26 de diciembre de 2014

Campaña para legislar un desagravio

HAY UN RENOVADO MARTIR EN CADA
DICIEMBRE: EL TORTURADO HÍGADO


La víscera más atacada; la menos tenida en cuenta, que sufre
agresiones sin la menor misericordia. Tendría que legislarse un
anual y obligatorio desagravio hepático, para que esa entraña
fundamental nos siga protegiendo sobre todo de los médicos.

   Lo ideal en los primeros días de cada enero sería sacarse el hígado, enviarlo vía correo láser al Instituto Garrahan, a la Dakota University o a cualquier otro centro científico especializado, para que lo sometan a un sérvice y evitar así la fatiga de material.
   Aparte del bolsillo y su hambre permanente, se me ocurre que el hígado es la víscera con mayores padecimientos en dos instancias claves del calendario: en el cumpleaños y a partir de mediados de diciembre, dejando de lado las consecuencias menores de salidas nocturnas, comilonas con los compañeros de trabajo y otras maneras de socializar intoxicándonos a través de abundantes y etílicas ingestas.
   Cuidemos al hígado tomándolo como el mejor compañero de nuestras diversiones y andanzas; como el benefactor de todo el organismo, más importante que el propio corazón, porque el hígado es un laburante que se mueve en un ambiente grasiento y con vahos alcohólicos mientras el cuore (masculino) es una movediza y palpitante masa sensiblera que se encoge a veces frente a una flor, un paisaje, unos ojazos, un escote o un bonito par de piernas.
   El de ellas suele ser la dinámica línea de órdenes hacia el accionar de los lagrimales, a veces con pasmosa liviandad, aunque también cierra sus puertas frente a los imbéciles, acosadores, enemigos del desodorante, financieramente interesados o poco románticos que se le insinúan.
   El hígado, en cambio, es asexuado.
   Si vamos a establecer diferencias existe una fundamental, emparentada con el fervor por el trabajo: el corazón no puede dejar de hacerlo, mientras que el hígado suele tomarse prolongados descansos, trabaja a media máquina cuando así se le impone o se coloca en un apacible “stand by”.
   ¿Quiénes cuidan al corazón más que al hígado?
   Únicamente los obesos, los fumadores empedernidos esos que tienen los dedos de la mano derecha amarillos de nicotina y el bigote marrón, o los que han sido víctimas de un julepe, sobresalto mayor, cama de terapia intensiva, colocación de “stend”, extremaunción o pacientes de cardiólogos.
   Al hígado sólo se lo maltrata, se lo tortura, se lo somete a horas extras en horarios imprudentes, se le exige el milagro del rápido retorno al estado de bienestar y pocas veces se le agradece por los servicios prestados, salvo con una Buscapina o un económico té de boldo o de yerba de sapo.
   Por eso, ha surgido una corriente de pensamiento dirigida a instituir algún tipo de desagravio nacional y popular a favor de la víscera hepática: la Comisión Argentina Contra el Uso Cruel del Hígado (COMACUCHI) cuya primera medida será imponer una semana de reparación para terminar con los ataques que se perpetran contra el hígado.
   Será entre el 24 de diciembre y el 1 de enero, a perpetuidad.
   ¡Dios nos ampare si hay que respetarla!

Gonio Ferrari