8 de abril de 2014

NADA MEJOR QUE IR DE VEZ EN CUANDO A UN SUPERMERCADO




El imaginario popular, tan variado como certero, suele proponerse lo ideal que sería el manejo de la economía nacional por parte de una simple y llana ama de casa, cabal conocedora de la realidad cotidiana y hábil manejadora de los números hogareños.
Pero la política y las malas costumbres imponen otro estilo y los gobiernos se inclinan por los tecnócratas, sabihondos a veces graduados en importantes universidades extranjeras, que con el correr del tiempo vienen a recalar por estas pampas ávidas de conducción hacia la grandeza, aunque esos técnicos por lo general nos han llevado a indeseados abismos.
Martinez de Hoz, Cavallo, Rodrigo y tantos otros sabían una enormidad según se decía, pero con ellos y con todos los demás, en general nos fue como el tugget y así estamos, sobremuriendo en esta ridícula certeza de contabilizar tantos pobres y decaída clase media en un país inmensamente rico.
Ahora, los vientos modernosos que soplan los setentosos optaron por una conducción K-marxista de nuestra economía, a lo mejor por eso que suponían el conocimiento de la realidad no por estudios sino por calle, por asfalto, por experiencias vivenciales más que por las aulas y las bibliotecas.
Nuestra actualidad económica no es floreciente, la desocupación se oculta ahora como hasta hace poco la inflación hasta que reventó, la desindustrialización es patente, las automotrices han empezado a suspender gente, Fadea -por ejemplo- es un monstruo que fue laborioso modelo y ahora no fabrica ni un tornillo, la demanda bajó a niveles alarmantes, la inflación ya le viene mordiendo el traste a las paritarias y otros asuntitos poco gratos que conforman nuestra sufrida cotidianeidad nacional.
De las cosas buenas que se hicieron, aunque no sean tantas, no hay que hablar porque el gobierno tiene la obligación de hacerlas sin esperar que lo aplaudan, porque para eso lo votaron.
Pero si el manejo de la economía, desde la postura macro hasta la micro-hogareña está manejada por quien dice haber comprado a buen precio una docena de tomates, estamos en el horno y por eso no extrañaría que pidiera cotización de los huevos por kilo.
Más allá de lo risueño y casi tierno de la anécdota, subyace lo patético e impresentable de alguien que diciéndose técnico, ha perdido el rumbo y ni siquiera sabe a qué destino nos va a conducir.
Y para quienes se enojen por esto, recuerden otra vez a Perón: “La única verdad es la realidad”.

Gonio Ferrari