26 de noviembre de 2014

¿Inclusión o privilegio?

¡YO QUIERO SER TRAVESTI!



Sin llegar a lo que sería una imperdonable discriminación,
se me ocurre que nos llevan a esa delgada cornisa entre
la necesidad, la elección sexual y cierta inclinación al vicio.

¿Por qué no a los rengos?
¿Por qué no a los obesos mórbidos?
¿Por qué no a los visualmente disminuidos?
¿Por qué no a los hipoacúsicos?
¿Por qué no a los enfermos terminales?
¿Por qué no a los negros que les rechazan el curriculum?
Hay veces que la vocación inclusiva invade terrenos cenagosos y en su afán por sumar masivas adhesiones, levanta la polvareda de la indignación y la perplejidad en la gente, que vive esperando otro tipo de medidas que realmente beneficien y no que sirvan para ahondar distancias entre sectores de la comunidad.
Los jubilados nacionales en un porcentaje superior a la mitad, están cobrando muy por debajo no tan solo de la línea oficial de eso que es la pobreza aunque desde el poder se niegue su existencia, sino de un mínimo y sacrificado sentido de la dignidad, lo que en cualquier país serio (Aníbal Fernández dixit) se llama exclusión social.
No se trata de llegar a lo que sería una clara e imperdonable discriminación y se me ocurre que nos llevan a transitar por esa delgada cornisa que abierta o veladamente, existe entre la real necesidad, la elección sexual y cierta inclinación al vicio.
Es posible que la instrumentación de ese beneficio, si es que finalmente se otorga, sea solución para algunos independientemente de los efectos que provoque, pero siempre ha ocurrido que jamás está ausente el componente demagógico en la aplicación de cualquier tipo de subsidio.
La posición personal de atacar ese proyecto, en este caso, no camina en contra de una medida que asoma ya como elemento de marketing incluido en una campaña proselitista que sutilmente -o no- se inició tiempo atrás.
Se busca si, la justicia, la equidad y el sentido de las prioridades a la hora de mejorar la situación de algún sector en particular, y son los postergados jubilados nacionales quienes largamente merecen una reivindicación por sus angustias y privaciones.
No es una cuestión de fobias ni marginaciones.
Solo se trata de respeto, de cariño y de agradecimiento a quienes tanto dieron de sí, y jamás hicieron ninguna marcha por su ajado orgullo.
Gonio Ferrari