8 de enero de 2013

SOMOS UNA POBLACION DE REHENES CAMINADORES


La verdad, no entiendo por qué la gente se sorprende frente a un nuevo aumento en el precio del boleto del transporte urbano y por las exigencias de los taximetristas.
En ambos casos, miles de rehenes estamos apoyando involuntariamente las demandas de los sectores empresarios y sindicales.
¿Qué harían ellos si no tuvieran el obligado "apoyo" de los pasajeros?.
Es el cuento de nunca acabar en el que los principales personajes (Fetap, Uta, Municipalidad, Concesionarios de taxis y choferes) se unen con o sin acuerdo formal, para dejar a miles de usuarios a pié.
Unos porque no circulan y otros porque son tan caros que no son pocos los que optan por la forzosa (y saludable) caminata.
Pensar en un pacto gremial-empresario en nuestro transporte público es cada vez menos alocado.
El jueguito infame de las presiones los va alternando: aumento de tarifa "para mejorar el servicio y hacerlo viable" y también allanarse a los pedidos de aumento de sueldo del sector gremial.
Cuando nos meten la mano al bolsillo y el municipio autoriza el aumento "para evitar desbordes sociales", los choferes paran para pedir su parte.
Y la rueda sigue girando y la película se repite y los taxistas, onerosa alternativa ante un transporte público que no mejora, se fortalecen en su postura y reclaman lo suyo.
La Municipalidad (que es el poder concedente) mira hacia adentro agobiada por otros problemas que le importan más que el padecimiento de la gente: tiene que recaudar y recaudar para llegar a cubrir el más del 70 por ciento de su presupuesto que se va en sueldos.
Así están las cosas.
Apostaría a que en menos de 15 días se plantea una "actualización salarial" exigida por la Uta.
La ciudad es como una gigantesca sala de cine: proyecta una película que ya vimos hasta el cansancio y los espectadores son los giles, las víctimas de siempre, los sostenedores de un sistema perverso.
Esos somos los usuarios, hasta que perdamos la poca paciencia que nos queda.