24 de octubre de 2013

VOTAR: NO EXISTE NADA QUE JUSTIFIQUE EL MIEDO





“Los que trabajan tienen miedo
de perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo
de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre,
tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar
y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar
y el lengüaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares,
los militares tienen miedo a la falta de armas,
las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre
y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura,
al tiempo sin relojes, al niño sin televisión.
Miedo a la noche sin pastillas para dormir
y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad,
miedo a lo que fue y a lo que puede ser,
miedo de morir, miedo de vivir”.
   Este maravilloso compendio de los temores de toda la vida es obra del escritor Eduardo Galeano, del que no me apropio, pero sí aplico a la realidad que vivimos los argentinos.
   El domingo próximo votamos no tan solo para renovar bancas en el Congreso Nacional, sino también (así lo hace pensar la postura oficialista) para plebiscitar la acción de gobierno en todos sus aspectos.
   Y de ninguna manera tomo como mía la arenga lanatista en el cierre de su último programa, cuando aconseja votar sin recelos ni sobresaltos.
   Votemos a conciencia, con sentido crítico y sin miedos, no en contra de nadie sino a favor de propuestas superadoras y si no las encontramos o si no nos sentimos representados, hagamos el renovado sacrificio de perseguir quimeras y utopías ideológicas que son los elementos que mantienen las esperanzas de muchos argentinos cansados de las defraudaciones morales y de los tropiezos éticos de muchos partidos políticos.
   Al país lo vamos a reflotar participando de su vida y de su historia, y no  buscando la comodidad de la automarginación que equivale al suicidio cívico.
   Votar sin miedos es madurez; es grandeza; es la superación intelectual de las aprensiones, del desaliento y de la cobardía.
   Votemos con el alma y con amor a la Patria.
   Con el corazón hacia el futuro.
   Y con memoria.