11 de abril de 2014

Moyano, el camionero ------ DE RUBIO OJOS AZULES A “NEGRO PROTESTÓN”


La metamorfosis desde ser funcional al poder,
a una posición combativa, firme y contestataria.


El poder y su elenco estable de aplaudidores se han lanzado a descalificar y minimizar el análisis del paro que este último jueves mostrara elevada adhesión, aunque eso se atribuya a la falta generalizada de transporte, lo que en cierta medida es verdad.
Lo que es una incoherencia, que ese mismo poder ahora con la sartén por el mango, cuestione una modalidad que la columna vertebral del justicialismo, que es el movimiento obrero, utilizara en muchos casos con salvajismo en tiempos de ser oposición.
También el mismo poder, atacado de selectiva amnesia, olvida que los mismos personajes que lo enfrentaron con esta medida de fuerza, eran los que al ser solapada parte del gobierno, bloqueaban puertas de fábricas, impedían la salida de diarios y caotizaban el derecho constitucional de la libre circulación tanto de vehículos como de ciudadanos a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional.
Eran aquellos tiempos en que apareciera el milagro de ver al camionero como rubio de ojos claros, baluarte de la oposición a las “corpo”, la Sociedad Rural, el campo, los caceroleros, la concentración mediática y toda aquella manifestación que no comulgara con los postulados del modelo nacional y popular.
Moyano se arriesgó a programar la paralización en un día jueves, porque hacerlo el viernes lo transformaría en “paro matero” y comienzo de un largo, atractivo y tentador fin de semana.
El bueno de Capitanich, que pese a su autobombo de sostener que gobernó su provincia con más del 60 por ciento de adhesión popular, no pudo o no supo superar las condiciones infrazoológicas de los famélicos del Chaco.
Fue ese ministro fanático de la muletilla “en ese contexto” quien descargó en la debilidad y el ganado desprestigio de Barrionuevo, el peso mayor de la convocatoria a dejar de trabajar por un día.
Fue también este superministro quien lanzó la imaginativa calificación que el paro general fue solo un gran piquete, desoyendo la señal color anaranjado de alarma, pacífico grito de la sociedad que está harta de inflación, despojo a los trabajadores con el impuesto a las ganancias, inseguridad, corrupción, inacción, justicia caprichosa, aumento de la desocupación, devaluación del haber jubilatorio, ajustes por doquier y crecimiento de la desocupación, entre todos los tantos males que afligen al país y a su gente.
Pocos son los que salen a la calle para agradecer, reconocer y valorar los aciertos cuando los hay.
Y cuando Moyano pasó a ser oposición, se transformó de buenas a primeras -dejando de lado esa maravilla de la “inclusión”- en un peyorativo y discriminatorio “negro protestón” que solo persigue fines políticos, como si la conducción sindical argentina en los últimos tiempos no utilizara la defensa de los derechos laborales como plataforma para sus apetencias personales.
Es probable, si evaluamos la situación con sinceridad y sin falsas pasiones, que la incidencia de la falta de transporte haya sido determinante en el ausentismo.
Si no pasamos por alto que los piquetes que actuaron lo hicieron en nombre y bajo las banderas de una izquierda que no sintoniza la frecuencia ideológica del gobierno, caemos en cuenta que además, no hubo convocatoria a concentraciones masivas que terminan, siempre, siempre, con un gastado discurso de barricada que los dirigentes tienen incorporado en el alma con el papel corbónico de su reiteración.
Si se me permite apelar a la súper síntesis, este paro general fue algo así como un silencioso cacerolazo sin ollas.

Gonio Ferrari