19 de febrero de 2013

LAS COMPARACIONES QUE A LA GENTE NO LE INTERESAN


Es para que los cordobeses tengamos encendida otra vez, como si hiciera falta, una luz de alarma que en los últimos años jamás pudimos apagar.
La oprobiosa inseguridad que nos agobia ha llegado a extremos que más allá de las estadísticas, configuran un descrédito para los gobernantes y un notable devalúo en la calidad de vida de los cordobeses, que asistimos aterrados a la divulgación de casos virtualmente inéditos: es la violencia urbana.
Si alguien se hace fuerte en las calles, es porque no hay quien lo impida con ese mecanismo tan simple y aplicable que es la prevención, sin dejar de lado las implicancias que tienen otros factores como el malestar social, la inequidad y el incontrolable crecimiento del comercio y consumo de drogas.
En ese aspecto, algo se está haciendo: procedimientos contra el "chiquitaje" que si bien no eliminan el problema, disminuyen o retardan su explosiva expansión.
Desde los tiempos del agente de la esquina que con su sonora ronda imponía respeto, mucho han cambiado las cosas de la mano del progreso y la tecnología: ahora los agentes solo están cerca de los bancos, de las reparticiones públicas, a veces previsiblemente en los puentes o mirando junto a los peajes si los automovilistas tienen los cinturones colocados y las luces encendidas.
Eso no es prevención: eso es solo ordenada figuración como para hacerse ver.
Y los resultados negativos están a la vista; no son una creación ni una operación mediática.
La seguridad se recupera con la policía en toda la ciudad, de día y de noche, con calor o con frio, con lluvia o con viento, en los barrios marginales, en los caminos secundarios, en las cortadas y pasajes. En pocas palabras, la presencia del policía tiene la eficacia del gato rondando en la casa, donde seguramente no hay ratones.
Y si los hay, sacarlos de circulación es lo más simple del mundo.
De nada sirven las enormes inversiones que se hacen en armamento, en comunicaciones, en informática, en instalación de tecnología, mientras no exista una genuina e integral política que ordene la actividad.
Hay que terminar con el pago de favores políticos mediante designaciones de personal improvisado, con escasa instrucción operativa o "flojos de papeles" en materia de antecedentes.
Y todo indica que en este 2013 la recuperación de la seguridad perdida no es de ninguna manera prioridad del gobierno provincial: en el costoso folleto de 8 páginas a todo color del que calculo se hicieron 100.000 ejemplares, editado por la administración delasotista y distribuido por los principales diarios, no aparece ni una mísera palabra referida a lo que se piensa hacer (si es que algo se piensa) en materia de seguridad.
Los mismos que no le encuentran la vuelta y menos aún la solución al problema, son los que se llenan la boca aconsejando que no hay que resistirse frente a los asaltos; que no hay que tener armas; que es un error andar de noche o no es conveniente circular con dinero encima.
Esos son los inoperantes, los inútiles, los faltos de ideas, los carentes de cerebro.
Son los que se encierran en sus despachos a despotricar contra los medios, que solo difundimos una lacerante realidad que no podemos modificar.
Y lo más sorprendente, que se apele otra vez a comparaciones absurdas e inconducentes.
Nuestro gobernador dijo en declaraciones periodísticas a sus queridos cordobeses, después de relativizar la ola de violencia que se registra en la provincia, que aquí no padecemos la criminalidad que padece Rosario.
Mire jefe: nosotros vivimos aquí, en Córdoba. Caliéntese usted por nuestro drama de inseguridad que nos está diezmando, resuélvalo cuanto antes y deje que a Rosario lo arregle Antonio Bonfatti.
O Hermes Binner, si llegara (él) a ser Presidente.