11 de julio de 2013

FALO VENCIO POR NOCAUT A UN “FALUCHO” CONFIADO

  



 Lo que son las cosas: un ex campeón mundial de boxeo, laburante, ciudadano ejemplar, buena persona, se vio obligado a sentirse preso por haber pretendido cobrar un cheque recibido en pago de una deuda, que resultó estar denunciado como robado, ¡por el mismo librador!.
   Ya en primera lectura, es para que cualquier perejil cayera en cuenta que el mundialmente aclamado deportista había sido víctima y no delincuente.
   Pero así son los prismas a través de los cuales ciertos fiscales miran una realidad inexistente, u otra la que los compromisos y las presiones políticas les obligan a ver.
    Es inexcusable establecer una especie de paralelo con lo que le tocara vivir al bueno de Marcelito Falo, emisor serial de más de un centenar de cheques sin fondos, incluso a sabiendas que su cuenta estaba cerrada, de acuerdo con lo que comentan algunos maliciosos.
   La enorme diferencia entre ambas situaciones, radica en que “Falucho” Laciar fue al Banco de Río Ceballos de cuerpo gentil, inocentemente y con la legítima carga de sus laureles encima a cobrar lo que había ganado de buena fe, mientras que el ex amigo, ex brazo derecho de De la Sota, ex vocero, ex hombre de la máxima confianza del exaltador del cordobesismo, ex legislador, ex manejador de la publicidad política, ex alto funcionario pagado por los impuestos abusivos y extorsivos que oblamos los cordobeses, gastó más de diez biromes firmando compromisos voladores de mala leche por cientos de miles de pesos, y pescado “in fraganti” ni siquiera le pintaron los dedos.
   Pero los administradores de justicia suelen ser demasiado benévolos con algunos figurones y los códigos argentinos, más que rigurosos cuando se trata de un cualquiera de a pié.
   Es más, se me ocurre que Marcelito en algunas declaraciones inútilmente exculpatorias, deslizó la necesidad que le pidiéramos disculpas.
   Marcelito, avezado y angurriento piloto de aerocheques, recaudador de ahora anónimos y desentendidos beneficiarios, nunca perdió la libertad, a lo mejor por aquel anuncio de que estaba honrando sus deudas.
   Peor aún, fue premiado con un trabajo que le ofreciera otro personaje ligado entre otras cosas con grandes proyectos y algunas realizaciones inmobiliarias, privilegiadamente vinculado en la Megacausa del Registro de la Propiedad, pero gozando también de libertad y sin estar sometido a la inhumana coacción de la prisión preventiva.
   Es que cuando Falo cayó parcialmente en desgracia (porque desgracia total es que te metan preso) el pope de Gama (¿por qué algunos maliciosos sostienen que ese nombre es en realidad una sigla de Gabriela Medina Allende, si ella ni su afamado papá nada tienen que ver?) de apellido Petrone, anunció que incorporaba a Falo a su empresa, aunque sin detallar las funciones que ¿le confiarían?.
   Seguro que como recaudador, no lo habilitarían.
   Volviendo al sainete de estas últimas horas, por fortuna esa gloria cordobesa que es “Falucho” quedó en libertad, una libertad que ningún fiscal en su sano juicio tendría que haber violentado, por lo menos al conocerse las explicaciones del retirado y laureado púgil.
   Y si a los dos -Falo y Laciar- les hiciéramos compartir el ring, nos encontraríamos con que al final de la breve pelea el ahora ex amigo del poder saldría con su puño en alto, triunfador por fuera de combate.
   Porque en la arena de la indecencia, en el reino del amiguismo, en la política de las complicidades, en la camarilla del manejo de dinero ajeno y en el cuadrilátero de los pactos de mutismo, la historia viene demostrando que el mánager es más importante o más carteludo que el boxeador.
   “Falucho”, acusado de encubridor, ni siquiera tiene mánager.
   Y el mánager de Falo es su propio y encubridor silencio.