4 de diciembre de 2013

EL REGRESO AL MIEDO




 
   Los gobiernos de la prepotencia, del sojuzgamiento y del desprecio por la libertad, apoyaron siempre su repudiable estilo en la instauración del miedo; del miedo a reunirse, del miedo a opinar, del miedo a pensar, del miedo a no ser carne de rebaño, del miedo a ser libres e incluso del miedo a ser íntimamente feliz.
   En los más penosos tramos de nuestra historia reciente los miedos fueron protagonistas casi excluyentes que nos anularon la personalidad, la sociabilidad y llevaron al tenebroso reino de las dudas algo tan sagrado como lo ha sido siempre la amistad. ¿Se acuerdan cuando tratábamos de no saber, por miedo, cómo pensaban los amigos?
   Las mordazas y los silencios impuestos a sangre, tortura y muerte mutaron nuestra rebeldía en supervivencia y la valentía en temores, angustias y mutismos que derrumbaban el recóndito estruendo de nuestros pensamientos e ideologías. El poder del terror nos hizo distintos y el fuego sagrado tuvo un indigno destino de freezer.
   La desconfianza pasó a ser primera actriz y el recelo su amante inseparable.
   Los sicólogos y los sociólogos pueden tener sus posturas académicas, pero tengo la convicción que cada miedo es celoso dueño de su impronta; de su sello personal que lo transforma en único.
   Ayer, anoche y esta madrugada tuve miedo, el miedo atroz a saberme solo en la soledad del abandono por la injuria del desgobierno.
   Somos prisioneros del más atávico y horrendo de los miedos: el miedo a la soledad.
   Porque aunque vociferen un discurso que ni ellos creen, la verdad fue que la Nación y la Provincia nos dejaron solos, indefensos y desamparados porque para ellos era más importante -y lo sigue siendo- la miseria política de su ciega y demencial lucha por espacios y por poder.
   Serán las urnas, en su momento seguramente, las que le pondrán precio a esa egoísta, desalmada y mezquina actitud.
                                                                                          GONIO FERRARI