5 de febrero de 2013

EL "ESCRACHE" NO ES PRIVILEGIO DE NADIE

Por supuesto, debe ser horrible que te agredan publicamente, porque se asemeja al ataque de una patota que aprovechándose de la superioridad numérica, te abruma con insultos y alaridos, exigiendo que te retires de un lugar público que elegiste en uso de tu libertad de optar.
   Más o menos esas han sido las coincidencias que unieron en el infortunio a dos relevantes funcionarios nacionales, atacados cada uno por una turba incontenible y desagradable que los sometió a la violencia verbal del escarnio.
   Reprobable desde donde se lo mire, aunque hay que reconocer el derecho individual a la protesta que constitucionalmente asiste a todos los ciudadanos de este país.
   Tampoco es para escandalizarse y pensar que fueron actos movilizadores de un "efecto dominó" que se puede llegar a multiplicar.
   Pero en la misma medida, a la hora de censurar con dureza lo acontecido, que quienes lo hagan recuerden el escrache continuo y permanente que nace de personeros del gobierno, que sin gritarle a nadie en sus orejas multiplican sin ninguna sutileza sus ofensas y descalificaciones a través de medios oficiales que sostenemos todos, así sean el casi gracioso 678, la cadena nacional o las declaraciones hirientes y ofensivas que ocupan espacios mediáticos.
   Es lo mismo en sus efectos la patota callejera que manifiesta de alguna manera su indignación y su impotencia, que aquellos dueños del aire que se aprovechan autoritariamente de esa ventaja.
   Ninguna de esas expresiones llegaría a ocurrir, si viviéramos en el imperio del respeto, una práctica bilateral que cuando se quiebra provoca reacciones impensadas.
   Los que se creen intocables dejan de serlo porque ese respeto de ida y vuelta se ha interrumpido, desplazado unilateralmente por la impunidad y la soberbia.