20 de noviembre de 2013

MORENO, ENTRE LOS EXITOS Y EL FRACASO


Lo fueron a Moreno.
Como a Juan Duarte, el violador serial cordobés y posiblemente lo mismo que a un par de policías provinciales, lo obligaron a suicidarse.
Sin embargo y como ciudadano, me voy a permitir discrepar con esa corriente opositora que seguramente sin analizarlo, habló de fracaso por parte de este funcionario emblemático de la prepotencia, del grito, de la agresividad, de la patota, amparado por la impunidad que le otorgaban los artífices de un sistema que el bueno de Guillermo tenía la obligación política de hacer respetar.
Moreno cumplió su cometido a la perfección porque fabricó un sainete de conflictos, para un gobierno que los necesita para encubrir una situación macro que ya lo ha superado.
Los números son indiscutibles, como es inocultable el malestar social pese a los golpes de efecto, reapariciones, simpatías, peluches y mascotas bolivarianas.
“Si eres hombre alza tus ojos para admirar a los que han emprendido cosas grandes, aunque hayan fracasado”, sostenía Séneca una punta de años atrás.
Aquellos que suponen que ha terminado el ciclo del personaje de actitudes circenses se equivocan a la luz de la realidad, una realidad que nos indica que como premio ha recibido una beca en el exterior no para alejarlo de nuestro país, sino para acercarlo a esa enorme fuente de poder que es el Vaticano, enclavada en el corazón de Roma, a corta distancia de nuestra Embajada.
Su Santidad, que lee los diarios argentinos cada mañana antes que nosotros -todos, los del monopolio privado y los del monopolio estatal- es difícil que se enceguezca con los espejismos que Moreno intentará vender en Europa, donde hace tiempo ya saben que los Reyes Magos son los padres.
Moreno, dentro de todo, es un patriota y como tal hay que reconocerlo.
“Nadie fracasa tanto como cree y nadie tiene tanto éxito como cree. El éxito y el fracaso -lo dijo Kipling- son dos impostores que uno tiene que reconocer y enfrentar”. La cita es de Jorge Luis Borges.
En lo personal había optado por no ensañarme con Moreno, porque no es elegante ni humano pegarle a quien está nocaut en la lona.
Este no es el caso.
Ya verán que con magulladuras, moretones en los párpados a media asta y su soberbia intacta, tiene ahora un nuevo escenario para seguir haciendo daño.
Lo mandaron a dividir y dividió; lo mandaron a agredir y agredió; lo mandaron a fundir y fundió.
Lo mandaron a distraer y fracasó.







Gonio Ferrari