9 de febrero de 2014

SLB-090214-BOLETO URBANO, MARCHA ATRAS - EL SHOW DE LOS PRECIOS - LA MEGACAUSA - CONTROL SIN ESTADO POLICIAL NI DELATORES - FUTBOL PARA TODOS - CAMPAÑA DE ANTI AHORRO, ETC



Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del domingo 09-02-14 emitido por AM580 Radio Universidad de Córdoba.








EL BOLETO DEL TRANSPORTE URBANO
 
 Ya se sabe que el apresuramiento no es el mejor consejero en cualquier decisión que se deba tomar, así sea en la elección de un vino, de una mujer, de una mascota o de un nuevo precio para el boleto de nuestro decadente transporte urbano.
   Decadente en la calidad, decadente en las frecuencias pero super rentable a la hora en que sus empresarios hacen los números.
   El apuro de la bancada radical por fijar el nuevo precio no se condice con las angustias que se están viviendo frente a una crisis en la que todo aumenta aceleradamente menos los sueldos
   Ignoro si la maniobra urdida por el mestrismo gobernante es legal y si lo fuera, con dictamen de la Justicia, sinceramente careció de toda elegancia y sentido de la oportunidad.
   Y no nos engañemos con esta tramposa tregua de 15 días hábiles, que solo beneficia a los intocables dueños del sistema, porque incluso cobrando la tarifa vieja, jamás dejarán de ganar, por una elemental y sencilla razón: son también los dueños de las frecuencias y de los horarios, que regularán de manera tal de no perder ni un centavo de rédito.
   Total, con una municipalidad que no controla, seguirán teniendo como rehenes a miles de cordobeses, lo mismo que sin ninguna solución viene sucediendo, hace ya demasiado tiempo.
   Y eso solo, ya es doloroso.

ETERNO “SHOW” DE PRECIOS

   Patético y cómico eso de no permitir aumentos, después autorizarlos y prometer mano dura en los controles, con gente que carece de poder de policía y solo quiere jugar un papel, ilegal por cierto, de justiciera fuerza punitiva.
   El mecanismo del escrache, selectivo como se advierte, olvida por ejemplo dirigirse a quienes por conveniencia política, impericia o ignorancia alientan con sus medidas ciclotímicas la desorientación general, que en el comercio permite el regreso del nefasto “por las dudas”, contra el que no existe poder como para volverlo atrás.
   ¿Será posible que todos, absolutamente todos los productos que aumentaron hasta en un 40 por ciento en los últimos días, se retrotraigan a los valores de mediados de enero?
   Ya sabemos cuál es la respuesta, como también estamos padeciendo las consecuencias: un año atrás salíamos a la calle con un billete de 100 pesos y a la noche regresábamos con el vuelto y ahora, no llegamos ni a la esquina, pese a que se sostiene que no hay inflación.
   Esa sensación, la de impotencia, que no es tal sino una certeza de crisis, no tiene antídotos milagrosos aunque salgan a recorrer los negocios esos voluntariosos militantes que se empeñan en aplicar métodos absurdos.
   Los precios que aumentaron no van a bajar, salvo algunos productos estacionales, porque llegaron a un nivel de meseta, que por nuestra condición de consumistas vamos a seguir aceptando.
   El único remedio, es que el Estado aplique la ley con los mecanismos contemplados en ella y no con bravatas que más mueven a escepticismo, abandono… y risa.

NOVEDADES EN LA MEGACAUSA

   Este  viernes se reanudó el juicio de la causa registro pese a existir un Recurso Extraordinario por  falta de imparcialidad de un magistrado: una de las partes solicitó el apartamiento de un vocal, alegando falta de imparcialidad al haber participado ya en el mismo proceso, dictando sentencia 20 veces.  Esto lo establece claramente el código, permitiendo también solicitar el apartamiento de un juez  sin causa, por única vez. La Cámara respondió que: "..no corresponde el apartamiento del vocal,  porque no ha intervenido anteriormente en esta causa, ni ha tomado conocimiento de los hechos de la acusación...", es decir, una causa independiente distinta de las otras.
   Renglones más abajo rechaza el apartamiento sin causa expresando: "Como ya quedó aclarado, las presentes actuaciones forman parte de la denominada megacausa del Registro, y ya en otro juicio fue requerido, pese a que el solicitante no es parte en el proceso en donde se habría producido ese apartamiento.  Ahora dicen que es una misma causa y esa posibilidad ya se usó.
   Se plantea una curiosa situación: según  conveniencia el Tribunal afirma que son todas causas independientes o que es una sola "megacausa", siempre en beneficio de una mayor represión penal y, en este caso, imponiendo arbitrariamente el juzgamiento por un magistrado con una imparcialidad manifiestamente afectada. En tanto que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, se desconocen  las reglas de la lógica y se vulnera la sana crítica racional. Se ha dicho que "..el juez debe observar los principios lógicos supremos que gobiernan la elaboración de los juicios y dan base cierta para determinar cuáles son verdaderos o falsos." Esto afecta el derecho al debido proceso, defensa en juicio e imparcialidad del juzgador,  y genera un  juicio viciado por desconocimiento de elementales preceptos constitucionales.

CONTROL ESTATAL SIN ESTADO POLICIAL

   La historia nos ha venido enseñando a lo largo de los años y con irrebatibles ejemplos, que en nuestro país es materia de mayores estudios técnicos la evasión, que el necesario cumplimiento de los compromisos tributarios. En forma exponencial creció la nómina de impuestos hasta conformar un cúmulo de obligaciones que se ha hecho imprescindible elaborar una especie de calendario paralelo con los vencimientos.
   El Estado -que somos todos… y todas- no puede sostenerse sin esos aportes y vive aplicando medidas que le permitan disminuir el número de evasores a las contribuciones que fija a las distintas actividades y productos. No es necesario ser experto en economía para apreciar no los procedimientos, sino los resultados de medidas inapropiadas e inoportunas y la aplicación de burdos y olvidables parches en errores cometidos y jamás asumidos.
   Y al hablar de la política económica nacional, exageradamente ensalzada con la grandilocuencia de rotularla como “la década ganada” ya sabemos que no es una falacia de los medios concentrados, sino por información del mismísimo Banco Central, que día a día estamos sacrificando reservas hasta llegar a niveles pocas veces padecidos en los últimas años, para sostener algo del valor de nuestra anémica moneda.
   Tal el escenario para un sainete del que no participó el pueblo como en las históricas convocatorias a la Plaza de Mayo, ahora actos reservados a la más rancia militancia de funcionarios y aplaudidores, sin correr los riesgos ciertos de algún cartel o cualquier otra expresión de desacuerdo. Más que oratoria de autocrítica o de enfoques de una realidad agobiante, los discursos son arengas para responsabilizar y demonizar al prójimo pero jamás reconocer errores o rumbos equivocados, porque para el enfoque K las culpas siempre son ajenas.
   Y desplazándonos geográfica e históricamente al Paraguay de Stroessner, viene al caso citarlo como ejemplo de la instauración del estado policial cuando por tiranía o dinero se fue tejiendo una red ciudadana de delaciones, con raigambre nazi, de todo aquello que no coincidiera con las posturas oficialistas en  cualquier aspecto y no tan solo en cuanto a sus políticas. La versión izquierdosa se puso en práctica en la Cuba castrista desde su alineamiento con la vieja URSS, mediante organismos barriales de control que llamaron Comité de Defensa de la Revolución, cuyos integrantes de la más conspicua comunión ideológica eran una patriótica muestra de solidaridad, como asimismo de espionaje doméstico con sus lógicas delaciones de todo aquello que osara contradecir el discurso único que partía desde la usina del poder central. 
   Aunque los argentinos hayamos padecido dictaduras feroces, la acechanza interna, las escuchas telefónicas y la infiltración en gremios y centros de estudiantes que eran las prácticas corrientes de los curiosamente llamados “servicios de inteligencia”, siendo honestos nunca llegamos a extremos tan dramáticos que nos llevaran a desconfiar hasta de vecinos o parientes.
   El Estado tiene mecanismos legales para detectar y sancionar a quienes violen las leyes, el incumplimiento del pago de los cánones y las situaciones abusivas en materia de precios o de las operaciones con moneda extranjera a cualquier escala. No es necesaria la amenaza de quitar subsidios, de chequear la intimidad de los trabajadores a través de los sindicatos o de lanzar a la calle hordas de militantes para controlar lo que desde el mismo gobierno, por impericia o necesario apresuramiento, se hizo incontrolable.
   Los argentinos no necesitamos que nos espíen, que nos vigilen o nos vivan atisbando, como si fuéramos una sociedad de 40 millones de sospechosos que están buscando perjudicar, no al Estado pero sí a un gobierno que en más de una década no tuvo la grandeza de reconocer errores, porque la soberbia de un legítimo aunque ahora devaluado 54 por ciento aún se aplique para agrandar de manera sustancial a los mediocres y faltos de argumentos.
   Los argentinos no necesitamos otra cosa que ser gobernados todos… y todas sin distingos de oficialistas u opositores; de seguidores de los “medios hegemónicos” o de los del “poder concentrado”; de citadinos o gente de campo; de civiles o militares y de tantos otros ejemplos de “esto” o de “aquello”.
   Por Dios, aunque de Èl se acuerden solo cuando hay turbulencia o en las visitas al Papa Francisco, necesitamos unión más que látigos; conducción más que bravatas, imaginación más que remiendos, honestidad más que sospechas, respeto por la ley más que corrupción, sensibilidad más que propaganda, grandeza más que enanismo ideológico, veneración de la ancianidad más que fútbol para todos, autocrítica más que arrogancia, humildad uruguaya más que altanería nacional y popular, democracia más que autoritarismo…
   La situación y su escenario nos obligan a ser todos peronistas -de Perón y no de quienes se apropiaron de sus banderas- porque una de sus históricas definiciones nos ahorran sesudos análisis, vanas interpretaciones del “hoy de cada día” y alocadas proyecciones: “La única verdad es la realidad”.
   Los argentinos, vale recalcarlo y anidarlo en el cerebro nacional, necesitamos gobernantes equilibrados que nos orienten y nos lleven y no la prepotencia ideológica ni la vigencia de los soplones que nos acosen.
   No somos, por fortuna, el Paraguay de Stroessner ni la Cuba castrista.



¿FUTBOL PARA TODOS?

   Supe conocer el caso de un muchacho afortunado que compró hace tiempo acciones de YPF y que en pocos meses le rindieron una utilidad que consideraba sensacional, como resultado de las acertadas políticas nacionales en materia de recursos energéticos.
   Y esa misma persona con un ataque de euforia, decía cuatro o cinco días atrás, que el 54 por ciento que lograran los K en la última elección presidencial, con Tinelli llegaría al 65 por ciento, cuando el cabezón amagó con tomar a su cargo el fútbol.
   El fútbol se pinchó, las acciones de YPF también, Capitanich quedó más desubicado que caballo arriba del techo, se dijo que había renunciado y no aceptaron que se fuera, todo en un sainete que sirvió al menos para demostrar las desinteligencias y los juegos de elevados intereses políticos y económicos que campean en el más alto nivel de la conducción nacional.
   Hasta se llegó a rumorear maliciosamente que Marcelo Araujo estaba internado, como consecuencia de un agudo e imparable ataque de risa.
   Pero no es para reírse, después de la sesuda sentencia de la inefable doña Hebe, quien sostuvo que el fútbol para todos no es para hacer plata, sino para hacer política, y se me ocurre pensar que a lo mejor tuvo un opuesto criterio, con el bueno de Schoklender y la acción social que los unió para la construcción de viviendas destinadas a los pobres.
   La verdad, tendrían que dejarse de joder, ubicar al fútbol negocio y empresa de unos cuantos vivos, y ocuparse de los problemas que realmente agobian, maltratan y dividen a la sociedad: una crisis que se niega pero que nos viene haciendo pedazos.
   Ya lo supo decir Perón y vuene al caso reiterarlo: “La única verdad es la realidad”.

NADA DE AHORRAR. LA CONSIGNA ES GASTAR
 
   “El más rico de todos los hombres es el ahorrativo; el más pobre, el avaro”.
   Esta sesuda sentencia es del escéptico moralista francés Nicolás Sèbastien-Roch, quien suscribía sus escritos con el seudónimo Chamfort y al leerla me transportó a los casi remotos tiempos de mi primera infancia, cuando en la Escuela  Olmos  (hoy  Shopping  by  Angeloz) las maestras -que no eran “seño’s”- intentaban inculcarnos las bondades del ahorro como base de la fortuna.
    Y moneda a moneda, comprábamos estampillas de la Caja Nacional de Ahorro Postal que íbamos pegando en una libreta y podíamos cambiar por dinero efectivo cuando quisiéramos, previa liquidación que nos hacían en el acto.
   Por lo general, esta operación se concretaba al final del ciclo lectivo y nos encontrábamos a veces con sumas que sobrepasaban nuestra propia imaginación, porque ya las veníamos pensando en juguetes o en golosinas. Por allí los abuelos y las tías -que por mayoría eran solteronas- nos regalaban de esas estampillas para engordar el álbum.
   Eso se llamaba ahorro, porque acumulaba dinero que excedía, para los tiempos en que escaseara.
   El escenario ha cambiado, los estilos son distintos y las necesidades actuales, nada que ver con las de más de medio siglo atrás, cuando nuestra moneda valía por lo que valía y no por lo que ahora dicen que vale o que deja de valer.
   Como si al ahorro lo hubieran transformado en una repudiable traición a la Patria, parte de una maligna receta del imperialismo o macabro invento desestabilizador de “la opo” y del poder mediático.
   Ahora ahorrar es avaricia y representa una deleznable actitud que destroza el sentido solidario. ¡Hay que gastar! es la consigna, en qué comprar es lo de menos, pero olvidarse del colchón y sus secretos, del tarro de galletas en la alacena, del espacio detrás del bidet o del universal y clásico chanchito.
   Habrá que ver qué opinan los bancos, cuya oferta de ahorro decreció después de los corralitos y los cepos inexistentes que el gobierno dice haber superado sin reconocer que existen. Total un contrasentido más, es lo de menos.
   La embestida antiahorro es oficial, encarnada por ese personaje contradictorio que es el exitoso gobernador del empobrecido Chaco, y curiosamente ascendido a súper ministro, Jorge Capitanich.
   Es una suerte que en el gabinete no exista el ministerio de Asuntos Ridículos.
   No haría falta romperse la cabeza buscando candidato.