21 de agosto de 2013

HABLEMOS DE LA GRIETA




Tiempo atrás y no hace mucho, los argentinos vivíamos embroncados entre peronistas y radicales, zurdos y fachos, gordos y flacos, millonarios y xeneizes, pobres y ricos, blancos y negros, civiles y militares, leprosos y canallas, tallarines y piratas, Chevrolet y Ford y una interminable lista de históricos antagonismos.
Las cosas no han cambiado con el tiempo aunque la cuestión sea ideológicamente folklórica más que beligerante.
Por eso cuando se habló de la grieta actual que nos separa, tal apreciación no sorprendió a nadie porque cada uno somos partícipes necesarios y obligados en este penoso desencuentro nacional.
Si desde arriba se alienta la división entre K y anti K, por esa malsana postura de autoritarismo apolillado por los tiempos que considera enemigo a todo aquel que piensa o se expresa en discordancia con el pretendido discurso único, también desde los sectores de la divergencia (los políticos, el campo, algún periodismo, parte del empresariado y un electoralmente probado 74 por ciento) no hacen otra cosa que estirar las distancias que nos separan.
Solía ser una delicia discutir porque los argentinos somos apasionados por naturaleza y era esa una de las clásicas costumbres en las reuniones familiares, la mesa de café, el club o en un velorio: política, fútbol y mujeres nos devoraban buena parte de nuestro tiempo.
Ahora es como si la contienda enfrentara al llamado grupo hegemónico, liderado por PPT contra otro exponente de la hegemonía oficialista y pensante que es su costoso aparato propagandístico, una de cuyas banderas es 6-7-8.
A los formadores de la libre opinión les han opuesto ese invento del “periodismo militante”, desembozada y en algunos casos patética maquinaria promocional que pretende influenciar masas desde una ausente objetividad y precario equilibrio de pensamiento.
Como si todo y reemplazando la maravilla de debatir, exponer ideas, proyectos imaginativos, audacia creativa, lo más importante fuera descalificar al oponente tanto desde una vereda lo mismo que desde la otra.
No es un solo sector y bien lo sabemos, el que estimula las profundas grietas en la convivencia de los argentinos, porque el enfrentamiento viene ganando en virulencia y agresividad para perjuicio de todos.
Cuando las conflictivas circunstancias imponen la razón y el diálogo, es como si se buscara exacerbar -desde ambas veredas- una especie de nostalgia combativa y por ahora inerme, que nos remonta a los años de la que llamaban “lucha armada” buscando entonces reemplazar con ese mecanismo -antes con la violencia y ahora con la soberbia- la vigencia de la Constitución y de las leyes.
Se me ocurre que dejando de lado “la década ganada” es hora de reflexionar sin perder la pasión pero recuperando el respeto; propiciando el debate por encima de las imposiciones y del mesianismo; pensando en grande y no tan solo con egoísmos políticos, ambiciones de poder o vocación de perpetuidad.
La filósofa española María Zambrano tiene razón, al sostener que las utopías nacen solamente dentro de aquellas culturas donde se encuentra claramente diseñada una edad feliz que desapareció.
Nadie pretende ni sueña que saquemos masivamente el carnet de buenitos, nos abracemos en las plazas, olvidemos los insultos, pero es hora que caminemos codo a codo gobernantes y opositores, para hacer la Patria grande que hace rato merecemos y ellos mismos hacen todo lo posible, para que no sean eternos los laureles que supimos conseguir.

Gonio Ferrari