4 de diciembre de 2013

CAPITANICH Y DE LA SOTA, MERODEADORES DE LA LEY








   Quienes merodean están en la doble e inútil misión de no hacer nada limitándose a una observación de cualquier situación, especulando acerca del momento en que resultaría provechoso intervenir. Una actitud que no es exclusiva de los malhechores sino también y con alarmante frecuencia, suele ser un distintivo de cierta clase política.
   De la Sota cayó en eso desde que pese a lucir en los actos patrióticos un bastón de mando, no lo ejerce en plenitud porque hace tiempo es un mero observador y  tardío analista de instancias críticas en cualquiera de los ámbitos de su actuación. Lo peor de todo es que está convencido de haber desempeñado un decoroso papel como gobernante, mientras la provincia se debate en una maraña compuesta por narcotráfico, endeudamiento, corrupción, inseguridad, decadencia en la calidad de vida, peleas constantes con la Nación, sospechas palaciegas, acusaciones cruzadas y olímpico desprecio por la gente, lo que ha quedado patentizado en la última elección, por haber perdido 80 mil votos con relación a un mes y medio atrás. Hace pocos días hubo cambio de cúpula en materia de seguridad y tuvo un debut deplorable, porque su inteligencia no detectó la gravedad de la situación en el seno de la policía y cuando explotó, nada se supo del nuevo jefe ni de la nueva ministra mientras el gobernador seguía de viaje, casi sin haber desarmado las maletas que trajo desde su periplo por China. Los policías imposibilitados de reclamar formalmente empujaron a sus mujeres y De la Sota empujaba el avión para llegar antes que se derrumbara definitivamente su imagen con vocación y pretensión presidencial.
   A todo esto y a media mañana, el super ministro Capitanich sacó a relucir su forzada “cara de poker” para restar trascendencia a lo que ocurría en nuestra ciudad, mostrando frente a los periodistas su apuro por viajar a Paraguay a un acto protocolar. Dijo que nadie le había requerido el envío de fuerzas nacionales para restablecer el desquiciado orden mediterráneo y se cansó de anunciar (al término lo utilizó al menos diez veces) que primero era necesario “monitorear” la situación de Córdoba, después que todos, todos los canales nacionales se hartaron de repetir las durísimas y espantosas imágenes del desmadre que padecíamos. Fue en ese instante que la realidad le otorgó también el título de “merodeador”.
   No es correcto requerir ayuda de madrugada mediante Twitter, como es una gansada negar la existencia del problema cuando las imágenes ya dieron la vuelta al mundo. Capitanich seguramente conoce el artículo 23 de la ley 24059 de Seguridad Interior, pero al ser un merodeador de su contenido, optó por desconocerla. Los dos tuvieron una pésima actitud: De la Sota por eludir la via formal en el requerimiento de ayuda y el virtual presidente (¿la Sra. K sigue con su terapia?) por minimizar un drama que incluso ha costado muerte, heridas, dolor, luto e incertidumbre.
   Es probable que De la Sota esté padeciendo el “síndrome del tercer mandato” en el que más de uno cayó nocaut, pero con certeza la culpa sea de los niveles intermedios y nunca de la cabeza, cuando es la cabeza quien juzga con una curiosa displicencia a la hora de la autocrítica. Las horas pasan. De la Sota busca rodearse, algo tardíamente, del apoyo de peronistas, opositores variopintos, empresarios y sindicalistas para victimizarse públicamente y acusar al poder central de instrumentar una intervención federal. Se puede pensar que subliminalmente haya sido ese el objetivo como culminación de la añeja, estéril y estúpida lucha entre Córdoba y la Nación.
   Porque en el medio de esa lucha despiadada, alejada de los códigos, del patriotismo y del respeto está la gente; está el Pueblo de Córdoba que asiste azorado al desastre de ver los saqueos por el daño en sí y no por hambre, levantándose la sospecha de la profesionalización de los instigadores, como si pertenecieran al “campo rentado”. La destrucción y quema en la Casa Radical de años atrás vuelve inevitablemente con esas imágenes. Si hay arreglo o no con los policías en sedición que incluso cambiaron de abogado, es lo de menos porque la fractura de la paz social se ha consumado y para estos casos las disculpas y las cicatrices son una imbecilidad que los mediocres utilizan como justificativo.
   Vienen dos mil gendarmes, enviados generosamente por la Nación, en un nuevo y patético caso de la argentina vigencia de las “soluciones post mortem”. Y una pregunta que me atormenta: ¿todavía están en sus cargos las señoras que se sentaron oportunamente en los sillones de la vicegobernación y del ministerio “de inseguridad y narcotráfico”?
GONIO FERRARI