18 de diciembre de 2013

18-12-13 EPEC - LOS CORTES - BAE - ETC.

LO UNICO QUE FALTA ES QUE LA CULPA SEA DE ESCHOYEZ



   Cuando alguien asegura que nunca más sufriremos cortes de energía y promete lo que sabe que es imposible de lograr, queda consagrada la defraudación a las expectativas de la gente apenas vemos que se apaga la luz, que los ladrones de apoderan de las calles y de los techos, que se pudre la comida, que el ascensor no funciona y que en muchos casos, cuando regresa, te revienta los electrodomésticos.
   Tanto comerciantes como empresarios sufren la pérdida de mercadería y de clientes y de esos quebrantos nadie se ocupa.
   La electricidad debe ser sin dudas uno de los elementos más importantes en lo que hace a la calidad de vida, más allá del confort y tomando ese servicio como una necesidad esencial e insustituible.
   No es viable tener un generador en cada casa.
   Cuando después de sus éxitos con la nueva terminal de ómnibus, el faro sin mar y otros papelones el contador Schiaretti se despedía de la gobernación y daba paso a una estudiada y necesaria alternancia con De la Sota, fue una frase de campaña aquello que jamás volveríamos a padecer cortes en el suministro como consecuencia del incremento de la demanda, tanto en invierno con los calefactores como en verano con los ventiladores o los acondicionadores de aire.
   Los enganchados ya no serían un problema porque estaban “blanqueados” con la tarifa social, a la que dicho sea de paso, se plegaron algunos vivillos que no la necesitan ni la merecen.
   Y en la relación que existe entre la EPEC y los vecinos, aparecieron nubarrones empujados y oscurecidos por esa gratificación que reciben todos sus dependientes, caratulada como “BAE” (Bonificación Anual por Eficiencia).
   Es lo mismo que si les pagaran a los guardiacárceles por no dejar escapar a los presos, a los médicos por curar enfermos, a los frailes por bendecir estampitas o a los de la Caminera por no manguear, por la simple razón que todos estamos obligados a ser eficientes, honestos y correctos.
   Que en algunos ámbitos de la actividad privada se premie la contribución laboral o gerencial por contribuir a mayores logros, es una costumbre aceptable por el estímulo que implica.
   Pero en una empresa decadente, tecnológicamente estancada, con deuda creciente y asumiendo compromisos crediticios a futuro sin que nada de eso se vea traducido en una mejora de la prestación, no deja de ser una burla para el usuario que tanto en invierno como en verano está obligado a padecer las consecuencias de la desinversión y la desidia.
   Los trabajadores de la EPEC merced a una conquista gremial de tiempo atrás, perciben ese premio anual que llega a ser suculento en algunos casos. No pongamos el tema en discusión, para evitar que alguien piense en una censura “al movimiento trabajador y sus legítimos logros”.
   Pero de allí a que los directivos desde su Presidente para abajo, verdaderos artífices de la declinación y el menoscabo, se lleven tan siquiera una moneda del presupuesto que por su acción se ha desquiciado, nos impulsa a pensar que en materia de absurdos no todo ha sido inventado en este cambiante universo de sorpresas.
   La situación no ha mejorado y con los primeros días de temperaturas superiores a los 33 grados, volvemos al reiterado, injusto, inmerecido e ignominioso padecimiento del que nadie se hace cargo en sus consecuencias, salvo los rehenes-usuarios sostenedores de este sistema perverso.
   A febrero próximo, tendremos un aumento del 26 por ciento en la tarifa, que seguramente se trasladará también a la BAE y con certeza, no en proporción a la calidad de la prestación.
   Ya estoy escuchando a los onerosos disculpadores y justificadores profesionales con sus percudidos argumentos de la lucha política con la Nación, del Servicio Interconectado Nacional, de la reparación de la turbina, de la inminente entrada en servicio de la central Pilar, de los que cuelgan los ganchos y la más inverosímil, graciosa y necia de las excusas: el exceso en la demanda, o sea que se sacan los piojos y quieren que se los recibamos en nuestras cabezas: “la culpa no es nuestra sino de los que encienden las luces”.
   Gaby, Fofó, Miliki y Piñón Fijo serían mucho más serios.

                                                                                          GONIO FERRARI