24 de septiembre de 2013

¡TANTO ESCANDALO POR UNAS CALZAS!


   Es innegable que los medios periodísticos -especialmente los concentrados- han hecho desde que me acuerdo, una especie de escandaloso culto al estrépito del tumulto y más cuando la principal protagonista del alboroto nacional ha sido una mujer.
   Como si las imposiciones de la moda fueran un insulto para ciertos ojos críticos y una bendición visual para otras miradas complacientes, esas de la forzada y declamada militancia por la obediencia debida al aplauso y al dudoso buen gusto.
   Todos los programas de televisión, por eso que algunos sostienen que el país no genera noticias, se trenzaron a opinar, hacer encuestas, convocar a los termómetros de la moda y hacer concursos populares y nacionales sobre la conveniencia y la oportunidad, o no, de lucir calzas.
   Desde la oposición a esta prenda sostenían que los kilos de más se resaltan, que los rollos se hacen más notorios, que la edad no es la más apropiada y otros argumentos tan descalificadores como la acusación de haber dilapidado el recato que debe adornar a toda persona pública.
   En cambio los de la otra vereda (siempre hay dos veredas) baten palmas, dicen que tiene derecho a usar lo que se le antoje y por eso tantos argentinos … y argentinas la siguen y la tienen como emblema; como modelo a imitar.
   Para colmo su hija, que por allí a la hora de opinar es como si “le chiflara el moño” directamente no se mete con ella, pese a que varias veces ha planteado posiciones antagónicas que en su momento asombraron a sus simpatizantes -o no- de la pantalla chica o plasma grande, donde la doña y usuaria de las calzas es frecuente y casi diaria figura.
   En honor a la verdad, alguno de sus asesores debiera indicarle que en homenaje al culto de la buena estampa, aparece como desatinado usar esa prenda con su talla grandota, su edad tan poco apendejada y el respeto que se debe a quienes por gusto o por bronca, la miran por TV.
   No hay caso.
   Es difícil que lo entienda, como tantas otras cosas en las que se empeña filosofando por mostrar un conocimiento que pierde credibilidad con el paso de los años.
   Alguien de sus allegados tiene la obligación patriótica de decirle a doña Moria Casán que ya no está para tales atuendos.

   Ni para esos trotes.