1 de junio de 2014

S.L.B - 01-06-14 DEL CLUB DE PARIS A LA UNIVERSIDAD DE DOÑA HEBE, BOMBEROS INDIGENTES, JUBILACION DOCENTE, MEGACAUSA E INOCENTES ENTRE REJAS, LA INJURIA A LOS JUBILADOS, DAÑINA Y AGRESIVA PIROTECNIA,CONCURSOS O PIPA DE LA PAZ EN LA MUNI, etc



Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 01-06-14 emitido por AM580 Radio Universidad de Córdoba.

DEL CLUB DE PARIS A LA UMPM


   Desde los sectores del poder, califican como histórico el acuerdo, o el arreglo logrado con el Club de París por nuestra deuda, sin la más mínima ingerencia del tan odiado y a la vez necesario FMI, Fondo Monetario Intramuscular, así llamado porque cada dos por tres te vacuna.
   El viaje de la comitiva encabezada por el joven ministro a la ciudad luz no fue en vano, porque afortunadamente ahora no existe la obligación de ajustar los números ya que el grueso de la deuda tendrá que ser prolijamente pagado por el próximo gobierno.
   Que seguramente si cae en eso de la amnesia argentina de ponerse al día, tendrá que vérselas nuevamente no tan solo con los marcadores de punta del Club de París, sino con aquellos cultores de la vacuna que les comenté al principio.
   Realmente un logro del que tenemos la obligación de sentirnos legítimamente orgullosos y agradecidos al modelo nacional y popular, aunque en el 2009 nuestra deuda externa haya sido de 129 mil millones de dólares según lo consigna la historia, y la actual haya trepado a 250 mil millones.
   Pero los números son lo de menos, porque se amortizarán con la creciente producción en todos los órdenes, la desocupación cero, la drástica eliminación de la corrupción y una significativa reducción en los siderales costos de funcionamiento del Estado.  
   Y otro detalle que casi olvido: el ahorro que puede llegar a significar la no estatización de una universidad de dudosa calidad académica y una orientación ideológica emparentada con la violencia, a la que no se preocupa por repudiar.
   Trascendente lo acordado con el Club de París, pero una burla a la educación y la decencia, que por conocidos desmanejos tengamos que pagar nosotros las deudas cuantiosas contraídas por una organización que en nombre de los derechos humanos, dilapidó 200 millones de pesos.

LOS BOMBEROS VOLUNTARIOS

   Si existe una tarea abnegada, riesgosa y de valiosa ayuda a la comunidad en ciertas emergencias y situaciones críticas, es la de los bomberos.
   Y si son voluntarios, el compromiso es mayor porque el esfuerzo humano se coloca por encima de la obligación que abrazan los servidores públicos, pagos por el Estado.
   En los últimos años, la falta de recursos hizo que la tecnología contra incendios en Córdoba padeciera un inadmisible retraso, que se vio penosamente reflejado en los miles de hectáreas que de su verdor original se transformaron en llamas, cenizas y tragedia.
   Se apeló entonces a lo más fácil, en lugar -por ejemplo- de afectar partidas de la publicidad, viajes o fiestas, se legisló para que los cordobeses pagáramos un nuevo impuesto que integra, todavía, la facturación por el consumo de electricidad.
   Resumiendo, pagamos 10 pesos por mes que según se dijo tiempo atrás, iban a parar a un fondo para la atención de la frecuente lucha contra incendios, donde principales protagonistas son los valerosos bomberos voluntarios de distintas poblaciones del interior.
   Cuando pensamos que ellos nunca más tendrían que obligarse a requerir la caridad popular en las rutas vendiendo bonos, tampoco nunca se nos cruzó por la cabeza que estábamos equivocados, aunque el gobierno de la provincia pregone a los cuatro vientos que los bomberos voluntarios no necesitan nada.
   Por eso apena e indigna, saber que muchos de ellos, sin recursos que les permitan seguir sirviendo, cocinan y venden locro y alquilan los cuarteles para la realización de fiestas particulares  porque de alguna manera tienen que sostenerse.
   Realmente, es para que a los responsables de administrar esos fondos que todos pagamos, se les caiga la cara de vergüenza.
   Naturalmente, si es que la tienen.

DOCENTES: EDAD JUBILATORIA

   No se trata de pretender una alquimia de números, años y porcentajes, para llegar a la conclusión que es necesaria una urgente adecuación a los tiempos que vivimos, de la ley que regula las jubilaciones de los docentes en nuestra provincia.
   Si únicamente tomáramos en cuenta los años al frente del aula, los vertiginosos tiempos de la tecnología informática dirían que no son iguales 25 años de antes con los 25 de ahora.
   Solo la insensibilidad, que no es materia ausente en la personalidad de mucha gente, puede sostener que el docente trabaja solamente en las horas de clase, que corta el año con el receso de invierno y que en verano goza al menos de dos meses de vacaciones.
   La realidad enseña que el docente debe presentarse una quincena antes de iniciarse el ciclo lectivo y por lo general, cuando suena el timbre o la campana de salida, acomoda sus petates para llevárselos a su casa y preparar las clases del día siguiente.
   Las correcciones de carpetas y cuadernos no se hacen en el aula, sino que le roban tiempo al hogar, a los hijos, a la intimidad y al descanso merecido.
   No debe ser simple y si, sumamente estresante, formar intelectualmente a niños en la edad del crecimiento, cariñosamente vándalos en potencia, en sus tiempos de la curiosidad y la desorientación.
   El docente merece jubilarse cuando todavía puede gozar las mieles del reposo, y no solo para atender su salud deteriorada por el desgaste físico e intelectual.
   A estas cuestiones las resuelven los políticos, que en su enorme mayoría no padecen las presiones a las que está sometido un docente, especialmente cuando llega fin de mes y advierten que con suerte, llegarán al día 15 del mes siguiente.

LA LIBERTAD, UN FRAGIL CRISTAL


   Todo aquel que sabe encubrir la propia injusticia bajo el manto lujoso de la elocuencia, merece un gran castigo”, sostenía Eurípides.
    Cuando fue posible advertir que una Cámara de la Justicia cordobesa había adquirido la ritual práctica de transformar la prisión preventiva en costumbre dejando de lado su aplicación excepcional, no dejó de ser un llamado de atención dirigido a la cordura y al equilibrio, por el riesgo de caer en penosas equivocaciones, evitables solo con el respeto por la ley, la Constitución y las recomendaciones de importantes entidades internacionales defensoras de los derechos humanos.
   Ya era una sospecha fortalecida en diversos sectores de la sociedad, que el abuso y la rapiña sobre propiedades ajenas se había viralizado de tal manera, que era imposible sostenerla sin la complicidad o el vistagordismo del Registro de la Propiedad que es donde se desenvuelve el somnoliento papelerío de la burocracia.
   Y entonces, salvando las distancias con las detenciones masivas que supieran practicar poderosos extremismos ideológicos a lo largo de la historia, fueron encarcelando a unos cuantos empleados (algunos ordenanzas), un jefe de aquel organismo de control y un abogado, que nunca fue autoridad aunque se haya buscado destacar una condición -que no tenía- de secretario del titular del organismo.
   El grueso de los imputados eran escribanos, tramitadores y compradores que alegaron buena fe, dado que los informes emanados del Registro de la Propiedad no indicaban anomalías.    
   Todos ellos, en una práctica descarnada, fueron sometidos a una especie de anticipada condena y elemento de coacción que intentaba inducir la autoincriminación con apresuradas prisiones preventivas.
   La febril imaginación acusadora mostró pruebas inconsistentes e infantiles; magnificó relaciones casuales y funcionales que pasaron a ser determinantes, presionó con la tortura del confinamiento, las rejas, el quebranto económico y la disociación familiar para dar sustentabilidad al capricho emergente de la politizada obediencia debida.
   Hubo condenas, exagerados montos de caución que los erigían en imposibles de aportar, oídos sordos a instancias y consejos de entidades calificadas y toda una gama de descréditos e injurias hacia quienes permanecían en el purgatorio de Bouwer esperando nada más que justicia, pero que llegara con los ojos vendados y sin dependencia.
   En este sano afán periodístico de no ser defensor, fiscal, juez ni verdugo, se llegó -como a veces lo confiesan quienes juzgan- a la íntima convicción profesional del error no por torpeza sino por la participación de componentes extraños a la justicia que podían llegar a ubicar la marcha de la causa en el cenagoso terreno de la duda.
   Con curiosas idas y venidas, omisiones, actitudes inéditas y burdas descalificaciones, esta cuestión arribó al punto cúlmine del pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que resolvió el planteo incoado por una de las víctimas de la prisión preventiva: debían devolverles la libertad mientras las sentencias no estuvieran firmes o fueran partícipes de la causa aún en trámite.
   La pomposa “comisión especial” creada para aplicar la ley debió rendirse ante la resolución del superior, desactivar los candados y devolver al seno de la sociedad a todos aquellos que habían sido encarcelados por las dudas o por una endeblez probatoria de alarmantes características, como por ejemplo figurar en la agenda de alguno de los acusados o haber intercambiado escasas llamadas telefónicas administrativamente necesarias, en uno o dos años.
   No es la cuestión defender, acusar, juzgar o condenar desde afuera.
   La Cámara juzgadora, sin la presencia de ninguno de los fiscales intervinientes anunció  el martes pasado las sanciones y un par de absoluciones.
   Los castigados convencidos de su propia honradez seguramente apelarán las sentencias y seguirán batallando en esta causa por tiempos impredecibles.
   Es indiscutible que los declarados culpables por consistencia probatoria con ajuste a la ley merecen la prisión y deben responder pecuniariamente por el daño causado.
   El drama está en los exculpados, inocentes por unanimidad, que debieron soportar años de encierro, la pérdida de su trabajo, su anulación profesional, el escarnio social, el desmembramiento familiar, el lucro cesante, el emergente quebranto económico, los elevados gastos en defensores y otras inmerecidas penurias.
   ¿Será que existen otros casos como los absueltos?
   La libertad es un cristal de solemne y sacra fragilidad.
   La justicia lo quebró y le será imposible remendarlo.
   Nadie bebe el néctar de su triunfo sobre la oscuridad, en una copa rota.
   Truman Capote fue contundente al afirmar que “Es imposible que un hombre que goza de su libertad, se haga cargo de lo que significa estar privado de ella”.
   Ni todo el oro del mundo vuelve las agujas de los relojes, cura las injurias ni borra la ominosa imagen de las rejas impuestas por la injusticia, el empecinamiento o el verticalismo funcional.
   El alma humillada no sabe de cicatrices.
   Es la calidad y la calidez del cristal invicto que fuera, lo que ahora y por siempre serán añicos de escarnio y menosprecio.
   San Agustín fue menos contemplativo y poético que Capote, al proclamar que “Sin la justicia, ¿qué son los reinos sino una partida de salteadores?”.
   La verdad, no merecemos ser resignados súbditos de ese reino.

¿DEMORA DE 6 MESES O MALTRATO?

   La inhumana, absurda e inaceptable medida aplicada a los jubilados provinciales que deben esperar seis meses para cobrar la actualización de sus haberes, más que inscribirse en la antología de la caradurez política, representa un golpe bajo a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad.
   El argumento que cobran monedas envilecidas por la inflación ya está gastado, percudido y desactualizado debido a su tenebrosa vigencia y sin soluciones a la vista.
   Con un gobernador que solo habla en Buenos Aires donde no lo conocen y en Córdoba con los periodistas que elige, a cuyos medios aporta la generosidad de su pauta publicitaria oficial, ya se está viendo cuál será la salida que se concretará con un mal disimulado decoro y maquillada como obra de bien en el marco de una demanda justa.
   Como quiere ser presidente, o que al menos se lo conozca sin mácula fuera de Córdoba, el inventor del hipócrita cordobesismo avanzará en su campaña y como golpe de efecto, anunciará el regreso a la normalidad en las liquidaciones a los pasivos, cuando su calendario preelectoral se lo aconseje.
   O sea que los jubilados, seguramente contra la voluntad de la mayoría, serán carne proselitista, para lo cual habrán pagado un alto precio de postergación e indiferencia.
   Los usaron en su momento para equilibrar el desmanejo de la Caja de Jubilaciones, y los volverán a usar ahora, para una ambiciosa como utópica aventura presidencialista.

DAÑINA PIROTECNIA

   Si no me equivoco, existe una ley que prohíbe el uso de pirotecnia en la vía pública, restricción referida obviamente a las manifestaciones de protesta que tanto hartan a la ciudadanía y perjudican al sector comercial.
   El tema no es prohibirlas porque es un derecho consagrado por la Constitución, pero la misma Constitución consagra el derecho ciudadano de circular libremente sin ser obligados testigos de la violencia, el vandalismo y la prepotencia.
   Usar pirotecnia es peligroso, dañino, conmocionante y agresivo para la gente y a quienes la usan sin pudor y sin medida poco les importan las consecuencias que sufren los vecinos, totalmente desprotegidos por esas agresiones que se perpetran junto a un ridículo, pasivo y sorprendente acompañamiento policial, transformado en encubridor de un delito.
   Días pasados una mujer joven sufrió lesiones por el descontrol en las calles, porque los manifestantes utilizan sus poderosas bombas como armas ofensivas, que tienen como blancos preferidos las vidrieras, la policía y los camarógrafos y fotógrafos que documentan esos desmanes.
   El día que aprendamos a protestar civilizadamente, será que hemos madurado como sociedad.
   Mientras esto no ocurra, la dirigencia sindical, el Estado falsamente protector y la policía con su omisión de actuar ante la flagrancia de un delito, deberán pagar por su irresponsabilidad.
   Y otra cosa: ¿para qué los legisladores elaboran y aprueban leyes, sabiendo que no se aplicarán?
   A ellos les corresponde asumir su condición de ilusos.
   Aunque dudo que todos lo sean.

LA MUNI: LOS CONCURSOS, PIPA DE LA PAZ

   Este meneado asunto de los concursos para el ingreso a los envidiables puestos de trabajo en la Municipalidad de Córdoba, que para muchos son solo de asistencia y no siempre, viene adquiriendo calidad de sainete.
   Que se dieron por adelantadas las respuestas a los exámenes, que las plazas ya estarían asignadas, que lo que se divulgó era solo una guía para los candidatos, que todo es transparente y otras alternativas que ocuparon la atención de la opinión pública.
   Los concurso se harán, fue la postura unánime tanto de las autoridades comunales como del gremio comandado por el eternauta Rubén Daniele.
   Y si coinciden tanto así, es como para pensar que lo hacen por una simple cuestión de mutua conveniencia.
   El joven intendente blanquea los exagerados ingresos desde años atrás y el fogoso dirigente asegura un estado de conflictividad cero, muy distinto al actual, de conflicto saltarín que lo hace permanente.
   Todos contentos.
   Menos los vecinos, convidados de piedra en una disputa que solo aporta perjuicios, caos, precariedad de servicios, mayor presión impositiva y otras carencias desde hace tiempo insuperables.
   Será el tiempo, insobornable e inmanejable, quien decida cuándo la ciudad entrará al menos en un camino hacia su normalización, si eso depende de la cantidad y la capacidad de los que sean responsables de llevarnos a ese estado ideal.
   Es tan visible el pacto de no agresión recíproca, que no habrá explicaciones ni voceros que sean creíbles cuando pretendan justificarlo de cualquier manera.
   Lo importante, que el llamado no sirva para que como siempre se hizo a dedo, no siga aumentando la planta de personal y sigamos teniendo una ciudad decadente.
   Tan decadente y  caótica como la padecemos ahora.