1 de noviembre de 2012

EL CIRCULO PERVERSO DEL APRIETE Y LA IMPOTENCIA

 Es un círculo venenoso que contradiciendo los indiscutibles designios de la geometría, tiene tres aristas definidas: el gremio que nuclea a los municipales, los vecinos y la intendencia cordobesa.
   Y el resultado que estamos viendo y padeciendo, es tan lamentable como previsible: no hay conflictos ni asambleas a la vista, los más de 10.000 empleados están contentos, el joven intendente respira aliviado, pero la ciudad es un muestrario del abandono, del caos, del desórden, de la anarquía y con un horizonte más penoso que la realidad actual.
   El impuesto al garage más que un nuevo, rebuscado y cómico tributo es el resultado de la creatividad nacida de la desesperación, de la inacción y del condicionamiento  "danielista" sobre las finanzas comunales. Tenemos funcionarios muy bien pagos que han permitido y siguen permitiendo el cogobierno sindical y cuya principal preocupación es esquivar los enfrentamientos, aunque Córdoba retroceda y muestre cada día un motivo que nos obliga a ser pesimistas si miramos el futuro con la objetividad que nos impone una realidad tan acuciante como lamentable.
   Que nadie se asombre si en el afán por satisfacer a los insaciables, que con toda certeza irán por más frente a la debilidad manifiesta de quienes debieran hacerlos trabajar, el ciudadano deba pagar impuestos por tener timbre, impuesto por la publicidad que supone identificar con un número a su casa, impuesto si se le ocurre pintar el frente, impuesto si usa cortinas en las ventanas, impuesto por estornudar en las plazas públicas, impuesto por barrer la vereda, impuesto por cada descarga del inodoro, impuesto por tomar sol en la terraza, impuesto por tener mascotas, impuesto por cada rollo de papel higiénico, impuesto por bajarse del ómnibus (por subir ya lo está pagando) o impuesto para pararse frente al Palacio 6 de Julio y hacer una catarsis de merecidos insultos hacia las otras dos patas que conforman este oneroso engendro de la inacción.
   Si la autoridad es permeable a las demandas y a los caprichos, es porque las presiones son demasiado mafiosas o la espalda política de los que mandan no cuenta con la fortaleza ni la convicción suficientes para imponer la necesaria autoridad. No confundir a esto con el autoritarismo, porque de la misma manera puede ocurrir al comparar los reclamos con la prepotencia y el salvajismo del daño, ambos meticulosamente planificados aunque los dirigentes pretendan colocarse una aureola de santidad e inocencia que incluso exhiben ante la justicia, una justicia en muchos casos ciclotímica y timorata que ha perdido conciencia -o la olvidó- de lo que es la violencia organizada para el apriete.
   La aplicación de la graciosa tasa al garage, que es el patético y deshilachado disfraz del nuevo impuesto, en una de esas sirve para recaudar lo necesario que bien se puede destinar a terminar los desagües, a cerrar los aljibes de las calles, a refuncionalizar el sistema de semáforos, a desyuyar las plazas, a pintar las sendas, a recuperar el alumbrado público, a mejorar el servicio municipal de transporte, a reequipar el Hospital de Urgencias y a todo aquello que antes de las elecciones fueron promesas y que se han transformado, ahora, en la síntesis del olvido, la inoperancia y el abandono.
   Así como todavía quedan trabajadores municipales orgullosos de su condición, comprometidos con el prójimo y honestos en el cumplimiento de sus tareas, bueno sería hurgar en las entrañas de la planta de personal para saber por qué causas, más de 10.000 empleados con sueldos de lujo no pueden mantener a Córdoba como el vergel, el modelo de ciudad que fue alguna vez.

Gonio Ferrari