17 de diciembre de 2014

Una voracidad que valoriza a los rehenes

LA PREVISIBLE Y MAFIOSA PREPOTENCIA
DE FETAP Y DE LA DIRIGENCIA GREMIAL,
CONTRA MILES Y MILES DE LABURANTES



Los empresarios del transporte urbano de pasajeros
de Córdoba están demasiado acostumbrados a que
se satisfagan todos sus caprichos. Para eso a veces
“trenzan” con la dirigencia sindical, y así endurecen
su poderío basado canallescamente en la necesidad
de los trabajadores que menos tienen. De esa sucia
componenda nace la demanda al poder concedente
-que es la Municipalidad- y así se van escalonando
esos conflictos cuya solución por la costumbre de la
toma de miles de rehenes, agrega utilidades extras
a los dueños del sistema y sueldos envidiables para
los trabajadores del sector.  Ahora la FETAP busca
pagar el aguinaldo en cuotas y generó reacciones e
instaló -como si hiciera falta- más penumbras en el
oscuro panorama de un servicio que siempre se ha
distinguido por su penoso divorcio con la sociedad.

   Cuando un par de meses atrás evaluábamos la situación en el transporte urbano  de pasajeros de la ciudad de Córdoba, sosteníamos que el aumento acordado no calmaría las ansias ni las apetencias tanto de los empresarios del sector como de los trabajadores nucleados en la UTA.
   No hacía falta ser adivino sino que bastaba con estudiar el comportamiento de ambos sectores en los últimos conflictos que derivaron, como bien lo saben y lo sufren los usuarios, en una suba sustancial para el precio del boleto.
   La sociedad de hecho FETAP-UTA cosechaba un nuevo éxito basado en la canallada de tomar como rehenes a miles de pasajeros, mayoría resignada de trabajadores usuarios del sistema a través de cuya eficiencia se hacen acreedores a premios por puntualidad y presentismo.
   Y cuando tales componentes del servicio fallan, esos obreros tan obreros como los de la UTA, dejan de percibir una importante parte de su mensualidad que en la mayoría de los casos está muy por debajo de lo que cobra un chofer de ómnibus.
   Se produce entonces una enésima reiteración del percudido sainete que a los ojos de la gente aparece como un enfrentamiento entre los dos sectores que presionan a la municipalidad, la que para evitar problemas ante la falta del servicio, instrumenta incrementos de tarifa que a la postre son más negativos, como castigo gratuito a los sectores populares.
   Cuando muchos pensaron que a futuro, con eso que el boleto aumentaría solo una o dos veces al año estarían agotados los argumentos, la galera que tienen los empresarios, siempre llena de conejos, aportó la idea genial: el apriete con la amenaza de pagar el medio aguinaldo en seis cuotas, lo que es abiertamente ilegal como mecanismo pero no descartable como bravata o ultimátum mafioso.
   Y ya saltó el gremio que no lo va a permitir.
   Y ya intervino la Muni tratando de “apretadores” a los de la FETAP.
   Y estos plantearon su lacrimógena postura porque “no han podido previsionar los montos” y es para echarles en cara y gritarles que si el transporte de Córdoba para ellos no es negocio, que se dejen de joder aquí y se manden a mudar adonde puedan hacer mejores diferencias.
   Los empresarios del transporte urbano de Córdoba manejan a su antojo las prestaciones, retiran unidades de circulación estando aptas, regulan las frecuencias ante la falta de controles del poder concedente y ajustan ese sistema perverso de acuerdo con los márgenes de utilidades que persiguen, en una política ya gastada y padecida por los pasajeros-rehenes.
   Y los usuarios comenzaron a masticar la bronca anticipada por el despojo del que serán renovadas víctimas y la manera coercitiva que una vez más se aplicará para que tanto los empresarios como los privilegiados de UTA vean coronada con el éxito su acción antiobrera alentada por su dirigencia gremial.
   Esta situación, al igual que todas las anteriores desde que el poder (para el caso son lo mismo la municipalidad y el gobierno provincial) permitió la toma de rehenes, no tiene salida mientras no se imponga la autoridad y siga tolerando con mano tan blanda este accionar más emparentado con las salvajes prácticas mafiosas que con los reclamos civilizados y coherentes.
   ¿Es necesario repetirlo? Tanto los dueños de los ómnibus como sus choferes, ya están buscando la manera de reiterar esa vieja mascarada de “pedir perdón por las molestias ocasionadas”, mientras miles de laburantes deben resignarse a sacrificar parte de su salario para engordar tamaña prepotencia, angurria e indiferencia.
Gonio Ferrari