28 de diciembre de 2014

S.L.B. – Domingo 28/12/14 – EL ULTIMO DEL AÑO - JOYAS, LUJO Y PODER - LA INOCENCIA - DE “BATUQUE” AL TIRAMISÚ - VIOLENCIA URBANA - MEGACAUSA Y LIBERTAD - DESAGRAVIO HEPÁTICO - SALZANO PARTIÓ - BIENVENIDO 2015, etc.



Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 28-12-14, emitido por AM580 Radio Universdidad de Córdoba.

ULTIMO PROGRAMA DE ESTE AÑO


   ¿Tanta es la diferencia existente en el enfoque de la realidad nacional, según sea quien lo haga?
   Desde el poder se declama sobre transformación, crecimiento, bienestar, menor desocupación, estabilidad económica, óptima recaudación, incremento de las reservas, desendeudamiento; de una corrupción que dicen que no existe, del dólar azul que baja, del éxito de Aerolineas Argentinas y el suceso de Y.P.F.; de la producción de Fadea, del fortalecimiento de la línea de mando y de otros temas del terreno político que a muchos desorientan por configurar un agravio a la inteligencia.
   La gente, por cansancio, ya no acepta ciertas imposiciones y eslógans y menos aún el intento de cambiar la historia no con hechos, sino tergiversando la realidad porque entramos a un año clave, donde algunos se juegan el futuro político y no pocos su prontuario y la libertad.
   Nadie en su sano juicio ni en ejercicio de un criterio básico, puede negar que convivimos -entre otros males- con una inflación superior a la que dibuja el Indec, y con los precios cuidados, lo único que abunda es la escasez.
   Otro tanto acontece con la desocupación, siempre que la tomemos como tal y no busquemos maquillarla con cualquiera de las variadas expresiones del asistencialismo y la avalancha de planes que desalientan la ocupación y otras parecidas alternativas.
   Se elaboran las estadísticas como si cada beneficiario subsidiado fuera un laburante, cuando precisamente se ha detectado que muchos de los que gozan de planes de ayuda, renunciaron a sus trabajos, porque les resulta más saludable y con menor sacrificio la limosna que el esfuerzo.
   Y dejo para el final de esta reducida mirada al país, el tema de la seguridad, o mejor dicho de la inseguridad, porque debemos hablar de lo que tenemos, y de sobra.
   Me intentan vender cifras mentirosas, macaneos semánticos o excusas, que nadie que vive la realidad se las puede creer.
   También apelar a cualquier argumento, incluyendo las inútiles comparaciones con Acapulco, Río de Janeiro, Colombia, Los Ángeles, Washington o Caracas.
   Pero nosotros, los que vivimos aquí y poco nos importan los números de otras ciudades, vemos que cada día que pasa estamos más jaqueados por la delincuencia, fortalecida por el tráfico de drogas al amparo de la impunidad reinante.
   Esto de ninguna manera es un canto a la desesperanza, equivalente a bajar los brazos y entregarse.
   Es en verdad un grito; un desesperado pedido de auxilio, en nombre de la sociedad, para que alguna vez el poder tome la seguridad como cuestión de estado, y no como campo para la experimentación de remiendos e improvisaciones que de nada sirven.
   Pueden agregar millones de policías, que serán inútiles sin una conducción que los oriente, con la mira puesta en el bienestar de la gente y en la protección de sus bienes.
   Pueden promulgar leyes y leyes contra el narcotráfico en un afán enfermizo por impresionarnos, en una repetida acción que fracasa antes de nacer porque la autoridad bien sabe de dónde viene la droga, como entra, quiénes la estiran, los personajes que la distribuyen y el lugar donde la venden al menudeo.
   Lo único que falta es romper la cadena de complicidades, ocultamientos y “protecciones” para interrumpir nuestra sostenida marcha hacia la cartelización, como la padece México y lentamente la viene superando Colombia.
   Y terminar con ese percudido concepto que las fuerzas de seguridad sean solo para los bancos que igual los asaltan, para los espectáculos deportivos donde siempre hay violencia, ni para las calles no tan solo de la periferia sino de toda la ciudad, incluyendo los ocultados hechos que suceden en los barrios cerrados, lugares donde no deja de actuar el hampa.
   Si algo de todo esto es mentira o pura imaginación alentada por un espíritu apocalíptico, humildemente me veré en la patriótica obligación de pedir disculpas.
  
LAS JOYAS, EL LUJO Y EL PODER

  
   Pecaríamos de ilusos y de casi lelos, si pensáramos que el poder es solo el poder en sí; la certeza de sentirse poderoso e imbatible en cualquier terreno y frente a las más aciagas circunstancias.
   Es por eso que muchas culturas -a lo mejor la nuestra es una de ellas- hacen sinónimos entre poder y omnipotencia, que suele ser uno de los disfraces más comunes de la impunidad.
   Llama la atención entonces y mueve inexorablemente a la humana curiosidad, advertir que se critican y censuran actitudes mundanas, banales y virtualmente intrascendentes en un escenario de crisis como lo es la realidad para muchos argentinos.
   Por la importancia de su cargo; por una investidura obligada a mostrarse en los más sofisticados escenarios de la alta política mundial, es casi un imperativo de circunstancias que la Sra. Presidente luzca esplendorosa en cualquier lugar del mundo.
   Si miramos poco más de medio siglo hacia atrás, no podemos obviar el recuerdo de la Sra. Eva Perón, cuando lucía en Europa magníficas joyas, exquisitos atuendos y pieles únicas.
   Descalificar el sentido de la oportunidad de nuestra presidenta es negarse a una realidad, como el derecho que le asiste a comprarse las joyas que más le gusten y mejor le sienten, sin que eso suponga una inmoralidad.
   La coquetería femenina y la inclinación por el ahorro están por encima de cualquier especulación ideológica: una abogada exitosa, reencarnación de una arquitecta egipcia o algo parecido, lo merece ampliamente.
   Después de todo, Eduardo Duhalde tenía razón: en nuestro país, no te perdonan el éxito.

ACERCA DE LA INOCENCIA

  Distantes ahora de los sangrientos tiempos de Herodes, la historia en incontables circunstancias ha dado muestras cabales de alguna inocencia patentizada en las actitudes de los seres humanos.
   La inocencia de pensar que con una guerra se asegura la paz, que con la riqueza de pocos se garantiza la comida de los hambrientos, que la tolerancia de los inteligentes puede terminar con la agresividad de los salvajes o que la paciencia triunfa por encima de la ansiedad.
   La verdad es que la guerra no deja de ser un negocio, los más ricos hambrean aún más a los famélicos, los salvajes se comen a los inteligentes y la ansiedad acelera los relojes para derrotar a la más milenaria de las paciencias.
   Y en nuestra doméstica inocencia de cabotaje también sucumbimos de mil maneras cada día, creyendo entre otras cosas que todos los gobernantes son buenos, que no hay comerciantes deshonestos, que no existen los deportistas tramposos o que la fidelidad absoluta es un distintivo de la raza humana.
   Pese a todo seguimos pecando de inocencia, creemos en las promesas, nos alimentamos de la demagogia y tenemos la infinita paciencia de esperar tiempos mejores, un deporte arraigado en la vida de los argentinos, que cuando nos tocaron momentos de esplendor, fugaces y a plazo fijo, creímos haber ingresado al Paraíso del que nadie nos iba a desalojar, para terminar casi sin darnos cuenta, aplastados por nuestra propia inocencia.
   ¿Será por eso, que casi no se hacen más bromas, en el día de los inocentes?

DE “BATUQUE” AL TIRAMISÚ


   Una cosa es la campaña y otro asunto es la atención del cargo para el que un candidato fue electo.
   Y esto más se nota cuando se procura tañir las campanas y estar en la procesión.
   Penosas actitudes abandónicas no se olvidan y lo que todos recordamos como uno de los ejemplos más patéticos y lamentables, es el vacío de autoridad emergente  del acuartelamiento policial y todo lo que sufrimos con los saqueos de diciembre del ‘13.
   Es probable que el genio manipulador de la campaña presidencial del inventor del cordobesismo, coincida con uno de los principios públicamente conocidos de una “star” como lo es doña Mirtha Legrand.
   La “Chiquita” sostiene que así sea bien o mal, que hablen de ella pero que no la olviden.
   En tal sentido nuestro gobernador, promisorio político desde apenas terminada su adolescencia, guitarrero, cantor, contador de cuentos, esposo serial, no debe preocuparse.
   ¡Hay tanto para recordarlo!
   Por las buenas cosas que hizo, lo dejemos de lado porque solo cumplió con su deber, que para eso lo votaron y llegó a donde está.
   Y si es por estar en la memoria de los cordobeses, que el arquitecto intelectual de su campaña se quede tranquilo: los jubilados se acuerdan y seguirán acordándose de él; las víctimas urbanas de un año atrás cuando se mandó a mudar mientras hervían la policía y los saqueadores, también.
   La inseguridad tanto urbana como en las rutas, el increíble y desmesurado crecimiento del narcotráfico, la injuriosa vigencia de las escuelas en contenedores, los olvidos regionales hacia el norte, el sur, el este y el oeste, la costumbre de sus ausencias, la sobreprotección a sus allegados bajo sospecha y otras actitudes imperdonables.
   Porque todas esas posturas jamás se olvidan, aunque De la Sota acaricie a un perro de tres patas, se muestra con delantal de cocina o nos convide con el más rico tiramisú del mundo.

LA VIOLENCIA URBANA


   Basta con un solo detalle para derrumbar el mentiroso optimismo de las autoridades, que sostienen que los índices de violencia están disminuyendo y es todo lo contrario.
   Con seguridad intentarán descalificar esta apreciación sosteniendo que son datos puntuales, elevados por la circunstancia que fueron obtenidos en las últimas dos semanas del año, cuando abundan las reuniones, las libaciones y los motivos de fricción entre la gente.
   Hasta el tránsito está loco, todo el mundo está apurado, en cualquier semáforo los automovilistas, los motoqueros y los transeúntes se quieren boxear por pavadas.
   Y a los vecinos les molestan el perro, la música, los gritos, los brindis y los “cuetes”  que les invaden la intimidad de su casa y su pretendido silencio.
   Ese es el panorama urbano, donde hemos visto trágicas balaceras, arrebatos, salideras, patoteadas, agresiones con armas blancas y todo tipo de peleas, tanto individuales como grupales.
   El mejor indicativo superior a las mañosas estadísticas que suelen surgir de los “cráneos” de la política, está en el funcionamiento del Hospital Municipal de Urgencias.
   Esos datos son los que se debieran tomar en cuenta a la hora de diseñar programas de prevención que nunca se plantean, o siempre fracasan por basarse en datos imprecisos.
   Es allí, en el Hospital de Urgencias con su saturación, donde mueren las mentiras.

MEGACAUSA Y LIBERTAD

   El diccionario de la Real Academia Española la define como la facultad que tiene el hombre de obrar de una manera u otra, y como el estado  de quien no es esclavo, preso, ni sujeto a la voluntad de otros.
   También, como el albedrío que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres, con todo lo cual me estoy refiriendo a la difícilmente conquistada y  no siempre tan gozada libertad.
   La filosofía  la señala  como inherente al ser humano, como el don más valioso, que permite al hombre alcanzar su máxima grandeza, o también su mayor degradación y no se concibe que se pueda ser verdaderamente humano sin ser libre de verdad.
   El 10 de diciembre de 1948 la Organización de las Naciones Unidas promulgó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que en todos sus artículos consagra el derecho fundamental, sagrado e imprescriptible a la libertad de todos los hombres, y que también está  protegido en nuestra Constitución, pero sin embargo, a 58 años de esta publicación,  la libertad todavía es una difícil conquista.
   La prisión preventiva, definida por antiguos pensadores como acto hostil, daño contra la ley de la naturaleza, atrocidad, barbarie, injusticia, inmoralidad y como un secuestro y asalto de bandoleros, viola el derecho a la presunción de inocencia y atenta gravemente contra este inalienable derecho a la libertad.  
   En la causa del Registro de la Propiedad, que se ventila en los tribunales cordobeses, el uso patológico de la prisión preventiva ha ocasionado daños irreparables en la libertad de quienes fueron sus rehenes. 
   Por eso, el deseo para la Navidad que aún perdura y para el Año Nuevo que se acerca, es que no renunciemos a la búsqueda implacable de Libertad y como dijera Don Quijote “La libertad Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida.”

DESAGRAVIO HEPÁTICO

   Lo ideal en los primeros días de cada enero sería sacarse el hígado, enviarlo vía correo láser al Instituto Garrahan, a la Dakota University o a cualquier otro centro científico especializado, para que lo sometan a un sérvice y evitar así la fatiga de material.
   Aparte del bolsillo y su hambre permanente, se me ocurre que el hígado es la víscera con mayores padecimientos en dos instancias claves del calendario: en el cumpleaños y a partir de mediados de diciembre, dejando de lado las consecuencias menores de salidas nocturnas, comilonas con los compañeros de trabajo y otras maneras de socializar intoxicándonos a través de abundantes y etílicas ingestas.
   Cuidemos al hígado tomándolo como el mejor compañero de nuestras diversiones y andanzas; como el benefactor de todo el organismo, más importante que el propio corazón, porque el hígado es un laburante que se mueve en un ambiente grasiento y con vahos alcohólicos mientras el cuore masculino es una movediza y palpitante masa sensiblera que se encoge a veces frente a una flor, un paisaje, unos ojazos, un escote o un bonito par de piernas.
   El de ellas suele ser la dinámica línea de órdenes hacia el accionar de los lagrimales, a veces con pasmosa liviandad, aunque también cierra sus puertas frente a los imbéciles, acosadores, enemigos del desodorante, financieramente interesados o poco románticos que se le insinúan.
   El hígado, en cambio, es asexuado.
   Si vamos a establecer diferencias existe una fundamental, emparentada con el fervor por el trabajo: el corazón no puede dejar de hacerlo, mientras que el hígado suele tomarse prolongados descansos, trabaja a media máquina cuando así se le impone o se coloca en un apacible “stand by”.
   ¿Quiénes cuidan al corazón más que al hígado?
   Únicamente los obesos, los fumadores empedernidos esos que tienen los dedos de la mano derecha amarillos de nicotina y el bigote marrón, o los que han sido víctimas de un julepe, sobresalto mayor, cama de terapia intensiva, colocación de “stend”, extremaunción o pacientes de cardiólogos.
   Al hígado sólo se lo maltrata, se lo tortura, se lo somete a horas extras en horarios imprudentes, se le exige el milagro del rápido retorno al estado de bienestar y pocas veces se le agradece por los servicios prestados, salvo con una Buscapina o un económico té de boldo o de yerba de sapo.
   Por eso, ha surgido una corriente de pensamiento dirigida a instituir algún tipo de desagravio nacional y popular a favor de la víscera hepática: la Comisión Argentina Contra el Uso Cruel del Hígado (COMACUCHI) cuya primera medida será imponer una semana de reparación para terminar con los ataques que se perpetran contra el hígado.
   Será entre el 24 de diciembre y el 1 de enero, a perpetuidad.
   ¡Dios nos ampare si hay que respetarla!

SALZANO PARTIÓ

  
   Sin dudas ha significado un caso poco frecuente que un periodista, en lugar de máquina de escribir, tuviera una máquina de pintar.
   Si… de pintar, con pinceles en lugar de teclas.
   Tal el ejemplo de Daniel Salzano, esposo de la Dra. Cristina y papá del ahora Dr. León, a quien un par de veces este periodista alzara en brazos en su Madrid adoptivo, allá en el pìso veintitantos frente a una plaza céntrica, donde Daniel solía entretenerse observando desde la ventana a la gente, con un telescopio que era para pispiar la luna.
   Salzano se fue un día de la piecita donde trabajábamos en La Voz, allí donde yo creía escribir y él comenzaba a pintar paisajes cordobeses, con el calendario del recuerdo dándole besitos en la nuca.
   La íntima memoria, que es lógica e íntimamente insobornable, me lleva a la despedida que le hicimos, en un bar de medio pelo que estaba junto al diario, y no me dejarán mentir los asistentes a esa comilona, acerca de los regalos que le hicimos para que se llevara de viaje.
   Pero aquella vez como ahora, tampoco se fue porque nos dejó muy bellas impresiones en el papel carbónico del recuerdo, que es el umbral que se pisa con nostalgias antes de extrañar a alguien.
   Como dicen los sabihondos, solo se adelantó en el camino que todos vamos a transitar, antes o después, donde no caben el jamás ni el nunca.
   Pero es bueno que Daniel sepa que a lo mejor sin demostrarlo, sin ventilarlo o sin llorarlo, lo sentíamos y lo sentimos con nosotros aunque se fuera, desde que dijo -me lo dijo- que en Córdoba ya no se podía vivir en aquellos años duros después del ’76.
   Sin dramatizar ni comparar, no es tanto lo que ha cambiado.
   Pero te seguimos extrañando.

¡BIENVENIDO EL 2015!

   Nunca es bueno, positivo, aconsejable ni elegante negar una realidad que por lo menos, nos sorprende cada día para bien o para mal.
   Y si no detallo una lista de las buenas acciones nacidas del gobierno y en beneficio del pueblo, que no faltaron, no es por ceguera cívica ni por especulación periodística: lo hago porque simplemente el gobierno tiene la obligación de hacer las cosas bien y si las concreta, no hace otra cosa que honrar el mandato que le prestamos, a plazo fijo y renovable, si democráticamente la mayoría así lo decide.
   Los partidos políticos, persisten en una curiosa retirada hacia adentro, como si continuaran con su histórico canibalismo que los impulsa a devorarse entre los que enarbolan las mismas banderas.
   Se buscó acrecentar el poder individual de la dirigencia sindical, para lo cual el piquete, la amenaza y la prepotencia fueron los métodos que nosotros los argentinos debimos soportar, transformados en gratuitos rehenes.
   En el aspecto deportivo, más allá de los logros alcanzados, especialmente en el fútbol -adentro y más que nada afuera -la violencia sigue creciendo, como si las leyes no existieran, o no existiera quien las aplique.
   La cultura masiva de la TV en general, comercialmente digitada, no ha encontrado oposición a su sostenido crecimiento, demostrando así que el modelo chismoso, cholulo, gatero y prostibulario es lo que consume la mayoría.
   Y si analizamos a la TV estatal, positiva cuando se ocupa de aspectos salientes al aportar algo de cultura documental, pero en otros dedicándose con menos convicción por intermedio de ese curioso, antiprofesional aunque muy bien pago “periodismo militante”, a desacreditar al prójimo sin evaluar el costo del rechazo que provoca, y en esto las mediciones son insobornables.
   La dirigencia política no entendió una verdad que a lo largo de la historia pocos respetaron: son medios del estado -que somos usted y yo-  y no del gobierno, aunque  sin embargo y entre nosotros ocurra todo lo contrario.
   Estamos en los umbrales de un nuevo año. 
   Lo  recibimos con la esperanza de días venturosos que marquen el reencuentro, y no que incrementen las distancias en el seno de la sociedad, porque no es justo que las diferencias se transformen en abismos.
   Y cuando miremos hacia atrás, lo hagamos buscando y respetando la historia total, y despreciemos la memoria selectiva, que no deja de ser una mentira.
   Que se genere más trabajo digno y genuino, como para terminar con el clientelismo, la dádiva y la vagancia.
   Los argentinos  vivimos ansiosos por ser felices …
   Lo necesitamos imperiosamente.
   Creo que se hace necesario valorar el sacrificio de todos los argentinos que aún no han sido tocados por la varita mágica de la despreocupación y la recuperación de la dignidad.
   Por los otros; por los que están y los que se fueron; por los que nos sentimos libres y los que están presos; por los que no sufren y por los enfermos, por todos y todas… ¡Salud!