13 de noviembre de 2012

LA FELICIDAD DE LAS MASCOTAS Y EL RENACIMIENTO DEL AMOR


Un análisis primario, presidencial, interesado y sectorial sostiene que si comen más los animalitos domésticos es porque la gente también come y por ende está mejor, reflejando así la situación de bonanza por la que atraviesa el país.
   Es muy probable que cuantitativamente el alimento para las mascotas hogareñas, entre las que podemos contar perros, gatos, loros y loras, canarios, pollitos, peces, arañas, ratas blancas, cuisis (ahora me dijeron que a algunos de ellos los extranjerizaron llamandolos "hamster's"), lagartijas, iguanas, conejos, vergonzantes ladillas o minúsculas y simpáticas itas, haya mostrado un notable incremento en la demanda.
   Es que la gente considera por ejemplo, que como esos animalitos de Dios son indefensos y no tienen manera de expresarse -ni de votar- necesitan si o si la atención de sus amos. Por esa razón se entiende que a lo mejor al niño de la casa lo lleven al hospital público y peleen el precio de los medicamentos o lo compren con tarjeta en cuotas, y a la mascota la hagan atender en la mejor veterinaria que puedan encontrar.
   Bien puede considerarse que es una actitud nacional y popular de amor hacia los irracionales, reforzada en ese viejo dicho: "Mientras más conozco a los humanos, más quiero a mi perro".  
   Evaluando entonces la situación y volviendo al comienzo, es absolutamente cierto que en algunos niveles de la población se atiende muy bien a las mascotas, pero a lo mejor le mezquinan alimentos a la doméstica, se quejan por los precios de todo, cuelgan los ganchos o leen los diarios que piden prestados al vecino.
   No dejemos de ver la cantidad de perros abandonados por sus dueños ante la imposibilidad de atenderlos sin olvidarnos de los caballos de trabajo maltratados y famélicos. A ellos, aunque fueran bien alimentados, poco les importarían la corrupción, Ciccone, Moreno, De Vido, Jaime, Larroque, Boudou, D'Elia, Schoklender, Skanska, Aerolineas, Antonini Wilson, la inseguridad, los cepos, Moyano, los cacerolazos, La Cámpora o cualquiera de las otras lindezas nacionales.
   Por eso, entonces, prefiero no traer a mi mente la imagen desgarradora de los niños desnutridos, subalimentados, acosados por la miseria y el olvido, que no son un invento mediático sino una realidad que se vive no tan solo en los grises confines de la Patria, sino que es una problemática -antes eran villas miseria, después asentamientos marginales y ahora poblaciones emergentes- que se instala cada vez más cerca de los grandes centros urbanos.
   Esto de ninguna manera es una postura apocalíptica ni exagerada.
   Solamente la relaciono a las recientes noticias y a las últimas declaraciones presidenciales: "Cuando se le puede dar de comer a las mascotas es porque está comiendo el Pueblo. Es una señal de cómo anda un país".
   Me viene a la memoria, para reforzar esa afirmación, aquella situación del poderoso empresario que le confesaba a un amigo que tenía un gato que comía tierra.
   El atribulado hombre de negocios recibió de ese amigo picado por la curiosidad, el consejo de llevarlo a la veterinaria y hacerlo atender, pero antes le preguntó qué tipo de tierra comía su minino.
   --Me comió un terreno en Argüello, otro en Urca y un campo de 200 hectáreas con soja ...
   La verdad, si es por ese índice basado en los alimentos para mascotas y otros incrementos de venta, estoy maravillado y enternecido: ¡Los argentinos hemos recuperado el amor!.
   Al menos, siempre y cuando no me mienta un experimentado farmaceutico que me dijo que era notable el crecimiento de la demanda de viagra.
   Tanto -me dijo- que hasta los jóvenes de 30 años la utilizan.
   Amor para todos ... y para todas.

Gonio Ferrari