12 de marzo de 2014

¿ESTAMOS EN PRESENCIA DE UN AUTOACUARTELAMIENTO POLICIAL?



  Si asaltan a médicos, pacientes y transeúntes en las puertas de un hospital y a 50 metros de un precinto; si arrebatan carteras en la cuadra de una comisaría; si en los barrios no vemos ni por casualidad un patrullero, es porque la policía ha pasado a ser una fuerza virtual cuyos integrantes cobran, pero no existe.
   Para citar solo un ejemplo, el sábado último, de alta concentración de gente en el centro de la ciudad, al recorrerlo no fue posible encontrar ni siquiera la presencia de un solo efectivo, ¡ni uno solo por casualidad!
   Por allí es para pensar que estamos frente a un sutil autoacuartelamiento que las autoridades asumidas después de la rebelión de diciembre último no pueden, no saben o se niegan a manejar.
   ¿Es que no cobraron lo prometido por el gobernador y caer en una nueva sedición es peligroso para su estabilidad?
   ¿Es que manejan esa actitud de presión para negociar por la aplicación de sanciones disciplinarias?
   ¿Es por falta de conducción o una manera de rebelarse internamente contra ella?
   ¿Dónde están los tantos patrulleros que se dice han comprado?
   ¿Dónde están todos los efectivos que se incorporaron?
   Los interrogantes son demasiados para estos tiempos de zozobra en cuanto a la permanente amenaza del hampa que se adueñó de la ciudad.
   Antes éramos concientes de la existencia de “zonas rojas” en los sectores más alejados del centro; en la periferia de las necesidades y la marginación, aunque no sea prudente ni oportuno hacer sinónimos de pobreza con delincuencia.
   Ahora, toda la ciudad y su periferia es una gigantesca, incontrolada e incontrolable zona roja.
   La policía, como en los tiempos oscuros de los desgobiernos militares, ha caído en el abandono de la sociedad a la que debe proteger porque para eso les paga los sueldos a través de los crecientes tributos.
   Su única preocupación, y a eso lo estamos sufriendo, es cuidarse hacia adentro.
   Por eso es que estamos pagando una policía ausente.
   Porque cuando más se la necesita, no es bueno que le den la espalda a la sociedad.