23 de abril de 2013

EPEC ¡GRACIAS POR ESCUCHARME!


Tiempo atrás cuando la indignación y la impotencia se hicieron carne en los cordobeses, cansados de los desplantes e ineficiencias de nuestra EPEC, se me ocurrió cuestionar algunas veces con vehemencia, la vigencia de esa institucionalizada injusticia que es la bonificación “por eficiencia” que anualmente se paga en ese organismo a todo el personal, incluyendo a su volátil y acomodaticia planta política.
Una empresa que vive dando pérdidas no es de ninguna manera eficiente y menos aún cuando su servicio bien puede calificarse como incompleto, deficiente o mal conducido porque en invierno o en verano las carencias son constantes y para la EPEC la culpa es de los usuarios por consumir y no de ellos por no reinvertir ni actualizarse tecnológicamente.
No faltaron quienes menoscabaran y repudiaran mi crítica actitud tildándola de anti obrera, por aquel viejo discurso de las conquistas sindicales, el derecho adquirido u otros justificativos.
Ahora parece que un legislador provincial activó sus baterías y ha propuesto que esa bonificación por eficiencia deje de tener el carácter de “malhabida” por parte de la planta política, que es precisamente la responsable directa de una prestación ciclotímica con elevado costo en relación al resto del país.
¿Cómo no va a ser cara la energía eléctrica en Córdoba, si unos 200 funcionarios (creo que ese es el número de los políticamente designados) cobran cada uno entre 90.000 y 120.000 pesos anuales de regalo, aparte de sus jugosos haberes?
Lo peor del caso, es que cobran esa enormidad a sabiendas de no merecerlo, porque son ellos mismos los que reconocen en sus informes el alto déficit de la empresa que conducen.
Que lo cobren los empleados, vaya y pase, si es que no tienen sanciones, sumarios resueltos, inasistencias reiteradas u otros motivos invalidantes que seguramente contempla la reglamentación del acuerdo oportunamente suscripto para la vigencia de la BAE.
Pero lo mismo hay un aspecto que suena discordante a la hora de hacernos un planteo de eso que le llaman la igualdad ante la ley y también a la igualdad de oportunidades y al acerto que a igual tarea, igual paga: un mero asunto de igualdades.
Porque con idéntico criterio, bueno sería pagar premio por eficiencia a los maestros que enseñan, a los policías que arriesgan su vida, a los bomberos que apagan incendios, a los médicos que curan o a los abogados que litigan.
Es como si en la EPEC, donde los cargos en la mayoría de los casos son hereditarios, se hubiera cerrado una dinastía o una casta de ventajas y privilegios, apoyados en el poder que implica ser dueños de la electricidad; ser dueños de la luz y patrones de las tinieblas cuando se les antoja.
No vamos tan lejos: mientras la iniciativa de ese legislador apenas se conocía y comenzaba a entrar en el debate de la gente, un amplio sector de Alberdi incluyendo al viejo y querido Hospital Nacional de Clínicas, padecía un prolongado corte de energía que se había originado a las 14 de ayer lunes y a la medianoche todavía tenía oscura vigencia, con todas sus negativas consecuencias.
Que se sepa no hubo tormenta, ni ciclón, ni granizada, ni helada ni nada que sirviera para echarle la culpa, como siempre se hace burlándose de la inteligencia, del bolsillo y de los bienes de los usuarios.
Y más aún: pese a que ninguna ley puede tener efecto retroactivo, alguien debiera proponer como gesto ético, que aquellos directivos que cobraron esa ridícula “bonificación por eficiencia” en una empresa reconocidamente más cerca de la quiebra que de la normalidad, la devolvieran.
Así, todos estaríamos seguros que en esta batalla contra los abusos de los funcionarios ineficientes, ha ganado finalmente la honestidad por encima de la angurria.