12 de enero de 2014

SLB-120114-EL HUMO DE LOS TOMATES, POLICIAS Y CELULARES, PETRONE, MEGACAUSA, DAKAR, etc



EL HUMO DE LOS TOMATES



   Realmente llamaba la atención que gente grande, notorios y avezados políticos con reconocida experiencia, encumbrados dirigentes, hubieran centrado su atención en algo tan intrascendente como los tomates.
   Como si los argentinos omnívoros por naturaleza pero más que nada carnívoros por fanatismo, de repente hubiéramos abdicado de nuestros principios alimentarios, para entregarnos a la adoración de ese fruto de bello color, armoniosa forma y sabor único, como es el tomate.
   Porque más allá de su presencia tradicional en algunas ensaladas, cortado al eje y salpicado con orégano o utilizado para salsas rojas, el tomate no es imprescindible aunque esté aparezca como figura descollante en la gastronomía nacional … y popular.
   Decir que alguien está del tomate, es haber descubierto un sesgo de locura en el destinatario; tomate el palo nada tiene que ver con la comida, pero se usa; me hace mal el tomate … tomate un vino, tomate un vodka, tomate un ferné, es el viejo chiste archi conocido.
   Pero pretender que el tomate se constituya en aglutinante de un pueblo o en disparador de desencuentros, ya roza en el delirio.
   Hay que estar medio turulo para especular con traer tomates desde Brasil, para obligar a los productores vernáculos a ponerle un precio accesible, y no andar manipulando la demanda para ajustar la oferta.
   Y como en lo personal, tener o no tener tomates dentro de mis vituallas no es significativo, se me ocurre pensar que fue una barata y poco feliz cortina de humo que solo diluyó en parte algunas otras preocupaciones que tenemos los argentinos.
   Haber perdido en la última semana 400 millones de dólares de nuestras reservas por el descontrol del blue, es solo una.
   A lo mejor es por eso que ahora los tomates me indigestan.


LOS POLICIAS Y SUS CELULARES



   Todos los policías tienen equipo de comunicaciones ligado a la central de la fuerza, lo que les permite a veces llegar a los lugares donde los requieren.
   El respeto a la propiedad privada impone asimismo, que no se cuestione que esos mismos policías, tengan su propia telefonía celular como contacto con su familia, amigos, allegados, colegas, etcétera.
   El problema se plantea en el uso que los policías, cualquiera sea su grado o jerarquía, le dan a su telefonía celular mientras están prestando servicio.
   Quiero ser absolutamente sincero al plantear que por costumbre, no confío en quienes desconfían de mi y por eso me revienta, por ejemplo, que los policías estén hablando o enviando mensajes de texto con sus celulares cuando estoy, por ejemplo, haciendo cualquier operación en un banco, donde a mi, si, me tienen prohibido usar el celular.
   Es probable que la confianza se haya quebrado cuando empezamos a ver con penosa frecuencia, la participación de malos policías en hechos delictivos tales como arrebatos, salideras y episodios parecidos, lo que vendría a explicar esa fractura.
   Más allá del efecto distractivo, no es correcto que un uniformado desatienda sus obligaciones por cuestiones particulares, jugueteando embelesado con un aparatito mientras se le escapan las tortugas.
   La prohibición del uso de telefonía celular por parte de policías en funciones será positiva cuando se cumpla, pero más que nada, cuando los superiores la respeten y la hagan cumplir.
   De lo contrario, de nada servirá anunciar una medida drástica si después la burlan como se les antoja.
  

   
PETRONE Y EL REVOLEAR DE LA MEDIA

   Eso de la última palabra que se le concede al acusado de violar la ley, antes que el tribunal entre a deliberar para aplicar la pena o absolver, es un mecanismo al que no todos apelan y si lo hacen, el discurso suele reducirse a un par de frases declamando inocencia.
   En el caso del juicio contra el desarrollista Jorge Petrone fue distinto tanto en extensión de esa última palabra copmo en los contenidos de la imaginaria media que el poderoso reo entró a revolear a diestra y siniestra, arriba y abajo, adentro y afuera de los tribunales.
   Es cierto que para el común de los observadores fue la actitud previsible de un hombre que por conocimiento o intuición, tenía la certeza que de la sala de audiencias volvía a salir esposado rumbo a la cárcel.
   Entonces, Petrone habló jugado y seguro que todos sus proyectos desde ese día tendrían que ajustarse a su condición de preso, lejos de las reuniones de directorio, de su relación con la farándula y de su innegable capacidad para motorizar emprendimientos inmobiliarios.
   Pero aprovechó también la nutrida cobertura mediática, para señalar con nombres y apellidos a quienes según él, lo habían presionado pidiéndole abultadas sumas de dinero, incluyendo en esas supuestas operaciones al abogado que en su momento asumiera la defensa de Angeloz cuando lo acusaron de enriquecimiento ilícito.
   Y al escuchar a Petrone, se me vino a la cabeza el recuerdo de un señor Cerdá, juzgado también en la megacausa del Registro de la Propiedad, quien en circunstancias similares planteo denuncias formalmente, que alcanzaban a dirigentes políticos y otras autoridades, y nadie hizo nada para corroborarlas o desestimarlas.
   Las acusaciones de Petrone fueron demasiado graves como para asignarlos solamente valor anecdótico, porque es obligación de las justicia investigar, más aún cuando esas denuncias se hicieron públicamente y en sede judicial.
   Rogamos que por respeto a las leyes esto se haga, y de paso que se actualicen los dichos de Cerdá para ver si existe alguna coincidencia que revalore lo denunciado.
   Si en verdad existe la certeza de la honestidad dentro del Poder Judicial, no creo que exista temor frente a los dichos de dos hombres -Petrone y Cerdá- que no son tan poderosos como los jueces.
   Es la mejor manera que tiene nuestra cuestionada Justicia de preservar eso que ellos, desde adentro y unilateralmente, le llaman majestad.

  
MAS SOBRE LA MEGACAUSA

   Finalizó otro juicio de la causa Registro, en el que Jorge Petrone y otros cinco imputados fueron condenados.
   Aparte de Petrone y su primo, excepcionalmente libres hasta el juicio, los otros cuatro imputados, el 67 por ciento, ya habían cumplido sus condenas previamente, en prisión preventiva.
   Así, los números autorizan a confirmar lo que en toda bibliografía puede leerse:  la prisión preventiva le quita  credibilidad al proceso, porque si sistemáticamente se invierte el orden, violando la Constitución, es decir, primero se cumple la pena y después se va a juicio, el resultado  no es imparcial ni creíble, ya que se debe justificar lo que ya está hecho.
   Ese 6 por ciento de los imputados en prisión preventiva es la prueba de  haber violado la excepcionalidad de su aplicación y haberla convertido en regla, lo que siempre hemos sostenido desde este espacio.
   Y algunos datos más:  el  total de los imputados que estuvieron en prisión preventiva, fueron condenados, casi no existen absueltos en esta causa, y ninguno de preventiva.
   A la luz  de estos números, puede decirse que a la condena, en realidad,  la dicta el fiscal de Instrucción que es siempre el mismo, que el "debido" proceso se transformó en "cualquiera", y que el juicio, siempre en la misma Cámara, es sólo  una escenografía mediática.
   Por eso e independientemente de la culpabilidad o inocencia de cada uno, el reclamo es el mismo: al no respetarse y cumplirse  las leyes y violarse las garantías constitucionales y del debido proceso, se mete todo en una misma bolsa, y no se puede saber así quién es culpable y quién no lo es. 
   Esto es grave, porque el Poder Judicial tiene la obligación de buscar la verdad y juzgar, pero cumpliendo con las leyes, como única manera de garantizar una verdadera justicia.


EL COSTO DEL DAKAR

   No quiero imaginar la desorientación si a un beduino del Sahara le dijeran que por su tierra se correría, por ejemplo, el desafío de Ischigualasto.
   Eso nos está ocurriendo a los argentinos cuando con nuestra tonta generosidad permitimos que nos encajen por nuestros caminos una competencia a la que le echaron flit en otros países, por los daños que ha venido provocando.
   Más allá del ataque al ecosistema, a la agresión acústica y el peligro que representa para los espectadores, está el deplorable estado en que quedan los caminos utilizados, de lo que nadie se hace cargo: el Estado se queja pero en su momento no hizo nada para establecer las condiciones.
   El tema es tan simple que cualquiera puede advertirlo:el enorme negocio que hay de por medio, del que participan los organizadores, los sponsors, las marcas y algunos periodistas que se aprovecharon del filón, a sabiendas del perjuicio que el Dakar ocasiona.
   Ya sé que es un espectáculo y a la gente hay que entretenerla, pero hay otras maneras menos deplorables de hacerlo.
   El caballito de batalla de quienes lo autorizan en nombre de la gente a la que no le gusta, es eso tan relativo de la promoción turística y la difusión de la imagen argentina en el exterior.
   La verdad, y como están las cosas, me parece que es más efectivo mostrarle al mundo nuestros paisajes que son un privilegio, y no el luctuoso saldo parcial de este Dakar, maldito injerto seudamente deportivo, que hasta ahora en esta edición ha tenido por lo menos cinco muertos.
   Seguro que a la sangre, bien se cuidan de mostrarla.
   Y a esa sangre no la pagan ellos.
   La padecemos nosotros, aunque no nos guste.
  

TOLERANCIA CERO AL ALCOHOL

   Está perfecto eso de la tolerancia cero en el control de alcoholemia a quienes conducen por autopistas, rutas y calles de Córdoba.
   Una medida largamente postergada que de haberse aplicado antes, hubiera disminuido bastante la terrible estadística de muertos en accidentes provocados en alto porcentaje, por la participación de conductores ebrios.
   Así es como funciona la inteligente prevención, por encima de la tardía e inútil sanción a quienes han sido responsables de esos penosos episodios.
   El que atropelló estando borracho, cuando vuelve al camino repite su conducta porque no fue tratado con el rigor que merece y así consagra su propia impunidad: un lacerante círculo vicioso que acentúa la desprotección de los más vulnerables e indefensos.
   Como en todas las instancias parecidas, lo importante no es solo legislar, sino controlar que la ley se cumpla, lo que está sujeto a obstáculos tales como falta de presupuesto, insuficiente planta de personal o la intervención de amigos o influyentes cuando se trata de proteger a algún “carteludo” o notable de cualquier actividad.
   Bienvenida la tolerancia cero, aunque se le debiera aclarar a la Policía Caminera que el control debe tener rigor científico, y la sanción no dependerá tan solo de quien la aplica, porque hay un buen porcentaje de actas que se labran para enriquecer las estadísticas mostrando cantidad en lugar de calidad a la hora de la prevención.
   Es simple cumplir con la tolerancia cero: quien se sienta al volante de un vehículo, no acercarse a una bebida espirituosa y ni loco, deleitarse con un bombón de licor.
   Y si por problemas de enfermedad está obligado a consumir medicamentos, que tome en cuenta ese detalle y viaje con la receta de su médico para justificar cualquier eventual equivocación que le provoque un mal rato.
   Nadie se va a morir por la abstinencia de un día, pero muchos pueden morir por la estupidez de un trago.


TODOS SOMOS LUSA Y COTRECO

   Uno de los servicios más ciclotímicos de la ciudad y sus alrededores, es la recolección domiciliaria de basura, cubierta por la dupla de empresas Lusa y Cotreco.
   Con una prestación que se está haciendo formalmente irregular porque hay semanas que los camiones pasan cuando quieren, a la hora que quieren y por donde quieren, los vecinos han caído en lo más profundo de la desorientación.
   Para colmo, los pícaros de esas empresas han descubierto que colocando contenedores en cada cuadra, quienes trabajan son los vecinos y no tanto los recolectores, pero son ellos los que cobran.
   La política de los contenedores deriva en la peligrosa instalación de focos insalubres por culpa de quienes implementan ese sistema, con la ayuda de los irresponsables de siempre, especialmente los malos comerciantes, que los atiborran desde un día antes y los alejan del frente de sus negocios estacionándolos a las puertas de los contribuyentes.
   Y eso ocurre porque Lusa y Cotreco no inspeccionan sus zonas y si lo hacen, bueno sería dotarlos de anteojos como para que no se les escape una realidad tan mugrienta y hedionda.
   Al final, ellos cobran por la concesión cifras elevadísimas y somos los vecinos quienes hacemos el trabajo más insalubre: juntar la basura para ellos, amontonarla y luego aguantar que no haya paros, asambleas o las avivadas de siempre que eviten el retiro de la basura.
   Llegará el día que nos hartemos y optemos por lo más justo: hacer una vaquita entre los vecinos, alquilar un camión volcador y llevarle toda la porquería a la gerencia de esas empresas, para hacerles ver que se olvidaron de la gente.
   Puede que así, se enteren de la tontera que vienen reiterando desde hace bastante tiempo.


JESUS MARIA: ¿MALA SUERTE O MALTRATO?

   No se sabe si es desgracia o mala suerte, pero el encuentro de Jesús María, mal llamado doma, viene perdiendo la consideración de la gente aunque para preservarla se apele a los fines solidarios de la recaudación, de la que no pocos están excluídos.
   Otro animal murió en la pista, pocas horas atrás.
   No es el primer caso, que sirve más que nada para alimentar esa vieja y recíproca bronca que existe entre los defensores de los animales y los involucrados dinero de por medio con esta actividad.
   Sin embargo y lejos de aplicarse las correcciones que a lo mejor aliviarían la tensión, ambos sectores redoblan sus posturas, llegándose en consecuencia a posiciones francamente irreconciliables.
   No se sabe si hay maltrato a los animales, desconsideración o exceso en las demandas de quienes sostienen que los lastiman con las espuelas o los estimulan de otras maneras.
   Lo mejor, se me ocurre, es que de una buena vez intervengan organismos especializados y establezcan, con rigor técnico y científico, cuál es la verdad acerca de la doma, el amanse, la jineteada o como le quieran llamar.
   Mientras cada sector se encierre en su postura, será cada vez más complicado llegar, no a un entendimiento de partes, sino a una verdad que conforme a todos.
   Me parece que el cariño, tanto de unos como dicen que tienen los otros por los animales, bien merece la búsqueda de una verdad que ponga las cosas en claro.