31 de enero de 2013

PREPOTENCIA PARA TODOS... Y TODAS

    La prepotencia suele ser uno de los malos adornos que lucen la política, el sindicalismo, el deporte y cualquier otra actividad en la que el hombre se vea involucrado. A veces se ejerce con énfasis, aunque no es para enorgullecerse ni atarse moños por poseerla.
En los últimos días, es como si todos los frenos inhibitorios se hubieran superado y desde el poder, que es de donde debieran surgir como sana enseñanza los ejemplos de mesura, se lleva la prepotencia a un nivel impensado tanto en su práctica como en sus inevitables consecuencias.
    Porque si es prepotencia "clavar" antenas sin estudios de impacto ambiental, también es prepotencia condenar a los "queridos cordobeses" a pagar la nafta más cara del país.
    Si es prepotencia vetar el 82% móvil para los jubilados nacionales y destinar fondos de ellos para el fútbol y otras pavadas, no es menos prepotencia postergarles a los pasivos provinciales el pago de los aumentos que al cobrarlos ya estarán absorbidos y superados por la inflación.
    Si es prepotencia retenerle a nuestra provincia parte de la coparticipación que legalmente le corresponde, no deja de ser prepotencia organizar y pagar un costoso e inoportuno carnaval en beneficio de rentables empresas como son los cuartetos.
    No deja de ser prepotencia considerar enemigos a todos aquellos que no comulgan con el discurso oficial, nacional y popular, pero también es prepotencia aplicar el perverso sistema de premios y castigos, a la hora de distribuir la pauta publicitaria provincial, que más que ensalzar actos de gobierno busca posicionar a un presidenciable.
    Cerrar filas como las cierra el gobierno nacional para que sus principales espadas cuestionen a Córdoba (y en esto no hay nada de chauvinismo, sino que es parte de lo cotidiano) es tan prepotente como descuidar a la provincia para trabajar más como candidato a presidente que como gobernador.
    El virus de la prepotencia solo se combate con el antibiótico de las urnas, aunque cada sector prepotente se encarga, siempre prolijamente, de comprar ese medicamento que es el voto, en lugar de fomentar la sana y dignificante cultura del trabajo.
    Alguna vez estaremos lo suficientemente unidos como para terminar con las prepotencias, para lo cual, antes que nada, tendríamos que terminar con los abusadores del poder que han encontrado en la arbitrariedad, la amenaza, el atropello y la violencia, un nuevo estilo de actuar.
    Los argentinos no merecemos gobernantes que apliquen esas malsanas costumbres y con ellas pretendan vendernos un futuro.