22 de septiembre de 2014

El maldito despilfarro





Pagar más de un millón de pesos por tener
en Córdoba a Tévez y Maradona, desnuda
la personalidad de alguien que persigue la
quimera de disfrazar su escondida frialdad

Bien sabemos que por lo general y con algunas excepciones, los políticos y más aún los gobernantes cuando alcanzan un sitial de poder, pierden todo aquello relacionado con el respeto hacia las prioridades que marcan las necesidades y los reclamos de la gente.
La óptica de esa casta privilegiada parece caminar siempre a contramano de una crítica
realidad que están obligados a conocer, porque -como irritantes ejemplos- erigen faros donde no existe ni existirá el mar, puentes donde no pasa ni pasará un río, regalan computadoras a niños subalimentados, construyen una terminal de ómnibus digna de Venecia o subsidian a lucrativas empresas cuarteteras que llevan gente para sacarse la foto populachera con ellos, que caiga simpática a los numerosos cultores de esa manifestación, digamos “artística”.
Me juego la cabeza que los tecnócratas y economistas de cartón, por naturaleza indiferentes al dolor ajeno, saldrán diciendo que a la hora de dividir un millón de pesos en un millón de afectados resultaría un mísero peso “per cápita” y eso es matemáticamente irrefutable aunque humanamente asqueroso.
Traer a Córdoba nada menos que a Carlitos Tévez y su séquito de amigos y hacer lo propio con el devaluado Diego Maradona, representó para las alicaídas arcas cordobesas una erogación que superó el millón de pesos y nadie acierta para qué vinieron, si no fue para posar con altos funcionarios que ahora tendrán atesoradas esas imágenes en un rincón de su narcisismo.
Sumemos a estos casos el lujurioso derroche de los dineros públicos, invertidos en ese
capricho de la instalación en la opinión pública, de las veleidades presidencialistas del Sr. Gobernador, absorbido más por esa campaña de trasnochadas utopías que por los problemas de una provincia super endeudada como lo es Córdoba.
Y mientras tanto, también por citar un solo ejemplo, los jubilados provinciales -hay que reconocer que la mayoría está bien paga- han sido condenados a esperar seis meses la liquidación de sus ajustes de haberes que reciben envilecida por la inflación, porque la provincia no está en condiciones financieras de respetar la ley.
Al ser los más vulnerables y con menor “poder de fuego”, mecanismos de protesta o apoyo de los olvidadizos gremios, deben resignarse al despojo mientras desde el gobierno siguen gastando en inútiles y repudiables estupideces.
Lo de Tévez y Maradona es para la indignación.
Los otros gastos inservibles son para la pena y la vergüenza.
Gonio Ferrari