7 de febrero de 2013

NO TODOS LOS CHILENOS SON MALOS Y NO SON POCOS LOS QUE NOS ENVIDIAN

Necesitaríamos varios tomos para referirnos a nuestras relaciones vecinales con los trasandinos, más allá de los enfoques sociológicos que puedan hacerse, porque ciclicamente con ellos tenemos un cariño recíprocamente ciclotímico.
    El hecho que les hayamos prestado a nuestro máximo héroe para que los liberara del yugo español parece que de poco sirvió si de consolidar los afectos se trata: ellos nos devolvieron a su manera la histórica gentileza.
    Nos mojaron la oreja con las islas del Canal de Beagle y les perdonamos la vida, al borde del conflicto armado, cuando el referí Cardenal Samoré vino enviado desde el Vaticano, se metió en el centro del diferendo y aquietó las aguas y les puso una funda de racionalidad a los cañones.
    Unos añitos más tarde nos enteramos que habían andado colaborando con los ingleses y contra nosotros, cuando los aventureros militares argentinos pretendieron perpetuarse en el poder, desencadenando una guerra tan inoportuna como desventajosa y sangrienta.
    Lo aconsejable en esa instancia para responder a los desplantes y amenazas trasandinas era empujar la cordillera y obligarlos a nadar hasta su Isla de Pascua.
    No lo hicimos, lo de la guerra de Malvinas medio como que se perdió en la bruma diplomática, y les llenamos sus playas en verano y permitimos que periodicameente vengan a Mendoza para comprar barato, porque ellos pueden sacar SU dinero al exterior.
    Me consta que en general no son simpáticos con los argentinos y a veces se esmeran en consolidar su fama universal de buenos carteristas: me bolsiquiaron violentamente en pleno centro, a la mañana, en Viña del Mar, y de esos casos conocí varios en pocos días.
    Aquí les damos trabajo, les hemos cedido (ellos compraron porque se la vendieron) buena parte de nuestra Patagonia y el argentino medio reconoce que están muy bien posicionados a nivel internacional, con una economía sólida y sin mayores sobresaltos.
    Les permitimos que LAN cubra nuestras rutas.
    Amamos y admiramos a Neruda, Gabriela Mistral y Antonio Prieto.
    Entonces, si hemos sido y somos tan generosos y amables con ellos, ¿por qué nos agreden y amenazan?
    Trataré, humildemente, de poner en claro tan escabroso asunto, más preocupante aún porque nace de un sector de sus fuerzas armadas, pero sin caer en dramatismos ni temores que no van más allá del hecho aislado (roguemos) y de la anécdota.
    Ellos envidian tres componentes argentinos: las mujeres, los tenistas y el fútbol.
    Ellas se desviven por los muchachos de nuestro país y no lo niegan.
    Entonces, para recomponer relaciones y que sus bravos "marines" de cartón no nos maten a nosotros, no fusilen a los bolivianos ni degüellen a los peruanos, les enviemos via Cancillería diez o veinte ómnibus atestados de mujeres, incluyendo travestis para que no se sientan discriminados, y les prestemos algunos directores técnicos de fútbol de esos que están bajando por el tobogán.
    Y que Nalbandián, cuando se retire en el 2025 se comprometa a dictar clínicas gratuitas tras la cordillera.
    Lo que no podemos perdonarles a los chilenos es su desmemoria, porque si se hubiera cumplido aquella promesa de Luciano Benjamín Menéndez "de lavarse las bolas en las aguas del Pacífico después de derrotarlos", todavía estarían padeciendo la contaminación de sus playas.
    Y que eso no ocurriera se lo deben al Pueblo Argentino, como nos deben y no pagaron jamás, el enorme sacrificio que para la libertad de quienes ahora la deshonran, hizo nuestro Libertador con su epopeya andina.
    De todas maneras, que un grupúsculo de militares chilenos bastardeen la historia, no debiera sorprendernos con solo pensar que ellos tuvieron su Pinochet.
    Lo peor de todo, es que no son pocos los chilenos que lo extrañan ...