10 de junio de 2014

FUTBOL MUNDIAL Y POLITICA





   Este jueves comienza a rodar la pelota en el más bello y competitivo de los deportes que es el fútbol mundial, en tierras de nuestros progresistas aunque contestatarios hermanos brasileños.
   Y allá vamos con la creatividad y los lujos de Messi, la fuerza de Mascherano, la definición del Kun Agüero, la velocidad de De María, la pachorra de Sabella y las ganas de todos los que quieren levantar y besar la copa de oro en tierras del histórico adversario.
   A esa actitud del equipo, a ese hambre de gloria, le sumemos nuestro fervor, los ruegos y la pasión de seguir el torneo como si estuviéramos junto a la línea de cal gritando desaforados el contenido, ruidoso y argentino entusiasmo celeste y blanco.
   Así las cosas, no se advierte en la gente -hasta ahora- ese espíritu mundialista que nos caracterizara en anteriores ediciones, a lo mejor porque existen otros motivos acuciantes que demandan nuestra atención y preocupación como ciudadanos.
   Incluso los comerciantes han lanzado una andanada de promociones con descuentos y otras ventajas, con tal de estimular las ventas venidas a menos, consecuencia de los aumentos de precios no siempre justificados, por la maligna aplicación de esa perversa costumbre nacional que es el “por las dudas”.
   Desde aquella poco afortunada intervención del seleccionador y orientador técnico-táctico vinculando unilateralmente por su cuenta al representativo argentino con el gobierno central, parece que la recóndita militancia de Sabella se hubiera sosegado y todo su esfuerzo intelectual-futbolístico está puesto en lo exclusivamente deportivo.
   Una buena señal, si tomamos en cuenta que la diversidad de opiniones ideológicas no tiene por qué mezclarse con una diversión; con un juego como lo es el fútbol.
   Porque si hay un aprovechamiento político de una eventual victoria, bueno sería que en la misma medida se hiciera cargo, también el gobierno, de un posible e indeseado fracaso.
   Lo que marca la historia, lamentablemente, es que siempre hay conflictos y disputas por la paternidad del éxito, pero las derrotas inexorablemente son huérfanas.
Gonio Ferrari