3 de febrero de 2015

Hizo llorar a dos generaciones



ANDREITA, INSTRUCTORA EN ARTE DRAMATICO
AL MAS ALTO NIVEL, EN SU FACETA DE ADIVINA


Asombrosa evaluación de una adorable mocosita
que aprendió antes a lagrimear sin motivos que a
caminar. Ni a Piñón Fijo, Gaby, Fofó y Miliki juntos
se les hubiera ocurrido pensar en ese “candidato”.

   Nunca se sabe cuándo son una verdad o fruto de una invención, los dichos de algún famoso porque siempre hay alguien que se beneficia o se perjudica con ellos y al final quien queda desubicada -sea real o macaneo- es la persona a quien se asigna una frase que pretende ser parte de la celebridad.
   Porque si es cierto que la ex joven primera actriz Andrea del Boca dijo entre otras cosas y como elogio a la militancia joven que “Máximo Kirchner es el candidato mejor preparado para dirigir los destinos del país”, alguien debiera decirle a la ex nena que desayunar con Fernet provoca esos efectos, lo mismo que una mala noche de sexo ausente o de excesos libidinosos o de abstinencia de pastillas para ayudar a dormir o de pensar en el descubierto bancario o en los dineros atesorados en los paraísos fiscales.
   El muchacho aludido por lo que se conoce de su escueto curriculum, todavía tiene los plásticos de fábrica en los hombros y aquellos que no lo aprecian ni le reconocen antecedentes laborales lo llaman poco cariñosamente “El Esquimal” porque no ha transpirado nunca.
   Así resulta más complicado pensar en su postulación política, que en otro terreno bien pudiera mirar en dirección a la presidencia de algún centro vecinal, club de barrio, banda rockera o grupo juvenil con ciertas aspiraciones, siempre y cuando sus obligaciones no lo sometan al riesgo de exponer la debilidad cartilaginosa de su rodilla, no recuerdo si izquierda o la otra.
   Pese a los asombrosos progresos de la tecnología cercanos al milagro, es imposible por ahora gobernar desde la cómoda y obesa comodidad de una “play station” o mediante comunicados redactados por tantos de sus conmilitones donde se destaca ese ínclito personaje de su amistad cuya función es enseñarnos a pensar.
   Pero mejor y a la hora de integrar un hipotético equipo de trabajo y conducción -me quiero permitir un consejo a Máximo- ni pensar en “Coqui” a la hora de comunicar sucesos porque de sapo en sapo devorados demostró que a lo bueno lo transforma en malo y a lo malo en peor. Mejor que vuelva a convivir con sus amigos los tobas, wichís, mocovíes y qom que lo adoran.
   Volviendo a la blonda Andreita jamás olvidemos por ingratitud que hizo llorar a un par de generaciones, hasta que ya crecidita y bien vinculada advirtió que la docencia teatral era su futuro para lo cual se hizo preparar el consabido facturero y así fue que enseñó a gesticular, a manifestarse con las manos y los mohines, a llorar y a inspirar lástima que para algunos es el umbral de la ternura y para otros, el ingreso a la hipocresía.
   Y allí anda ella, feliz y bien pagada, codeándose con lo más encumbrado del poder, mientras piensa que todos somos imbéciles que todavía creemos en sus lágrimas de antes, en sus mohines de antes, en su ternura de antes y en su inocencia ya perdida, aunque haya formalizado una transferencia imposible de tomar con seriedad.
   Porque no es necesario que nadie, ni siquiera Andreíta, nos enseñe a sufrir.
Gonio Ferrari