11 de marzo de 2015

Dos mojones históricos -----------

DEL DELIRIO ESTRATOSFÉRICO DE
CARLOS I DE ANILLACO,  HASTA EL
TREN EN HOMENAJE A LA TORTUGA
   Es muy cierto que del camino más puede hablar la tortuga que el conejo, pero también es cuestión de adaptar esa sentencia a los tiempos y los escenarios, para tomar cabal conciencia de una realidad que ha cumplido nada menos que 145 años si nos remontamos a 1870 cuando el trayecto -con una escala de trasbordo incluída- entre Córdoba y Buenos Aires se cumplía en dos días.
   Veinte años más tarde el tren directo hacía el mismo viaje, para sorpresa general, ¡en 19 horas! mientras que allá por 1914 demandaba 13 horas, lo que significaba una locura, un récord difícil de superar y los pasajeros especialmente ellas- rezaban rosarios antes de partir augurándose buena suerte y protección divina frente a tamaño vértigo.
   Un año antes de nacer este periodista, en el ’38 del siglo pasado, el Ferrocarril Central Argentino achicó los tiempos de tal manera que desde la cordobesa Estación Mitre hasta Retiro, en el corazón de la capital federal, el viaje insumía solo 9 horas, y eso que hacía dos paradas.   
   Hasta que en 1993 el peronistísimo Carlos Saul I de Anillaco, al amparo del progresismo que representaba el trenicida Mingo Cavallo, hizo un desparramo de ramales y de personal dejando a miles y miles en la calle y entre los servicios cancelados, estuvo el casi emblemático “Rayo de Sol” que salía todas las noches desde Buenos Aires y desde Córdoba, se cruzaban cerca de Rosario y cada uno llegaba a su destino al amanecer.
   Los tiempos pasaron, las rutas que reemplazaron al convoy se llenaron de muertos, cientos de pueblos que vivían del tren murieron de indigencia y olvido aunque este doloroso fenómeno se dio en el interior, porque como bien sabemos, los trenes se hicieron fuertes en Buenos Aires subvencionados por nosotros, los giles de puerto adentro, que sosteníamos un sistema que daba pérdidas diarias de un millón de dólares, un poquito menos que lo que pierde Aerolíneas Argentinas por estos tiempos aunque haya “dibujos estadísticos” en contrario.
   El radicalismo como gobierno poco hizo por restaurar la vigencia del tren, aunque  se contaron por miles los argentinos que quedaron en la vía castigados por la inflación.
   Fue otro peronismo -el de los “K”- que materializó la redención y allá cerca en el 2004 y con marcada precariedad refuncionalizó el servicio ferroviario entre Córdoba y Buenos Aires y en otros ramales de la extensa geografía nacional … y popular.
   Y ahora como uno de los resultados del concubinato comercial con los chinos, se optó por comprarles a ellos cientos de vagones, locomotoras y otro material rodante en desmedro de nuestra alicaída industria nacional -y no tan popular- que se vio privada de aportar ansiosa mano de obra y valores agregados.
   Por otro lado, siempre que hay nacimientos también se registran abortos como el meneado tren bala, que descarriló en la vía no muerta de la corrupción y pasó a ser un nonato más que solo sirvió para un enorme gasto en consultorías de los amigos del poder.
   Y en este año electoral, salpicado de dudas e incertidumbres por culpa de quienes pretenden erigirse en próceres y ni siquiera han superado la etapa de las figuritas o la portada del Billiken, algo había que inventar aunque fuera en nombre del bicentenario de la ¿independencia? (que es el año próximo) y nada mejor que mostrar argumentos nuevos que pusieran un piadoso manto de distracción a la pobreza creciente, la inflación, la postergación de los jubilados, las tenebrosas sombras del caso Nisman, la irresuelta como comprometida situación de Aimèe Boudou, la sorda y feroz lucha por las candidaturas y algunos otros detalles negativos.
   Y sea como sea o fuere, el tren que uniera a la portentosa Buenos Aires con la protestona Córdoba -a la que dejaron sin gasoductos- sería un impecable elemento de marketing y por lo visto, tuvieron presente al tren, uno de los tantos que enviaron los chinos, pero se olvidaron de las vías por donde seguramente alguna vez rodaron los hierros de la histórica Porteña.
   Y allí se puso al frente del show el “caballo de la comisaria” para la elección presidencial.
   Randazzo hizo la suya y vale reconocer que dejando ciertas interpretaciones anecdóticas y jocosas de lado, es un importante paso para el restablecimiento de la vigencia ferroviaria y un posible retorno a su ajado pero inolvidable esplendor.
   El viaje inaugural, más promocionado que la botadura del Titanic, insumió nada más que 20 horas para recorrer alrededor de 600 y pico de kilómetros.
   Un ciclista de gambas acostumbradas al esfuerzo hubiera sido más veloz y ni pensar en la performance de una moto aunque fuera “Puma”.
   Delfo Cabrera, nuestro maratonista triunfador en los Juegos Olímpicos de Londres el 7 de agosto de 1948, empleó para los 42 kilómetros de la competencia casi dos horas y media y haciendo cálculos someros, si le daban 10 horas de ventaja más o menos, llegaba antes que el modernísimo, confortable y accesible tren que anteayer engalanó los vetustos andenes de la estación cordobesa.
   Pero si de hazañas peronistas con relación a los ferrocarriles hablamos, nada comparable a aquel sensacional anuncio de Carlos Saul I de Anillaco, que hiciera en Salta allá por 1997, al proclamar que en breve, desde una estación que se instalaría en Córdoba, un vehículo espacial  de pasajeros (especie de aerotrén) superaría la estratósfera y aterrizaría en Japón una hora y media después.
   No perdamos las esperanzas porque de la forma que están poblando FADEA es para pensar que con esa cantidad de mano de obra especializada, los viajes Córdoba-Tokyo tendrán mejores frecuencias que la Tamse.
Gonio Ferrari