28 de abril de 2013

SLB-28-04-13-ME QUIERO IR, EPEC, MARTI, ETC



Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” emitido el domingo 28/04/13 por AM580 Radio Universidad de Córdoba.


ME QUIERO IR

   Debe ser complicado entrar en pánico por ignorancia.
   Debe ser incómodo creer que la juega de taquito, que discute en Nueva York con los fondos buitres (y así quedamos) y en realidad ni siquiera saber los índices más elementales que acompañan a su gestión, un traje que le queda demasiado grande a ese pibe Lorenzino.
   La vocación exitosa que proclaman algunos, y otros buscan asumir. debe tener algo así como un elevado nivel de sensualidad, igual que cualquier otra manifestación de poder.  
   Porque si el joven, ciclotímico y huidizo ministro de nuestra vapuleada economía no está capacitado para hablar de la inflación que padecemos y no puede ni siquiera conocerla, bueno sería, como es tan difícil conseguir trabajo, que le asignaran otras obligaciones como por ejemplo servir café, que no le demandaría el esfuerzo intelectual del estudio ni el manipuleo estadístico.
   Pero seguro que si lo mandan a llevarles café a los periodistas, cada pocillo no será sin ninguna duda, un dechado de pureza.
   Más allá del papelón internacional, de la cara de espanto de ese chico tan sorprendido como si hubiera estado haciendo pis en la plaza, está de por medio la credibilidad interna y universal acerca de otros índices de dudosa certeza.
   Si el responsable de la economía nacional vive dentro de un termo y ni siquiera conoce los números reales, lo reitero, reales de la inflación que nos oprime, no quiero ni pensar en lo que puede decir o callar acerca de la desocupación sin contar los planes ni becas a la vagancia, o de la pobreza e indigencia.
   Porque ignorar o esconder esas realidades nos pone a la deriva por ignorancia, y el gobierno solo nos deja liberados a nuestra interminable capacidad de sufrimiento o de asombro, sin elementos como para enfrentar la adversidad.
   El hecho de su silencio, de su pánico escénico y de su actitud huidiza, es de una gravedad institucional que se pretende disimular con más silencio, y eso no es bueno.
   No es un desatino proponer entonces que a cada 25 de abril, los argentinos lo tomemos como el Dia Nacional de la Lástima, porque es lo que a muchos nos inspiró lo que hizo el joven ministro.
   No soy quien para pedir la renuncia de nadie.
   Pero este muchacho no debiera esperar que alguien lo haga, por el bien de la República, y en salvaguarda de este modelo nacional y popular.
   Porque si se quiere ir, que se vaya.
   Las puertas que están para entrar, en cualquier parte del mundo, sirven también para irse.

¡GRACIAS EPEC POR ESCUCHARME!

   Tiempo atrás cuando la indignación y la impotencia se hicieron carne en los cordobeses, cansados de los desplantes e ineficiencias de nuestra EPEC, se me ocurrió cuestionar algunas veces con vehemencia, la vigencia de esa institucionalizada injusticia que es la bonificación “por eficiencia” que anualmente se paga en ese organismo a todo el personal, incluyendo a su volátil y acomodaticia planta política.
   Una empresa que vive dando pérdidas no es de ninguna manera eficiente y menos aún cuando su servicio bien puede calificarse como incompleto, deficiente o mal conducido porque en invierno o en verano las carencias son constantes y para la EPEC la culpa es de los usuarios por consumir y no de ellos por no reinvertir ni actualizarse tecnológicamente.
   No faltaron quienes menoscabaran y repudiaran mi crítica actitud tildándola de anti obrera, por aquel viejo discurso de las conquistas sindicales, el derecho adquirido u otros justificativos.
   Ahora parece que un legislador provincial activó sus baterías y ha propuesto que esa bonificación por eficiencia deje de tener el carácter de “malhabida” por parte de la planta política, que es precisamente la responsable directa de una prestación ciclotímica con elevado costo en relación al resto del país.
   ¿Cómo no va a ser cara la energía eléctrica en Córdoba, si unos 200 funcionarios (creo que ese es el número de los políticamente designados) cobran cada uno entre 90.000 y 120.000 pesos anuales de regalo, aparte de sus jugosos haberes?
   Lo peor del caso, es que cobran esa enormidad a sabiendas de no merecerlo, porque son ellos mismos los que reconocen en sus informes el alto déficit de la empresa que conducen.
   Que lo cobren los empleados, vaya y pase, si es que no tienen sanciones, sumarios resueltos, inasistencias reiteradas u otros motivos invalidantes que seguramente contempla la reglamentación del acuerdo oportunamente suscripto para la vigencia de la BAE.
   Pero lo mismo hay un aspecto que suena discordante a la hora de hacernos un planteo de eso que le llaman la igualdad ante la ley y también a la igualdad de oportunidades y al acerto que a igual tarea, igual paga: un mero asunto de igualdades.
   Porque con idéntico criterio, bueno sería pagar premio por eficiencia a los maestros que enseñan, a los policías que arriesgan su vida, a los bomberos que apagan incendios, a los médicos que curan o a los abogados que litigan.
   Es como si en la EPEC, donde los cargos en la mayoría de los casos son hereditarios, se hubiera cerrado una dinastía o una casta de ventajas y privilegios, apoyados en el poder que implica ser dueños de la electricidad; ser dueños de la luz y patrones de las tinieblas cuando se les antoja.
   No vamos tan lejos: mientras la iniciativa de ese legislador apenas se conocía y comenzaba a entrar en el debate de la gente, un amplio sector de Alberdi incluyendo al viejo y querido Hospital Nacional de Clínicas, padecía un prolongado corte de energía que se había originado a las 14 del lunes 22 y a la medianoche todavía tenía oscura vigencia, con todas sus negativas consecuencias.
   Que se sepa no hubo tormenta, ni ciclón, ni granizada, ni helada ni nada que sirviera para echarle la culpa, como siempre se hace burlándose de la inteligencia, del bolsillo y de los bienes de los usuarios.
   Y más aún: pese a que ninguna ley puede tener efecto retroactivo, alguien debiera proponer como gesto ético, que aquellos directivos que cobraron esa ridícula “bonificación por eficiencia” en una empresa reconocidamente más cerca de la quiebra que de la normalidad, la devolvieran.
   Así, todos estaríamos seguros que en esta batalla contra los abusos de los funcionarios ineficientes, ha ganado finalmente la honestidad por encima de la angurria.

UN ADIOS A RUBEN MARTI

   El estrépito social comienza a diluirse y es cuando la familia y los amigos de quien ha partido sin regreso, toman verdadera dimensión de lo que es la ausencia.
   Ya no caben las lágrimas ni la oscura inutilidad del luto.
   La realidad dura e irreversible golpea con la fuerza de la evocación, de los gratos recuerdos, de los instantes mágicos que se compartieron durante la bonanza, las luchas o el dolor.
   Y es cuando abrimos las puertas del alma, allí donde atesoramos y protegemos la memoria, para transformar todos aquellos sentimientos en la corporización de un modelo; de un ejemplo a seguir; de un patrón de conducta.
   No es tan fácil en nuestra sociedad ser terrenalmente intachable, y por lo general el sueño eterno transforma en casi santo a cualquiera de nosotros, por esa costumbre de lavar antecedentes hasta sumirlos en la muchas veces mentirosa pulcritud e inocencia pos mortem.
   Por encima del apasionado y vehemente político, del correcto y fervoroso funcionario, del odontólogo, del respetuoso adversario, del generoso anfitrión, del hacedor de cosas, del estudioso de la realidad social, del innovador en un mundo de chaturas, Rubén Américo Martí recibió en vida sin que fuera necesario que nadie se lo entregara, el merecido y envidiable título de buena persona.
  Y se me ocurre que aquellos que lo hacen -eso de irse- son los exponentes de la extrema valentía de terminar y no del egoísmo cobarde de afrontar los golpes de la vida, que en su caso no fueron pocos ni sencillos.
  Debe ser fascinante poder elegir el momento de partir.

RESPETO POR LA CONSTITUCION NACIONAL

   Seguramente será la historia la encargada de reprochar en su momento a sus responsables, este episodio en que la fuerza de los números decretó no sé si la muerte de la justicia en democracia, pero al menos el envío del espíritu y la letra de la Constitución Nacional a terapia intensiva.
   No quiero entrar como todos lo hicieron, en los análisis técnicos siempre interesados acerca de la conveniencia o la oportunidad de un necesario aggiornamento de la justicia argentina a los tiempos que corren, al igual que dotarla de una dinámica diferente y terminar de una buena vez de considerar a la señora de la balanza y los ojos vendados como parte de un botín electoral.
   Como amante de la democracia, me interesa el respeto a nuestra Carta Magna, como si fuera una biblia nacional y en este caso también popular, en la que nos apoyamos para seguir subsistiendo como Nación.
   Las peleas circenses, las descalificaciones, los arreglos que se hicieron, se hacen y se harán entre los políticos que se empeñan en la defensa de sus intereses, no son a mi entender parte de la representatividad que en su momento les hemos conferido con nuestro voto.
   Ejercer la tiranía del número por encima del debate, tanto desde el oficialismo como de la decrépita oposición, es una cruel manera de apostar al autoritarismo.
   Por suerte los archivos son la mejor apoyatura de la historia y a ellos hay que acudir en los momentos que es necesario apelar a eso tan insobornable que es la memoria.
   Cuando se hizo cargo del gobierno, llegaron los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a quienes había elegido un gobierno anterior.
   Como en este país cuando llega un nuevo Presidente la corte tiene por hábito presentar la renuncia -que el Presidente suele aceptar, porque no quiere un poder judicial que sea inamistoso- estos señores  visitaron al personaje de quien hablo y le dijeron: Señor, venimos a  entregarle nuestras renuncias.
   ¿Cómo?, les preguntó. Claro, esta es la costumbre.
   No, señores, la Constitución dice que los jueces son inamovibles. Vayan, desempeñen sus funciones. Lo único que quiero es que ustedes sean el verdadero tribunal superior. La justicia en este país puede enjuiciar al Presidente de la Nación. Si ustedes tienen que enjuiciarlo, háganlo. Hace falta que aquí, alguna vez, sea enjuiciado el Presidente de la Nación, para que no se crea intangible.
   El Poder judicial es el que controla.
   A ese presidente le asustaba el mesianismo… lo que le sugería conceptos como: “Hay que desconfiar de una democracia donde el Presidente de la Nación es el personaje más importante del país”.
   “Hay que desconfiar de una democracia donde el Presidente dice lo que se le antoja. O donde el Presidente afirma todos los días que va a hacer la felicidad, que va a resolver, él, todos los problemas de los argentinos”.
   “La democracia no se compadece con el que pide confianza en él, en su capacidad o en la supuesta ayuda que recibirá para solucionar, personalmente, los problemas de la República” y terminaba diciendo que era necesario evitar que ese redentor “conduzca caprichosamente el país, su economía, su educación, sus relaciones externas y use los medios de comunicación para torcer la voluntad y debilitar el juicio crítico de la gente”.
   Casi lo olvido.
   Hablo de Arturo Illia, elegido por una reducida mayoría, derrocado por un golpe militar cuando entre otros logros, había bajado la desocupación a menos del 7 por ciento.
   Y hace poco más de 30 años murió tan pobre como vivió y gobernó, sin depósitos en los paraísos fiscales, aviones negros, negocios con los amigos ni costosas inversiones dentro del país. Debe haber sido el último de los demócratas, respetuoso a muerte de la Constitución Nacional. Como ahora tendría que ser.
   No democratizar ni domesticar a la justicia.
   Prefiero que el gobierno y el Congreso se preocupen por respetar nuestra Constitución.

158 AÑOS ATRÁS

   Y si algo falta con relación al comentario anterior, voy a leer algo que tiene cierta antigüedad: “Los medios de protección que la Constitución nos proporciona, son la libertad y los privilegios y recompensas conciliables con la libertad.
   Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente.
   Se nos alentó a consumir sin producir.
   Nuestras ciudades capitales son escuelas de vagancia, de quienes se desparraman por el resto del territorio después de haberse educado entre las fiestas, la jarana y la disipación.
   Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental.
   En realidad, nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas.
   Sobre todo se muere de pereza, es decir de abundancia.
   Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso les mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición.
   El origen de la riqueza son el trabajo y el capital.
   ¿Qué duda cabe que la ociosidad es el manantial de la miseria?
   La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas.
   Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de los cuales surgen los tiranos y la guerra civil, que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo”.
   ¿Quién lo dijo?
   Nada menos que Juan Bautista Alberdi, 158 años atrás.

LOS MIEDOS EN LA TAMSE

   Precisamente lo hablábamos recién ante la inquietud de mun oyente.
   Lo tengo claro: una cosa es ser dependiente de la municipalidad de Córdoba con sus jugosos sueldos, ventajas y ausentismo y puntualidad descontrolados, y otra responder a las duras y a veces exageradas exigencias de una empresa privada.
   El Estado nunca quiebra.
   Puede demorar, pero a la larga cumple con los sueldos, aportes y otras obligaciones para con su personal.
   La permisividad equivale a un sobresueldo porque estornudar,  toser dos veces o irritarse los ojos de tanto ver televisión, pueden ser causales de no ir a trabajar, si es empleado de la Municipalidad, donde los controles de ausentismo se hacen entre ellos.
   No es lo mismo tampoco una dependencia que la otra, a la hora de la discusión salarial.
   El privado es más duro, más inflexible, porque le importa un pito que la gente se quede sin ir a su trabajo, asistir a la escuela o a una consulta médica ya que la empresa no paga el costo político que afronta el Estado, cuando no consigue asegurar la prestación de un servicio.
   Son las empresas privadas las que a su conveniencia regulan las frecuencias en función de la rentabilidad.
   La UTA con su habitual insensibilidad y prepotencia apoya la continuidad de la estatización de la TAMSE, porque la Municipalidad no deja de aportar como lo hacen los privados y es más vulnerable a los reclamos y caprichos que son casi permanentes.
   Total y en definitiva y sea como fuere,el único perjudicado es el pasajero, obligado sostén de un sistema perverso.
   Porque el usuario, que pasó de su condición de tal a la de rehén de ambas partes, es el menos escuchado.

IGLESIA, OPOSICION E HIPOCRESIA

   Y pensar que no mucho tiempo atrás, un par de meses nomás, las usinas del insulto y la descalificación trabajaban a destajo tratando a Bergoglio de genocida colaboracionista del proceso, entregador de curas y vaya a saber cuántos otros cargos así de elegantes.
   La transformación de Bergoglio en Francisco, atendiendo en el Vaticano y no en Buenos Aires, obró el milagro, como no podía ser de otra manera, de ordenar el aprisco, la feligresía, las costumbres y el Gobierno.
   Dejó de ser el odiado y desacreditado ministro de Dios, fue visitado y obsequiado; reivindicado por sus detractores… y detractoras, y más de un ministro o alto funcionario nacional, de esos que tanto lo insultaban, apareció arrodillado frente al altar en la Catedral metropolitana.
   Ese episodio -me refiero a la ceremonia religiosa- bien puede inscribirse en la antología de las hipocresías nacionales … y populares.
   Francisco había obtenido, casi de improviso, el diploma de  santo  benefactor de  Argentina y del resto del mundo.
   Los partidos políticos, carentes de propuestas superadoras que se dicen opositores, se han devaluado de tal manera, que sus consignas ni siquiera convencen a los más indignados con el modelo gobernante.
   El campo cíclicamente lacrimógeno maneja sus cosechas a conveniencia económica, enfurece a los recaudadores estatales, aunque ha perdido su condición opositora que luciera pocos años atrás con el voto no positivo de Cobo.
   El peronismo, en caso que este lo fuera, bien lo sabe porque duramente lo aprendió: es preferible batallar contra una oposición desintegrada, atomizada y con menos reacciones que una babosa, que enfrentar a un adversario poderosamente universal.
  Y eso es, precisamente, la Iglesia.
  Esa misma, que tiene como jefe a Francisco, quien dejó de ser Bergoglio el despreciable y ahora atiende en el Vaticano.

LA MEGACAUSA
 
 Quiero comentarles, con relación a la meneada megacausa del Registro de la Propiedad, que el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba ha demorado casi cinco meses -con pronto despacho incluido- en resolver la interposición del recurso extraordinario contra la casación que denegó el cese de prisión de los mismos imputados de apellidos Fraga, Tozzi y Finos, el cual además, por supuesto rechazó.
   Pero el Fiscal, aunque no lo crean, pidió extensión de la prisión preventiva para todos ellos el 12 de este mes y ¡tres días después! se la concedieron “inaudita parte”, lo que significa sin dar audiencia o escuchar a la otra parte.
   Resumiendo, el alto tribunal demoró cinco meses para resolver el planteo de los abogados defensores que solicitaban el cese de prisión de los imputados, en concordancia con lo que indican la Constitución y el principio de inocencia, y sin embargo accedió en pocas horas, al pedido del Fiscal de conceder una excepcional prórroga de seis meses más sobre la ya excepcional, sospechosa y abusiva prisión preventiva.
   ¿Deberemos tomar como normal que se demoren tanto para responder al pedido de cumplircon la ley, y tan poco para decidir no cumplirla?
   El domingo próximo, se van a sorprender cuando les revele los números de un estudio acerca de la imagen que los cordobeses tenemos de nuestro poder judicial.