16 de septiembre de 2014

LA ETERNIDAD, LA RESURRECCIÓN O EL NACIMIENTO






Más allá del azar y de la muerte
duran, y cada cual tiene su historia,
pero todo esto ocurre en esa suerte
de cuarta dimensión, que es la memoria.
De “Adrogué” (Jorge Luis Borges)

   Refieren los memoriosos que una de las últimas apariciones casi públicas del hijo pródigo fue cuando tuvieron que ocupar uno de los aviones de la flota presidencial -Boeing 757- a mediados de junio de 2012, porque el joven según se comentó en aquel entonces padecía un cuadro de artritis séptica en la rodilla de su pierna derecha. La izquierda, sin problemas.
   Es incuestionable el uso del avión, porque así lo autorizó Néstor siendo presidente por
decreto nº 648 de mayo del año 2004 y en el terreno de lo anecdótico quedó para el recuerdo el costo que tuvo el operativo traslado desde la Capital Federal hasta el lejano sur para buscarlo y el regreso, todo por la bicoca de 80 mil dólares.
   El tiempo transcurrió, esos años en que los chicos crecen fueron pasando, nació La Cámpora y contra la creencia generalizada, cero coincidencia con la organización Montoneros, alentada desde el peronismo hasta que por su giro ideológico fueron echados de la Plaza de Mayo por el mismísimo Juan Domingo, quien los calificó como “imberbes y estúpidos”.
   Dicen que LC, inspirada en la lealtad de “El Tío” hacia Perón, está conformada por jóvenes amantes de la democracia, sensibles a las demandas sociales y acérrimos defensores de los derechos humanos. También los años pasaron para ellos y se fortalecieron con la Sra. Cristina en la presidencia, llegando a ocupar elevados cargos en empresas del estado y en la conformación de los equipos de mando de los ministerios.
   Es de La Cámpora el privilegio de contar con ciertas “bolsas de trabajo” para sus militantes, tales los casos emblemáticos de Fadea en Córdoba donde ingresaron alrededor de 4.000 y de Aerolíneas Argentinas, que les habría dado conchabo a otros tantos.  
   Cristinistas a ultranza algunos dirigentes cometen la torpeza de considerar “destituyentes” o traidores a la Patria a todos aquellos que no comulguen con sus postulados.
   El éxito de la convocatoria al show estreno de Máximo, es sin dudas un premio al nivel de movilización que poseen los jóvenes militantes, al estímulo por los nombramientos y planes que reciben y sin dudas a su convicción en el sentido de estar viviendo en el Paraíso, donde no existen la inflación, la inseguridad, el desempleo, la corrupción ni las desigualdades sociales. Algunos a ese estado casi catatónico del alma le llaman onanismo partidista.
   No quisiera caer al desatino de evaluar la calificación de la inefable doña Hebe quien se despachó diciendo que Máximo era un gran político, porque la seriedad de sus apreciaciones no encajan si uno recuerda que de Schoklender supo resaltar su condición de brillante hacedor de cosas.
   Un discurso obviamente de principiante utilizando frases elaboradas que el muchacho “junaba como de reojo” en la tarima.
   Lo importante fue el mensaje, lejos de ser subliminal, directo hacia el hígado, el corazón y todas las entrañas del justicialismo, resumido en un no dicho “nos queremos quedar”; al dejar de lado el milagro de la resurrección, pero insuflándole oxígeno a la alternativa del “intentaremos seguir” lanzando el desafío de competir con ella y adelantando la certeza de humillar con votos a una oposición fragmentada en la que nadie -por eso de las humanas miserias-quiere ser acompañante del postulante presidencial.  
   Si lo que se busca es la continuidad, para eso están los mecanismos idóneos que hasta pueden permitir saltear algunas etapas de lucha interna, con la sola postulación de Máximo o de Mongo, en la misma medida que públicamente reclamó la posibilidad de que su madre, en las urnas, defendiera el lugar alcanzado. Entonces y con su misma línea de pensamiento, que el joven se postule y se deje de sembrar dudas e intrigas dentro del mismo partido, si es que los K fueron o siguen siendo peronistas.
   Nadie sabe a ciencia cierta si desde adentro o desde afuera han comenzado la tarea de agitar el fantasma del malestar social, y su eclosión es una perversa manera de instaurar el miedo, ese miedo destructivo e incontrolable que tanto daño nos hiciera como sociedad en los oscuros años de todas las tiranías.
   A lo que nadie tiene derecho ni merece perdón, es a pisotear la letra y el espíritu de nuestra Constitución Nacional.
   Porque si alguien lo hiciere no se lo demandarán la Ley, la Patria ni los Santos Evangelios, sino la misma base de raigambre popular a la que tan mañosamente se pretende salvaguardar, acentuando la hegemonía y el autoritarismo y soñando con instaurar una absurda cuan peligrosa e inmerecida dictadura.
Gonio Ferrari