, entre la Agencia de Promoción del Empleo y el bar que la empleara, se quedó sin trabajo y no le pagaron ni un mísero peso.
Desde el gobierno anunciaron que le otorgarán un nuevo beneficio pero los dueños de El Quijote negaron, por telegrama, que la niña hubiera trabajado allí.
Hay gente con el corazón de oro, pero también están los desalmados, los insensibles, los que buscan la fácil mediante la explotación de los desamparados o de los incautos.
Puede que Johana ahora tenga más suerte.
Los explotadores me provocan náuseas.
Y por lo menos, esto me ha servido para saber a donde nunca, jamás, volvería ni siquiera a tomar un café.
LAS FIESTAS SECRETAS, EL ALCOHOL Y LOS PADRES

El operativo fue exitoso, en una casa de Villa Rivera Indarte interrumpieron una fiesta clandestina donde había medio millar de jovencitos, muchos de ellos borrachos, cerraron la casa y seguramente enjuiciarán a los responsables de la convocatoria, que se hizo por Internet.
Son los peligros de mantener en secreto los lugares donde abiertamente se violan las leyes, con el agravante que con certeza, muchos padres de esos menores, conocían que se trataba de una fiesta en un lugar no declarado, como para ser la sede del encuentro, donde permanentemente se alentaba el consumo de alcohol.
Si bien el uso de Internet es incontrolable, no deja de ser facultad de los mayores conocer los lugares que frecuentan sus hijos, sin caer en el extremo de la castración social o en prohibir que se diviertan.
Y en las autoridades, debiera estar actualizada la lucha contra la venta de alcohol a menores en toda la ciudad, y no buscar en casos aislados, el impacto que provoca un procedimiento de estas características.
No es necesario ir lejos, en el centro de la ciudad, en Nueva Córdoba, en Alta Córdoba, en la zona del Chateau, cerca del ex Mercado de Abasto, el alcohol corre sin medida ni controles, y es humillante para la ciudad ver en las madrugadas a jovencitos y chicas tirados en las veredas.
Y un detalle para no olvidar: la educación de los niños y de los jóvenes no está en la escuela, que es donde los instruyen.
La formación de una persona, comienza en el hogar.

UNA NOSTALGIA LLAMADA TRANVIA

Por lo general cuando volvía de trabajar, metía una mano al carterón de cuero, lo sacudía, y de allí me daba una moneda de 5 centavos "para que comprara lo que quisiera".
   Con cinco centavos, logicamente a los 10 años, compraba un puñado de caramelos.
   Era cuando el "boleto obrero" costaba eso: solo cinco centavos y regía en un horario especial.
   Vivíamos en el Pasaje Italia que tenía una sola cuadra en el viejo Barrio Firpo y quien generosamente se desprendía de esa moneda era el Coco, mi Viejo, que de tan buscavidas fue vendedor en Casa Vives, boletero en el Hipódromo, guarda de tranvía y terminó muriendo injustamente por lo joven, a los 42 años, siendo Administrador del por entonces Hospital Eva Perón.
   Porque allá en los finales de los '40 casi todo se llamaba Juan Perón o Eva Perón, aunque no falten los desmemoriados o intolerantes que por esto me tilden de gorila.
   Lo que les cuento, es para que vean que puedo hablar del tranvía con cierta vivencial autoridad y ejercicio de la memoria, que es donde uno archiva los momentos más gloriosos y mágicos.
   El tranvía para mí y por entonces no servía tan solo para viajar, sino también para hacer explotar las tapitas de gaseosa con clorato de potasio (pastillas que se disolvían en la boca para el dolor de garganta) y azufre que colocábamos en las vías y hacían palidecer y entrar en situación de pánico, asombro y julepe a los motorman's.
   Lo hacíamos sobre los rieles de la linea 7 en el centro de la Augusto Lopez, calle ancha con naranjales amargos en las veredas, cuando integrábamos una gavilla de dañinos juveniles, varios precoces vándalos como el Pichón Rothlisberger, el Queco Gomez, el Pelado Contreras, el Victor Leguizamón, el Araña Galíndez, el Negro Puerta y algunos otros valores del barrio que ahora se llama General Bustos.
   El tranvía servía para aprender a "largarse" desde la puerta trasera en sentido contrario a la marcha y no darse un porrazo, por eso de la inercia.
   El tranvía servía para viajar hasta en el techo después de algunos partidos del fútbol de entonces.
   El tranvía era codiciado algunas noches por los que hacían despedidas de solteros y practicamente los secuestraban para hacer alocados, etílicos y pintorescos recorridos.
   El tranvía servía para viajar sentado en la parrilla salvavidas que venía plegada en la parte posterior, o para ubicarse en el privilegiado rincón al lado del mótorman, siempre que este lo permitiera.
   El tranvía servía para ver con qué cancha y maestría los guardas se bajaban con un fierro en la mano y haciendo palanca cambiaban de vía.
   El tranvía tenía una bocina metálica, un fierro que golpeaba a otro fierro cuando el mótorman lo accionaba con la planta de su botín antes de cada esquina y producía un sonido que ahora mismo al evocarlo, en este instante, me despierta eso tan maravilloso que es la nostalgia.
   Medio siglo atrás, el progreso firmó el certificado de defunción del tranvía y por muchos años las vías siguieron haciendo caer a los motociclistas, tropezar a los chicatos y a los pasajeros llevarlos a optar por los "loros", unos ómnibus que reemplazaron su servicio pero no su mística ni el romanticismo de un paseo por la ciudad.
   El tranvía sirvió para que sacralizáramos personajes como "El chancho", mote que recibían los inspectores de boletos que cuando subían provocaban que se bajaran los que habían conseguido colarse o eran amigos del guarda.
   El tranvía sirvió para el lucimiento de "La Gitana", el más emblemático de los guardas con su rostro castigado por la viruela y color borravino, andar "amochilado" y simpatía para derrochar.
   El tranvía murió medio siglo atrás, lo extrañamos y es mentira (por ahora) aquello de que todo resucita o renace de las cenizas -así lo declamaba un borracho amigo- como el Gato Félix.
   En definitiva y como el más sentido de los homenajes a su ausencia, me endulza el alma evocar que era el tranvía lo que posibilitaba que mi Viejo, el Coco, me regalara allá lejos, una moneda de cinco centavos cada día.
    Y ahora que me acuerdo, la verdad, confieso que no extraño tanto al tranvía ni a la moneda, como extraño al Coco, mi Viejo.