7 de enero de 2015

Penoso por lo evitable



PERDÓNALOS SEÑOR. ELLOS 
NI SABEN LO QUE NO HACEN


Aunque para la insensibilidad del gobierno solo se
trató de un “caso aislado”, la realidad chaqueña no
es para lucirla. El que fuera cacique mayor de esa
provincia, ahora “lenguaraz” del modelo nacional
y popular, vendió públicamente realizaciones que
habría realizado el gobierno, lo que colocaría a la
medicina de aquel Estado en un nivel que sería la
envidia de Suecia, Holanda y los Estados Unidos.


  ¿Por qué será que los niños muertos, todos, tienen caritas de ángel?
  ¿Por qué los mayores, cuando mueren, solo tienen caras de muertos?
  ¿Por qué es posible que alguien permita que en pleno siglo XXI un niño muera por desnutrición y tuberculosis, no en medio de una selva sino en una provincia que su propio gobernador en su momento calificó de ejemplar por la atención a la salud?
   Las explicaciones que podemos ensayar exceden con amplitud los límites de las lágrimas, de la pena, de la impotencia, del dolor y de la fatalidad porque no fue el resultado de un accidente, sino la consecuencia de algo evitable.
   Esa especie de etnocidio que se viene perpetrando silenciosamente contra algunos pueblos originarios donde se imponen el fatalismo y la resignación, es el síntoma inequívoco de una incontrolable fractura del sentido humanitario; es un estrepitoso fracaso del respeto y de la solidaridad; es una puñalada en la espalda del sentir popular.
   Son la inoperancia y la impunidad que se mofan de la sociedad.
   Viene de tiempo el reclamo qom por la dignificación de sus condiciones de eso que ellos también le llamaban vida, lo que desde la indiferencia era calificada como una cuestión de supervivencia cuando en realidad los qom se limitaban a sobremorir.
   Ha muerto injustamente un niño que todavía tenía el derecho a comer, a estudiar, a crecer, a ser feliz dentro de un limitado mundo de sus propias privaciones, pero es una canallada que haya muerto porque no hubo una generosa mano tendida que lo salvara de la desidia, que es la forma intelectual e ideológica del abandono.
   La descarada y reduccionista explicación era previsible: “se trató de un caso aislado”, en la cínica boca del ahora “lenguaraz” del modelo nacional ... y popular, precisamente sindicado como el máximo responsable de la negligencia en su paso por la gobernación chaqueña.
   El niño se llamaba Néstor Femenías, nacido en Villa Río Bermejo, Chaco.
   Puede que lo hayan bautizado con ese nombre como homenaje.
   ¡Cuántas ganas tenemos a veces de hacer justicia propia!
   Viviendo en Puerto Madero, este Néstor todavía andaría jugando.
   Sucede que en la historia, nunca falta un verdugo con capucha de inocente.
Gonio Ferrari