3 de enero de 2013

De la epopeya al ridículo. Homenaje a José Luis Gioja


El origen de los himnos está en las odas que los griegos cantaban sus alabanzas a los dioses acompañándose con sus cítaras y los aplicaban también para exaltar las gestas de sus héroes. Eso es al menos lo que nos cuenta la historia, señalando asimismo que con los tiempos, el estilo casi religioso mutó al contenido patriótico hasta el punto que junto a la Bandera pasó a ser un solemne símbolo.
   López y Planes y Blas Parera fueron los artífices del nuestro, que se canta en actos oficiales, algunos encuentros políticos y en espectáculos deportivos, habiéndose transformado en la pieza musical con mayor cantidad de cultores del “playback” o de la fonomímica porque los funcionarios y los deportistas (salvo Los Pumas) no lo cantan, sino que mueven la boca por si la TV los está grabando.
   Y sobre que no éramos pocos, la Nona está con un atraso.
   Una o dos personas de apellido García perpetraron un vomitivo bodrio al que calificaron como “himno” en burdo homenaje a José Luis Gioja, gobernador de San Juan. Es para el o los autores “la estrella de los Andes”, “cóndor del cielo”, “espejo de un sueño” y otras gansadas del mismo nivel poético que resumen un alto grado de barato patrioterismo.
   Y en una parte que podemos ingresar sin miedo al paroxismo de la imbecilidad, el himno que loa al “Flaco Gioja” sus seguidores, “los compañeros que votaron por el sí”, lo glorifican diciendo que “es la parra que da vida …”
   Ante tamaña falta de respeto consumada contra el buen gusto, pocas son las consideraciones medianamente serias que se pueden hacer.
   Pero siento un dolor de Patria aquí en el alma, a la altura de la escarapela.
   Por suerte y al compararlo con la noble planta que nos regala la vid, los autores no cayeron en cuenta que también a las parras las mean los perros.