27 de febrero de 2015

Final para Coki Kapitanich ------------

EL MÁS BARATO DE LOS FUSIBLES

Ha quedado demostrado una vez más que es más fácil
inventar mentiras que fabricar realidades. Nada menos
que el lenguaraz nacional fue el encargado de colocar
tal aserto en la opinión pública, que desde hace tiempo
eliminó el vidrio de su dieta.¡Pero quiere ser intendente!

   Sus mañaneros orgasmos verbales terminaron por transformarse para muchos argentinos en la insufrible pesadilla de digerir mentiras amasadas en las más altas cocinas del poder, allí donde se decide quien es bueno, quien es malo, quien es militante o quienes son los cipayos traidores a la Patria, personeros de Magnetto y al servicio de los medios concentrados.
   Ese fue el permanente y percudido argumento descalificador hacia todo aquel que osara y ose pensar distinto, como si los excluyentes dueños de la verdad fueran los impolutos monjes de la cofradía “K” que cuidan nuestra virtud, nuestras vidas y nuestros bienes.
   Se acabó un ciclo de diarios fascículos que pretendían, a través del relato interesado y de dudosa credibilidad, meternos en la cabeza de los argentinos que todo lo negativo que se ve es solo la fantasía destituyente de los enemigos del modelo, que hace tiempo perdieron su categoría de adversarios cuando los abofeteó aquella lejana realidad de un ahora devaluado 54 por ciento.
   Capitanich transformó la comunicación en ofensa; el mensaje en oprobio; la noticia en insolencia y la duda en insulto, con la gratuidad que otorga la soberbia, amparada en una impunidad asombrosa que desconoció sus lacerantes fallas como gobernante y sus falencias en el campo social de su descuidada provincia, el más sensible de los escenarios.
   Lo mandaron a la trinchera y salió a pelear con un libreto único, muchas veces sin aceptar preguntas y cometiendo el grueso e infantil error de llamar a esos encuentros “conferencias de prensa” cuando eran monólogos por lo general dirigidos a los medios adeptos e ignorando la presencia, las repreguntas y las inquietudes del resto.
   El ex mandatario chaqueño ahora, parcialmente desocupado (el político jamás adquiere ese “status”) ha declarado que le gustaría ser intendente de la ciudad de Resistencia.
   En un primer momento se me cruzó por la cabeza censurar tan inquietud, pero sería bueno que lo intentara, al menos para pagar desde ese cargo la enorme deuda que tiene con la sociedad chaqueña y con las estadísticas en materia de desnutrición infantil, “dibujadas” hasta la muerte de un niño.
   Capitanich, el más barato de los fusibles del gabinete nacional, tendrá como intendente la oportunidad de saldar las muertes por hambre que negara desde su alto cargo, y que fuera noticia mundial colocándonos en la escandalosa posición de insensibles frente al famélico dolor de los más desposeídos.
   Los qom, los wichis y otros aborígenes lo esperan con el voto en la mano.
   De lo contrario, tiene como alternativa volver a la valija de sus culpas, para esconderse en esa penumbra prisionera como lo hacía “Chirolita” cuando terminaba la función y Mr. Chasman lo condenaba al silencio.
   Porque su función ya se terminó y su Mr. Chasman se está despidiendo ...
Gonio Ferrari