5 de febrero de 2015

de la Sota y su equipo


NÂO DIZ A MIM O
QUE QUER FAZER
 Es para que nos vayamos entendiendo, porque la
gente que motoriza la campaña presidencial del
artífice del cordobesismo, declama lo que piensa
hacer pero no menciona todo lo que no se hizo.

   Es una incoherencia, por ejemplo, colocar el acento en la proyectada lucha contra la inseguridad nacional y a lo largo de 12 años de gestión en la provincia tener para mostrar como resultado una multiplicación de los hechos delictivos, el brutal aumento de la violencia para perpetrarlos, el crecimiento exponencial e imparable del narcotráfico y el descontrol existente dentro de la institución policial, cuyo más reciente ejemplo fue la rebelión que naciera en sus filas un año atrás dejando su secuela de saqueos, daño, terror, espanto y desconfianza en la comunidad.
   Ni qué hablar de los delitos que vienen cometiendo miembros de la fuerza o aquellos que se consuman enfrente mismo de la Jefatura, en las cuadras donde están instaladas las comisarías o en pleno casco chico de la ciudad; en concurridos centros de compras y a la luz del día aprovechando la insuperable ausencia de la policía como elemento preventivo y disuasivo.
   Uno de los detalles más significativos de la inseguridad reinante, que desde el poder se pretende minimizarla a nivel de sensación, es que los herreros no dan abasto en su sostenida tarea de fabricación y colocación de rejas tanto en domicilios como en comercios, al igual que el auge de los variados y costosos sistemas de alarmas y monitoreos a distancia que de poco sirven porque las alertas por lo general llegan, pero la policía no responde o concurre cuando los ladrones ya se esfumaron.
   En síntesis, la falta de una política integral de seguridad en Córdoba, situación que lleva más de una década, ha logrado una penosa subversión en el seno de la sociedad: los decentes están entre rejas y los delincuentes gozan las mieles de la libertad y la impunidad.
   Las deudas pendientes son cuantiosas en materia de hechos delictivos sin sanción y no son pocos los casos emblemáticos como por ejemplo el asesinato de Nora Dalmasso en Rio Cuarto y varios homicidios y “desapariciones” en la capital y en otros puntos de la provincia, dejando para la estadística una enorme cantidad de hechos contra la propiedad que jamás fueron resueltos.
   Córdoba pese a la negativa oficial en este sentido, es una provincia insegura, acosada por el narcotráfico creciente y sostenido y pareciera que no alcanzan todos los esfuerzos que se dice está realizando el poder, cuando vemos que solo es “marketing” que esconde el propósito de quitarle entidad a la grave situación que la policía no sabe, no puede o no quiere revertir.
   A través de curiosas comparaciones se busca convencer a los cordobeses que estamos mejor que en Río de Janeiro, Caracas, Los Angeles, Bogotá, El Cairo o alguna otra ciudad del mundo, esquivando el compromiso de solucionar las cosas aquí, que es donde vivimos.
   Si uno de los ejes de la campaña electoral que persigue la quimera presidencialista del inventor del cordobesismo, es “acerar” la actitud aportando dureza y compromiso para superar la inseguridad a nivel nacional, lo mejor que puede hacer es olvidarse de poner como ejemplo la situación de Córdoba.
   Entendemos, por el ejercicio de la memoria, que el equipo “importado” que tiene a su cargo la estructuración de la campaña proselitista posee quilates para exhibir en cuanto a sus exitosos antecedentes, aunque también comprendemos el porqué haber elegido a profesionales foráneos: es difícil que algún especialista cordobés y conocedor del paño y de la realidad mediterránea, pueda asumir el compromiso de complicarse el futuro y la vida con una gigantesca mentira.
Gonio Ferrari