30 de abril de 2013

NADIE, Y MENOS UN GATO, HUYE DE DONDE ES BIEN TRATADO


ESTES DONDE ESTES


Borges tenía razón al decir que

“No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alma aventurera …
Eres, bajo la luna esa pantera
que nos es dado divisar de lejos”.

Un soneto maravilloso que termina
“En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado, como un sueño”.

    
Mi Fellini tiene -o tenía- más de 9 años sobreviviendo en base a mimos, amor, atención médica y consentidas correrías vecinales sin horario, desde su incierto y negro origen que el abandono colocó a la intemperie en plena calle para que muriera de frio, de auto o de perro.
   Destrozó con ronroneos esa mala prensa que acompaña a los gatos negros, negros de toda negrura, porque agradece -o agradecía- cada mimo, cada comida gourmet o el simple y doméstico bofe trayendo una paloma hasta mis piés o durmiéndose sobre el teclado entregando al misterio del sueño esas dos piedras amarillas que tiene -o tenía- en el lugar reservado a los ojos.
   Hace un mes dejó de maullar en mi terraza.
   Nunca había dejado de venir a la hora de sus comidas, de los topetazos en la puerta, de las caricias y lamidas a su arisca compañera, la Grisha ahora solitaria.
   Pero no vino más.
   Apuesto a la maldad de los hombres más que a un accidente.
   Estoy seguro que Fellini habla -o hablaba- y por eso lo que más me duele es su silencio, lo que más extraño es su saludo, lo que me desorienta es su ausencia que con certeza no es voluntaria.
   Alguien se lo llevó.
   ¡Cuán dichoso sería este mortal con solo saber que está, que no fue, que es feliz esté donde esté!
   O que el destino, ese invisible e insobornable dueño de los tiempos, me haya reservado el privilegio de mantenerme soñando, desde hace un mes.
   Y que me hiciera despertar con un maullido …