12 de febrero de 2015

“LA POLÍTICA ES UNA VOCACIÓN QUE CUANDO SE PRACTICA CON DIGNIDAD TERMINA EN LA CRUZ”


Palabras de Winston Churchill:“La juventud ordinariamente
está por libertad y reformas; la madurez, por la transacción
razonable; la senectud, por la estabilidad y el reposo. Esta
progresión normal es de izquierda a derecha y es frecuente
de extrema izquierda a extrema derecha”. ¡Sabio el viejito!

El título de este comentario pertenece a Juan Pablo II y la “bajada” al noble ex premier británico que de política el hombre del eterno “puro” algo conocía. He preferido en esta materia no formular definiciones propias porque sería una irrespetuosidad intelectual ponerme a la par -aunque muy por debajo- del pensamiento de estos grandes de la historia.
Sin embargo a la hora de escuchar tantas incoherencias y bobadas con relación a la política, se me despierta ese recóndito indio que todos llevamos adentro, al entender y sostener que política hay en todos los ámbitos ciudadanos.
Porque aunque neciamente se lo niegue hay política en la religión, en las empresas, en el deporte, en el arte, en el cine, en las etnias, en la literatura, en las cárceles, en el contrabando, en el narcotráfico, en la prostitución, en la ludopatía, en el humor, en todas las manifestaciones ya sean o no populares o ya sean legales o no.
Que nadie se asombre entonces si hay política (que no es lo mismo que partidismo) en una marcha pacíficamente concebida, en homenaje a la memoria de un malogrado Fiscal de la República cuya dudosa muerte ni siquiera motivó luto ni condolencias desde lo más encumbrado del poder nacional.
Y a esa deuda la quiere pagar uniéndose, un importante porcentaje de la sociedad argentina.
En buena hora que exista también allí la política porque es uno de los brazos más maravillosos de la democracia, especialmente cuando las instituciones corren peligro de daño o fragmentación como resultado de la intromisión del angurriento partidismo pretendiendo desplazar a la honorabilidad de la política.
Anuncian que será en silencio, sin pancartas ni consignas sectoriales.
La Sra. Presidenta, en un acto de generosidad más efectista que política, regaló a los mentores del 18F el silencio, quedándose con la alegría de sus proclamados logros y sin caer al pecado de sincericidio a la hora de la siempre ausente autocrítica.
Sin embargo, es dudosa la calidad de ese regalo, porque al silencio, la Sra. Presidenta y los máximos exponentes del Modelo Nacional & Popular S.A. ya lo habían usado prolijamente desde que su mandamás en seguridad le avisó en primicia que al día siguiente, no estaría en el Congreso quien aportaría pruebas a una delicada y comprometida denuncia.
Resumiendo, no es decoroso ni elegante aceptar silencios de segunda mano, regalados después de un uso tan intensivo como patético e incomprensible.
La Sra. es dueña de pregonar que “nosotros nos quedamos con el canto, con la alegría y a ellos les dejamos el silencio; siempre les gustó el silencio, porque no tienen nada que decir o porque no pueden decir lo que piensan”.
Después de tan sesuda definición, a la hora de rendir cuentas con la conciencia, cada quien sabe qué uso -digno y respetuoso o innoble y repugnante- le dio a sus propios silencios.

Gonio Ferrari