20 de febrero de 2014

EL DOLOR FISICO ES UN INSULTO A LA DIGNIDAD







El dolor es más soportable para el
que carece de pan” (H. Foscolo)

¿Por qué será que el tormento físico es lo más invalidante para el ser humano? No es casual que los desalmados y los tiranos lo apliquen a quienes se oponen a sus designios o como manera de arrancar confesiones a través de la sangre, del padecimiento y del miedo a que se prolongue el calvario.
Es probable que el paralelo sea exagerado, pero se hace difícil restarle dramatismo al sufrimiento de quienes por su carencia de recursos o de cobertura médica, están condenados a la indignidad del dolor, porque el negocio de los medicamentos carece de cualquier virtud que se parezca a la sensibilidad social.
El deterioro que provoca cualquier enfermedad suele ser controlado por la enorme gama de específicos que integran nuestro vademecum, posiblemente el más amplio del planeta. Y han sido los laboratorios -especialmente multinacionales- las empresas que más han lucrado en nuestro país, transformado a veces en campo experimental de compuestos prohibidos en el resto del mundo.
Los laboratorios que operan en Argentina, a más de su indudable poderío económico, en muchas ocasiones y con distintos gobiernos han impuesto sus criterios científicos y sus caprichos políticos, modificando leyes y haciéndolas adecuar a sus intereses. Viene al caso recordar como ejemplo, la dura lucha del ex Presidente don Arturo Illia en ese sentido.
Sin embargo esos laboratorios cuentan con un condicionante de la situación que les posibilita lucrar desmedidamente con la inocultable complicidad de un poder que permite todos los excesos, en nombre de la salud de la población. Y es así que encontramos situaciones absurdas como los márgenes inverosímiles de utilidades que se advierten al cotejar el costo de un producto con su precio final.
Eso lleva a los laboratorios a tomar de rehenes a los médicos, en muchos casos seducidos tras la imposición de las muestras gratis, por invitaciones a congresos de dudoso nivel científico que son más viajes de turismo que encuentros donde se debata la problemática específica. Esas muestras no son gratuitas, porque el paciente las paga con creces cuando el sistema le impone su compra y utilización, de la que depende la recuperación de la salud que es parte fundamental del bienestar.

Especular con el dolor de la gente; con la desgracia de la enfermedad y sus secuelas, es una vil acción que debe terminar sin que esto signifique el quebranto de nadie ni el riesgo de perder fuentes laborales, que son las amenazas constantes de los especuladores de siempre, que por curiosas razones suelen estar estrechamente vinculados con los círculos del poder donde se toman decisiones.
El gobierno nacional se ha encaminado a terminar con el despiadado abuso empresario, estableciendo precios reales a miles de medicamentos, los más utilizados de la farmacopea nacional y que debido al descontrol habían alcanzado precios astronómicos sobre todo para el bolsillo de los más vulnerables.
Era hora y resulta oportuno destacar que una posición firme al respecto terminará con este perverso camino de impunidades que por la indiferencia oficial, venían transitando a sus anchas los laboratorios, fortaleciendo frente al dolor una cruel manera de imponer precios aprovechándose de las angustias ajenas.
Si los laboratorios ya acostumbrados a especular con la desesperación del prójimo, embolsar fortunas y consolidar un romance de mutua conveniencia con los profesionales de la salud, amenazan con irse a otro país, no les pongamos trabas porque la oferta empresaria es variada como para elegir lo mejor, y terminar con esa salvaje costumbre de imponer métodos reprobables, que transforman un bien social como es el medicamento, en un artículo suntuario.
Porque la salud no debe ser un privilegio de nadie, sino la merecida calidad de vida al alcance de todos.
La salud es también un derecho humano fundamental.


GONIO FERRARI