4 de febrero de 2014

“EL MAS RICO DE TODOS LOS HOMBRES ES EL AHORRATIVO; EL MAS POBRE, EL AVARO”




Esta sesuda sentencia es del escéptico moralista francés Nicolás Sèbastien-Roch, quien suscribía sus escritos con el seudónimo Chamfort y al leerla me transportó a los casi remotos tiempos de mi primera infancia, cuando en la Escuela Olmos (hoy shopping ¡O! by Angeloz) las maestras -que no eran “seño’s”- intentaban inculcarnos las bondades del ahorro “como base de la fortuna”.
Y moneda a moneda, comprábamos estampillas de la Caja Nacional de Ahorro Postal que íbamos pegando en una libreta y podíamos cambiar por dinero efectivo cuando quisiéramos, previa liquidación que nos hacían en el acto.
Por lo general, esta operación se concretaba al final del ciclo lectivo y nos encontrábamos a veces con sumas que sobrepasaban nuestra propia imaginación, porque ya las veníamos pensando en juguetes o en golosinas. Por allí los abuelos y las tías -que por mayoría eran solteronas- nos regalaban de esas estampillas para engordar el álbum.
Eso se llamaba ahorro, porque acumulaba dinero que excedía, para los tiempos en que escaseara.
El escenario ha cambiado, los estilos son distintos y las necesidades actuales, nada que ver con las de más de medio siglo atrás, cuando nuestra moneda valía por lo que valía y no por lo que ahora dicen que vale o que deja de valer.
Como si al ahorro lo hubieran transformado en una repudiable traición a la Patria, parte de una maligna receta del imperialismo o macabro invento desestabilizador de “la opo” y del poder mediático.
Ahora ahorrar es avaricia y representa una deleznable actitud que destroza el sentido solidario. ¡Hay que gastar! es la consigna, en qué comprar es lo de menos, pero olvidarse del colchón y sus secretos, del tarro de galletas en la alacena, del espacio detrás del bidet o del universal y clásico chanchito.
Habrá que ver qué opinan los bancos, cuya oferta de ahorro decreció después de los corralitos y los cepos inexistentes que el gobierno dice haber superado sin reconocer que existen. Total un contrasentido más, es lo de menos.
La embestida antiahorro es oficial, encarnada por ese personaje contradictorio que es el exitoso gobernador del empobrecido Chaco, y curiosamente ascendido a super ministro, Jorge Capitanich.
Es una suerte que en el gabinete no exista el ministerio de Asuntos Ridículos.

No haría falta romperse la cabeza buscando candidato.