18 de enero de 2013

EL CIRCO YA ESTA. FALTA EL PAN... PARA LOS JUBILADOS



   Realmente monumental y glamoroso el éxito alcanzado por los promocionadísimos carnavales cuarteteros.
   Cómo serán de importantes, que la premura por hacerlos y el objetivo promocional/presidencialista que conllevan, obligó a cambiar la fecha original de esta fiesta que el calendario tenía prevista (desde el fondo de la historia) para los días 11 y 12 de febrero.
   Una joya de organización, con un gasto propio de marajáes de Oriente, para un operativo de inexplicable subsidio a las prósperas empresas que son los cuartetos y sus principales exponentes.
   El circo montado en las adyacencias de nuestro emblemático estadio sirvió -es cierto- para alegrar la vida de los cultores del género y de algunos turistas que ligaron de rebote el espectáculo.
   No se vieron ebriedades notorias y si hubieron, como en todos los bailes cuarteteros o no, fueron prolijamente controladas para evitar los escándalos emergentes, lo mismo que las peleas que suelen darse con más frecuencia de la deseable en este tipo de show's musicales.
   El principal atractivo fue La Mona, quien supo coquetear tiempo atrás con Angeloz y Pompas y luego hizo lo propio con Mestre padre y finalmente con De la Sota, y es sin dudas un ídolo de multitudes, amado y odiado; admirado desde los sectores marginales por su evolución "empresaria" y por algunas muestras de generosidad, y despreciado por los estamentos de una alta sociedad hipócrita, que en sus fiestas se divierte con la música de cuartetos después de eructar burbujas junto a Charly García, Piazzolla o Strauss.
   El dineral aportado por la provincia, estamos de acuerdo en que contribuye entre otras cosas a generar algo de atracción turística externa, mano de obra local, ganancias para los artistas, consolidación de utilidades para los sellos grabadores, "rueda de auxilio" a la alicaída temporada veraniega que ya viene perdiendo una quincena, reafirmación de la Agencia Córdoba Turismo (¡¡¿?!!) y de su titular, ese muchacho desbordante de optimismo, ex "delfín" de Rubén Martí, adicto a las cámaras y los micrófonos que supo disputarle la interna radical al joven Mestre para la Intendencia y su objetivo principal y ahora nada oculto, de posicionar a nuestro gobernador, a nivel nacional en su caprichoso "afán" de reemplazar al modelo nacional y popular que encarnan las huestes K.
   Es de imaginar la pirotécnica alegría del resto de artistas cordobeses como los músicos de otros géneros, cuerpos estables de los teatros oficiales, callejeros instrumentistas, pintores, dibujantes y escultores, cantantes sin promoción, etc. que ahora pueden reclamar del gobierno provincial el mismo trato promocional que se les obsequia a las enormes y lucrativas empresas -vale repetirlo- que son los cuartetos.
   Tal el panorama del apresurado y ruidoso carnaval cordobés, que con  lo invertido en la campaña mediática para imponerlo (¿tiene idea la gente del valor de UN segundo por TV. un centímetro en gráfica o una palabra radial y la transmisión en vivo a tres canales nacionales?) ya se supera ampliamente el costo total del espectáculo.
   Un párrafo aparte para el percudido sentido de la oportunidad y de las prioridades que luce la mayoría de los funcionarios.
   Porque la oportunidad, a veces tiene mucho que ver con las prioridades.
   Y la prioridad, aquí y ahora, es pasarse por la entrepierna las otras necesidades básicas de la población en materia de salud, de educación, de seguridad y sobre todo de respeto a quienes dieron buena parte de su vida a servir: los jubilados postergados en la actualización de sus haberes, que tras el injusto despojo de que son víctimas al confiscárseles eso que mal le llaman "ganancias", deben asistir resignados y azorados a la injuria del olvido.
   Muchas veces suele ser prudente, más que la autocrítica, un piadoso mea culpa. que no es lo mismo que tomar diuréticos.
   Habría que preguntarles a esos viejos marginados del sistema, si aún se sienten "queridos cordobeses".
   Porque con el circo solo, a ellos no les alcanza.
   Sus tiempos no son los mismos de los jóvenes, porque su reloj es vertiginoso.
   Siguen esperando el pan.