6 de noviembre de 2014

¿Usuarios o “kelpers”?

EPEC: VELOZ PARA COBRAR,
BUROCRÁTICA PARA PAGAR



Los atrasos en el pago de su pésimo servicio, sufren
un recargo automático en la facturación que elabora
la empresa provincial. Pero es penosamente tardío y
engorroso el trámite para llegar a cobrar -con suerte-
por los daños que se originan en los cortes, como así
también por las sobrecargas de energía posteriores a
la interrupción de cada prestación. EPEC es dueña de
la suerte o la desdicha de particulares y comerciantes

Cuando en honor a la verdad ya no quedaban argumentos para sostener la visible e injuriosa ineficiencia y decadencia de la EPEC, sus autoridades sin dudas fogoneadas por el gobierno provincial, tuvieron que caer a un acto de sincericidio y reconocer errores de conducción y otras falencias, al anunciar que los cortes se repetirían, como siempre, en el verano por el calor, en invierno por el frío y en la temporada de vientos por el viento.
Más claro imposible.
Tan claro, como que en los últimos 14 años de gobierno del mismo signo poco o nada se hizo para prevenir lo que era cantado, ni para corregir lo que resultaba inevitable hasta para el más incapaz de los funcionarios.
La empresa que es en realidad casi una bolsa de trabajo político-familiar donde se suceden los apellidos como castas y los apadrinados tanto por el gremio como por los funcionarios, viene injuriando a los cordobeses con su obsolescencia, su tendenciosa y engañosa publicidad y una “eficiencia” que ha ingresado al reino de la risa luego de abandonar sus viejos laureles de calidad.
Es en cambio muy eficiente a la hora de cobrar y de aplicar recargos por demoras desde un día después de cada vencimiento, con una tarifa elevada con relación a lo que se cobra en otros puntos del país, y prestándose a la complicidad del cobro compulsivo de un monto destinado -o no- a combatir los incendios, supuesto apoyo económico a cuarteles de bomberos voluntarios cuyos integrantes deben realizar rifas y alquilar sus instalaciones para fiestas particulares, como forma de sostenerse.
Y a la hora de responder por los daños y las pérdidas que indudablemente ocasionan sus cortes o los envíos de sobrecargas, los usuarios deben peregrinar meses y meses en procura que la EPEC reconozca su responsabilidad e indemnice a los afectados.
Denuncias, papelerío, inspecciones que se prometen y no se cumplen, en un maligno juego burocrático que es una ofensa para quienes pagando la tarifa más alta del país, sostienen ese sistema perverso.
A la gente que pierde electrodomésticos, a los comerciantes que se les pudre la mercadería o a los enfermos que ven inutilizables sus medicamentos, no les interesa cuáles son las empresas asociadas, el sistema interconectado nacional ni los tercerizados que intervienen, porque ellos pagan a la EPEC, según consta en las facturas.
Cuando la reparación del daño es remisa y pachorrienta, es como si se estuviera jugando con la desesperación de la gente para ganarle por cansancio y eso está más cerca de la canallada que de las imbéciles y pretendidas justificaciones.
EPEC tiene la obligación social y solidaria de la celeridad, como exige celeridad en el pago de su pésimo servicio.
No se trata de un capricho, sino de hacerle entender a la empresa que esa actitud debe ser parte innegociable de una exageración que ellos, al cobrarla jugosa e injustamente -así lo poco que incidiera en el presupuesto- pomposamente le llaman eficiencia.

Gonio Ferrari