11 de febrero de 2014

¡Se robaron un tanque de agua! ---



NADA HA CAMBIADO Y CORDOBA ES UNA GIGANTESCA ZONA ROJA



   Nos dejaron librados a cuanto choro anduviera suelto, permitieron que hordas motorizadas asolaran el centro, los barrios, los supermercados, negocios pequeños, transeúntes y domicilios particulares; se cagaron (perdón por el exabrupto) en las leyes, en sus jefes, en la autoridad y se quedaron esperando en un encierro al que primero mandaron a sus mujeres, que la debilidad del poder político aflojara y les prometiera más de lo que habían pedido.
   Ni en la paritaria más salvaje que podamos recordar se consiguió tanto en tan poco tiempo “de discusión”, porque el viajero gobierno de la provincia tuvo que soportar el indigno espectáculo de ver sus propios lienzos a la altura de los tobillos mientras recibía numerosos y prolijos besitos en la nuca de sus ausencias.
   Los revoltosos tendrían todo: los sueldos soñados, aumentos en los adicionales, equipamiento, patrulleros nuevos, armas, comunicaciones, mejoras edilicias en lo que eran casi taperas, en fin, todo lo que a los dueños de los fierros, de las calles y de las penumbras urbanas y rurales se les había ocurrido reclamar.
   Y como para retomar una iniciativa vergonzosamente perdida y una imagen acentuadamente devaluada, el gobierno engayoló a varios sediciosos, aplicó sanciones, motorizó juicios como para decir “aquí mandamos nosotros y que a nadie se le ocurra otra vez sacar los pies del plato”. Relevo de la cúpula, reuniones aquí y allá, encuentros con los vecinos, diagramas operativos, papeles, papeles, papeles …
   Pero la ciudad sigue mostrando el descarnado rostro de un hampa reinante por la impunidad que le regalaron y la inoperancia policial de la que se aprovechan los multiplicados delincuentes.
   Seguir enumerando detalles de un drama que hace demasiado tiempo padecemos los cordobeses, es reiterar lugares y situaciones comunes, razón por la cual, lo mejor es ejemplificar la realidad con un solo suceso: de un predio industrial enclavado en una barriada, ¡se robaron del techo, el tanque de agua de 1.500 litros!
   Es más o menos como si se afanaran el tanque de nafta de un patrullero o a don Julio César Suárez le robaran el calzoncillo con el uniforme puesto.
   Con ese solo ejemplo basta, aunque el comisario de la jurisdicción haya explicado que “el barrio es una zona roja” (¡¿?!).
   Respetuosamente se hace necesario decirles al inventor del cordobesismo, a su ministro de Gobierno, al titular (¿existe?) del área de Seguridad y al propio Jefe policial, don Suárez, que tengan la honestidad de reconocer de una buena vez, que Córdoba es roja.
   Que toda Córdoba es una gigantesca zona roja.
                                                                                       Gonio Ferrari